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Cuanto más trabajo, más suerte tengo


Leí hace poco que un entrenador que ha subido a la ACB con el Xacobeo, Moncho Fernández, dijo que cuanto más trabaja, más suerte tiene.

Es verdad que es aplicable a la mayor parte de los casos esta frase. Sin embargo, se trata de una regla con excepciones. ¿Quién no cree en la fatalidad? Es lógico que si uno no se prepara, las posibilidades de llegar a la meta son menores, pero cuando uno está muy cerca de un objetivo, la suerte interviene de modo inexcusable.

Por ello, yo soy un defensor de que los pesimistas son aquellos que tienen información y no creen en la suerte (o al menos no les ha sonreído como debía). La conjunción entre sueño y realidad es casi imposible, pero la unión entre esfuerzo y autorrealización es mucho más factible. Si tú das el máximo, no te podrás lamentar de que al menos no lo intentaste.

En definitiva, creer o no en la suerte nos hará ser más autocomplacientes o más trabajadores. Las segundas oportunidades suelen existir.

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El sueño


Tener sueño es más que habitual en cualquiera de nosotros. Lo peor es tener sueño y tener que realizar operaciones estresantes. Una de ellas es conducir y si estás en la Comunidad de Madrid, aún produce un mayor nerviosismo.

Iba yo por la carretera M-301 un día por la mañana a eso de las 7:30 horas. Había pasado San Martín de la Vega y me disponía a afrontar los últimos 10 kilómetros de una comarcal antes de alcanzar el acceso a la M-50. Lo que me sorprendió de esa travesía no fueron las curvas (a izquierda y a derecha) constantes que debía tomar porque quise evitar el atasco insufrible de Pinto en la A-4. Lo que más me impactó fue ver una furgoneta que se había salido del carril y había quedado estacionada en la cuneta con una posibilidad real de volcar. Uno piensa que el conductor debió de ser un cafre para no tener más cuidado, pero cuando una persona tiene prisa, lo normal es que los errores puedan aparecer. Y eso es lo que supuestamente sucedió.

Yo continué por mi carril y por fin llegué a la “civilización”, esto es, a la M-50, punto en el que uno se siente como en casa porque ve que a las 7:45 no puede haber más coches acompañándote por la mañana cuando todavía no ha despertado el sol. Lo malo para mí fue que tenía mucho sueño y no podía evitar unos pestañeos de más de un segundo. Al fin, aparqué el coche cerca de mi trabajo. ¡Qué bueno es dormir en el transporte público!

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