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La niebla, la lucha y la poesía mezcladas con una fotografía


Esta fotografía la tomé en el Puerto de Pedro Bernardo en Ávila un 16 de diciembre de 2011. No es la mejor imagen de la historia a la hora de hablar de la niebla, pero si unimos este manto salpicado de pinos tristes con una poesía ya publicada en mi blog (https://carlosvelasco.wordpress.com/2011/11/26/poesias-viii/), creo que la mezcla puede salir bien.

Niebla en la Sierra.


(PAZ EN LA TIERRA (PEACE ON EARTH)
Una tenue melodía
enternece los días
como la lluvia fría
esta angosta sequía.
En el cielo, las estrellas;
y en los corazones, flechas.
El sol comprime las almas.
Las nubes las ensalzan.
La luz daña al sentido,
y a la vida y a la alegría
y a la esperanza y al río
por donde discurrimos,
el cual pierde su vía,
y llega la muerte que espera
a que las almas se repriman.
Cuando culmina la tristeza
su cima, sólo llorar. La cima.
Entonces surgen de las tinieblas
y del infierno la ilusión,
el valor, la lluvia y la nación.
Y entre la invernal y espesa niebla
aparece alguien y dice
con frustado rostro
que “tiene que haber
paz en la tierra”.

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Ratos de ardor y melancolía (Poesías XV)


RATOS DE ARDOR Y MELANCOLÍA (1999)
Ratos de ardor y melancolía
transcurren durante la noche.
Ratos de furor y armonía,
yo, sentado debajo del porche.

Imaginación violenta y tétrica,
luz sincera y bastante maltrecha,
viento fugaz y persistente,
granja alejada, pestilente,
imagen precisa en su métrica
y energúmena y vacía, estrecha.

Vislumbro un amargo sueño,
escrutado un posible fuego
que apague el camino
y encienda senderos.
Cegado está el humilde llanto,
oscurecido su ágil canto
que enseñe el sentido
y oculte los besos.

Aunque sin más que un gesto,
despiadado y tierno,
yo anduve por tierra árida,
hallé un final, un desenlace,
con una suave cara pálida,
que clarificaba todo el trance.

Encontré para vivir una razón,
razón irreal e imposible,
que mostrara de manera factible
mi próxima pasión:
VIVIR CON EL CORAZÓN.

Etopeya (Poesías XIV)


¿Sabéis que una etopeya significa “descripción del carácter, acciones y costumbres de una persona”, verdad? Así me gusta. Yo ya lo había olvidado. En 1999 practiqué la asignatura de Lengua con estos versos.

ETOPEYA (1999)
Entre unas brillantes paredes
piensa el vil Martínez Céspedes
que lucha por cavilar
en su mundo ruinoso
como busca un oso
en un frondoso pinar.
Él es oscuro, perspicaz,
cobarde y con un disfraz
atenta contra la libertad.
¡Oh, qué liberal que se ha tornado
aquél que disputa con el pueblo
y que tan insensato se ha vuelto
para que todos hablen a su abogado!
Él es lo que luce sin lucir,
lo que siente sin sentir,
lo que existe sin existir,
porque sólo quiere para su bien
lo que acabe pareciendo hiel.
Enigmático, extrañado,
seguro y en auge.
Vestido con finos trajes
que convierten esclavo
a un ser hipnotizado.
Desea a su mujer, a su carrera,
a su madera, a su manera.
Quiere a sus sentimientos,
a sus pensamientos
y nadie obtendrá un cambio
de actitud ni en un año
ni en su negra existencia.
Es su esencia.

Desesperación (Poesías XXIII, sobre la anorexia)


Aquí traté el tema de los trastornos de personalidad de las mujeres con la anorexia y la bulimia.
Escribí esta dedicatoria: “Dedicado a las personas que no están contentas con el volumen precioso que conservan. Por suerte no conozco a muchas, casi a ninguna”.

DESESPERACIÓN (1999)
Entre mi vida y existencia
corre un riachuelo distanciado,
al que ni mi misma esencia
consigue al fin recordarlo.
¿Y por qué se me va de las manos?
Porque soy un ser desconsolado.
¿Podrá mi angustiada vida,
cubierta de lágrimas finas,
tirar este cuerpo de chica,
que me entrega melancolía?
Seguro que no, mas lucharé.
Es un don que rehusaré.
MI CUERPO.

Donde hay libertad (Poesías XXII)


DONDE HAY LIBERTAD (1999)
Miro cerca quizás.
Oigo muy poco más
que ese eterno sordo
que camina aun solo
por donde el bermejo
abunda entre el espeso
río de la oscuridad:
agua negra del mar.

Miro, miro esferas
por donde hay libertad,
donde hay personalidad,
enigmática y estrecha.

Si de todo me riera como tú,
tú que manejas, destino, tú,
el transcurso de mi sangre, tú,
que modificas la pisada, tú,
como si creyes el vudú
de los impostores.

Poesías (XIX)


A esta misma hora que he publicado esta entrada en mi blog, habré terminado la última conferencia de la tres programadas sobre publicidad, consumo y medios de comunicación en mi añorado colegio LOYOLA de Aranjuez. Como publiqué numerosas creaciones literarias en la revista trimestral de este centro educativo, hoy añado una del año 2000 y que dediqué de la siguiente forma: “Si alguien está feliz y no lo finge, mejor que no lea esto. Es muy triste. Yo ya no soy el que era (a Andrés y a Samuel)”. Creo que es uno de mis cinco mejores poemas y serviría para bastantes canciones.

I’M SAD, JE SUIS TRISTE (año 2000)
Aunque la verde pradera reluce,
aunque el alma pálida no se queja,
aunque mis tímidos versos no crujen,
aunque, aunque…, yo ya no soy el que era.

Quizás mi ancha ansia, enclave de luces,
proclame la búsqueda de su vera.
Aunque ella otee como mi alma ruge,
aunque, aunque…, yo ya no soy el que era.

Aunque mi pasión cruce fronteras,
aunque mi razón avance pasajera,
aunque mi amistad sea caballera,
aunque, aunque…, yo ya no soy el que era.

Mas la vida es extensa.
Mas la fe es duradera.

Mas el sentido es mi calleja
que al hondo hoyo se asemeja.
Mas mi alma estalla en alerta
porque el vil cambio la besa.

Poesías (XVIII)


El título de esta poesía es la última canción de THE JOSHUA TREE de U2 de 1987. Es un temazo que yo acoplé con mi visión. Se debió publicar entre el 1999 y el 2000.

MOTHERS OF THE DISAPPEARED
En las gélidas madrugadas,
en las cálidas heladas,
una mujer llora acurrucada.
Ella recuerda a aquellos camaradas,
a aquellos olvidados camaradas,
que asumían con cara enjuta y apagada
que su hijo desapareció con su arma.

¡Escucha vida cruel, fugaz,
sin un negro y oscuro antifaz!
Requiero ojear el más allá
para conseguir comprobar
dónde mi hijo está.

Muchas peticiones, muchas esperanzas.
Muchas falsedades, muchas finas lanzas.
Pero todo un sabio dijo que se alcanza
si la fe en Dios mantiene la balanza.

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