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Poesías (VIII)


Hoy me encontré con esta poesía tan bella que compuse más o menos en Navidades del 2000 o a principios de 2001. Se llama PAZ EN LA TIERRA e iba dedicada a una persona que me tenía atrapado por aquél entonces hasta límites insospechados. Ahora diez años después, veo un sentido algo diferente a este poema, que se queda en el espacio del infortunio y de la guerra.

PAZ EN LA TIERRA (PEACE ON EARTH)

Una tenue melodía

enternece los días

como la lluvia fría

esta angosta sequía.

En el cielo, las estrellas;

y en los corazones, flechas.

El sol comprime las almas.

Las nubes las ensalzan.

La luz daña al sentido,

y a la vida y a la alegría

y a la esperanza y al río

por donde discurrimos,

el cual pierde su vía,

y llega la muerte que espera

a que las almas se repriman.

Cuando culmina la tristeza

su cima, sólo llorar. La cima.

Entonces surgen de las tinieblas

y del infierno la ilusión,

el valor, la lluvia y la nación.

Y entre la invernal y espesa niebla

aparece alguien y dice

con frustado rostro

que “tiene que haber

paz en la tierra”.

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¿EBA o no EBA?


Realmente este comentario que realizaré versa sobre las oportunidades y sobre los riesgos en la vida, es decir, sobre lo que uno está dispuesto a poner en entredicho cuando lo que cuenta es la ilusión y el progreso individual.

Hace una semana me propusieron dirigir un equipo EBA a 82 kilómetros de mi domicilio. La EBA, para los menos entendidos, es la cuarta categoría del baloncesto español y es la primera en la que se empieza a viajar a Canarias y a Castilla La Mancha (lo digo porque hasta 1ª Nacional, que es donde yo he estado, sólo compites en tu región).

Yo estimaba profundamente al club en el que estaba hasta ese momento, La Paz de Parla, y se me entrecruzaron los pensamientos:

– El equipo EBA es una súper-oportunidad de las que pasan sólo una vez en la vida.

– En La Paz estás muy a gusto y debes mejorar para poder superar escalones poco a poco. Todo llegará.

Hay múltiples visiones sobre el concepto “oportunidad”: desde la que la define como momento único o desde la que la describe como posibilidad que se vuelve a repetir.

La ilusión me llevó a decantarme durante unas horas por la opción EBA, pero tras ese período me dije:  ‘Los que me han ofrecido el equipo EBA son unas personas a las que debo guardar un gran aprecio de por vida. Sin embargo, en estos momentos se debe progresar desde lo que uno tiene y confiar en los que te han llevado hasta este punto de tu vida’.

Por ello, me voy a quedar en Parla y vamos a hacer un equipo lo más competitivo posible para aspirar a lo máximo (si se puede ascender, se ascenderá). He aprendido que un equipo normalito (como Getafe esta campaña recién terminada) puede superar los escollos más complicados si trabaja con dedicación cada día y si hay ganas de morder en sus jugadores.

Si he tenido una oportunidad de llegar a ser entrenador EBA durante unas horas con mi nivel ‘x’, voy a ganarme esta temporada próxima un nivel de ‘x+y’ para poder ser mejor y hacer mejor a los de mi entorno. Si me lo merezco, el destino me brindará una nueva oportunidad. Si no me lo merezco, jamás llegará y se podrá decir que ese ofrecimiento en 2011 no fue nada más que una coincidencia astrológica (estar en el sitio oportuno en el momento adecuado). Sea como fuere, voy  a trabajar duro para que el futuro depare a mi entorno las mejores cosechas.

¿Qué seguridad tengo de que lo que he dicho es correcto? Respondo esto con otra pregunta: ¿quién sabe algo con certeza? Y remato con esta entrada del 8 de junio:  “cuanto más trabajo, más suerte tengo”.
(https://carlosvelasco.wordpress.com/2011/06/08/cuanto-mas-trabajo-mas-suerte-tengo/)

Cuanto más trabajo, más suerte tengo


Leí hace poco que un entrenador que ha subido a la ACB con el Xacobeo, Moncho Fernández, dijo que cuanto más trabaja, más suerte tiene.

Es verdad que es aplicable a la mayor parte de los casos esta frase. Sin embargo, se trata de una regla con excepciones. ¿Quién no cree en la fatalidad? Es lógico que si uno no se prepara, las posibilidades de llegar a la meta son menores, pero cuando uno está muy cerca de un objetivo, la suerte interviene de modo inexcusable.

Por ello, yo soy un defensor de que los pesimistas son aquellos que tienen información y no creen en la suerte (o al menos no les ha sonreído como debía). La conjunción entre sueño y realidad es casi imposible, pero la unión entre esfuerzo y autorrealización es mucho más factible. Si tú das el máximo, no te podrás lamentar de que al menos no lo intentaste.

En definitiva, creer o no en la suerte nos hará ser más autocomplacientes o más trabajadores. Las segundas oportunidades suelen existir.

Parece una película, pero no lo es


Estaba yo de pie, muy cerca de la salida de Metro de Callao y próximo al Palacio de la Música (en obras), y me di cuenta de que el tiempo pasaba volando. Un semáforo se puso en rojo y 100 personas cruzaron a las 17 horas por ahí. En la calle había ritmo y sonidos que variaban desde lo cacofónico a lo armónico. Una mujer hablaba en una cabina telefónica. ¿No tendrá móvil ella?, me pregunté. Seguramente sí, pero sus tarifas serán caras.

Esta escena resumida en unas líneas parece extraída de una película española, pero no ha sido así. Nuestra vida se podría desplegar sobre una pantalla de cine y allí nos daríamos cuenta de que nuestra realidad no es más que una película irreal y que una película cualquiera se asemeja mejor a lo que concebimos como real.

La Gran Vía era un flujo de personas desplazándose de un lado a otro. Acompañadas o solas (como yo estaba, esperando a un amigo con el que había quedado de forma incorrecta y los dos nos esperábamos cada uno en un lado de la plaza de Callao), da igual, lo importante es que se percibía el fluir continuo de vidas con un sentido, con un interés concreto. Cuando falla ese interés, seguramente se postren en un banco nuevo que han posicionado los técnicos municipales en esa plaza de Callao, en el cual podría pasar horas y horas pensando sobre si merece la pena la vida que están viviendo.

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