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Hayedo de Tejera Negra (8)


Vamos a cerrar en breve este episodio que dejé abierto hace un mes. El Hayedo de Tejera Negra en otoño estaba muy bonito. Ahora con las lluvias  de la estación me imagino que el color será más vivo allí.

Paseando por un bosque de brujas

Desde un mirador. Colores y diferentes árboles al fondo.

Montaña y sombría vespertina.

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Hayedo de Tejera Negra (7)


Hoy nos centraremos en los colores de las hojas de las hayas. Además, veremos un pino silvestre en medio de la nada (ya que el ser humano destrozó este trozo del bosque).

Paseante acercándose a las hayas.

La luz se queda fijada en las ramas de las hayas.

Un pino silvestre en medio de la nada.

Hayedo de Tejera Negra (6)


Debido a que mi cámara no es una maravilla, muchísimas buenas fotografías en cuanto a su encuadre se quedaron borrosas y desenfocadas. Aun así, he podido rescatar bastantes. “Es el macizo de Ayllón un dédalo de montañas ásperas y pizarrosas que se extiende a naciente de Somosierra, en cuyas crestas descarnadas y barrancas agrias se confunden las fronteras –¡y a quién le importan en estas soledades!– de Madrid, Segovia y Guadalajara; a esta última provincia corresponde, según los burócratas, el Parque Natural del Hayedo de Tejera Negra, que en sus 1.641 hectáreas alberga la población de ‘Fagus sylvatica’ más extensa y preciosa de la España central. Comparado con este gigante, el tan cacareado hayedo de Montejo (250 hectáreas), por el que miles de madrileños beben los vientos y aun se avienen a solicitar permiso con semanas de antelación para pasear durante una mísera hora por el interior de su recinto vallado, es un bonsai digno de lástima”, se puede leer en http://www.excursionesysenderismo.com/rutas/r_guadalajara/ruta_015_gu.htm

 

Imponente y centrada haya.

Estampa perfectamente otoñal

Altura (unos 20 metros) y diferentes tonalidades de las hayas en el hayedo.

Hayedo de Tejera Negra (5)


Según la wikipedia, así son las hayas: “El haya común (Fagus sylvatica) es un árbol caducifolio de la familia de las fagáceas de porte robusto y gran talla, que alcanza los 35 ó 40 m, con un tronco recto que lo hace muy valioso, y una copa ovalada en su tercio superior. Si el árbol crece aislado (no en espesura) cambia radicalmente, se abre muy pronto, siendo algo irregular, ramificándose desde abajo y variando mucho la copa. Tienen los nervios laterales bien marcados y paralelos (penninervia), son de un color verde muy vivo por el haz volviéndose más oscuras en la madurez, y se disponen siempre en posición muy horizontal, captando la mayor cantidad de luz posible. Ello hace que sus bosques tengan un aspecto un tanto sombrío, casi propio de cuento de hadas, no permitiendo crecer en el suelo a apenas ninguna otra planta. Frecuentemente, sin embargo, crece en bosques mixtos con el abeto y otras especies del bosque caducifolio. A los bosques de hayas se les llama hayedos o hayales”.

Así es el otoño al final de la tarde en el hayedo.

Las hayas muy cercanas y no permitiendo plantas a su alrededor.

El Río Zarzas está seco, pero las hayas se acurrucan a él porque hay humedad

Hayedo de Tejera Negra (4)


Nos metemos dentro del bosque. Según la web de la diputación de Guadalajara (http://www.turismoenguadalajara.org/turismo-en-guadalajara/index.php?pagina=hayedo-de-tejera-negra) “las Hayas de Tejera Negra se establecieron en épocas remotas, cuando el clima era más frío y húmedo que en la actualidad. Hoy en día, estos árboles encuentran refugio en valles umbríos con nieblas, vientos, lluvia y escasamente expuestos al sol. El microclima que ha permitido la conservación de los hayedos que le dan nombre. El color del macizo, predominantemente gris marcado por los lanchares de pizarra, contrasta con la mezcla de rojos, amarillos, verdes o marrones que se funden en el paisaje haciendo de este espacio natural un espectáculo a cielo abierto inigualable, de tal magnitud y encantamiento que le convierte en una cita ineludible para el explorador inquieto, el viajero indagador o el senderista bohemio”.

Las hayas se encuentran en la zona de solana y en este caso los rebollos están en la de umbría

El Río Zarzas (creo) desciende y las hayas se sitúan en su ribera.

Paseo rodeados por rebollos.

Hayedo de Tejera Negra (3)


A punto de adentrarnos en el magnífico bosque del Hayedo de Tejera Negra. Esto es lo que pone en el enlace http://www.excursionesysenderismo.com/rutas/r_guadalajara/ruta_015_gu.htm: “El anonimato en el que felizmente vegeta el hayedo de Tejera Negra obedece a una razón nada misteriosa: y es que para acceder a él desde Madrid se impone dar un rodeo de bemoles por Somosierra, Riaza y Ayllón, para luego seguir por carreterillas de tercer orden hasta Cantalojas, villorrio del que parte una pista forestal con baches a porrillo, la cual culebrea durante ocho kilómetros trepidantes –nos retiemblan las carnes sólo de recordarlo– hasta llegar al corazón del parque”.

De bosque de ribera a picos de 1.900 metros en el fondo.

Manso riachuelo: el 'Lillas'

La acción del hombre hace sucumbir a la naturaleza.

Hayedo de Tejera Negra (2)


Os aporto más información del enlace http://www.castillalamancha.es/medioambiente/sp/Contenidos/espaciosnaturales/Default.asp?Opcion=DetalleProtegidos&Ant=Protegidos&Anterior=EspaciosProtegidos&Registro=5

“El Parque está configurado por los ríos Lillas y Zarzas, que nacen en el valle glaciar de la Buitrera y por un representativo y excepcional bosque de hayas, uno de los más meridionales de Europa. El microclima del Parque, junto con su aislamiento, ha permitido la conservación de estas singulares masas vegetales. La característica más trascendente, además de la elevada precipitación (1.000 mm al año) es la ausencia de sequía estival. Durante el verano son muy frecuentes las tormentas y los días de niebla que aportan la humedad necesaria en el ambiente. Los veranos veranos son suaves y frescos y los inviernos muy duros, con nieve durante dos o tres meses. Las temperaturas varían entre 14º bajo cero y 23º. Se trata de unas condiciones más próximas al clima atlántico centroeuropeo que al mediterráneo, de ahí la persistencia de las hayas en estas latitudes”.

Aquí veremos cómo no se permiten intrusiones indebidas por parte de los árboles y cómo el agua está y desaparece.

Todo seco y mucho color pardo.

Como estas especies no eran autóctonas, se talaron.

El Río Lillas totalmente seco y punto donde sí hay agua.

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