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Los puertos más duros que he subido hasta 2016 (11-15)


Si las dos anteriores entradas con los monstruos más alucinantes que he subido (1-5 y 6-10) eran ya de por sí arbitrarias y algo polémicas, no lo será menos la que sigue ahora. Entramos en el mundo de los puertos de menos de 2.000 metros y ahí habría una multitud de discrepancias sobre cuáles son más o menos duros. A disfrutar esta lista:

11. Errozate: La estrella desconocida y escondida de la Irati Xtrem. En 2013 ya hablé en este blog sobre esta marcha navarra-francesa en dos entradas (primera y segunda), por lo que no me debería extender demasiado. Sólo decir que al liarla con el sillín (pobre principiante), creé una lesión de rodilla durante este “perro de presa” mientras que surcaba sus rampas del 10 al 19%. El ciclocomputador se volvía loco en esa carretera estrechísima donde uno no sabía bien hacia dónde iba. Si no fuese por el descansillo discontinuo al final, estaría a la altura del Angliru. Además, al colocar esta brutalidad en la mitad de la marcha, pierde cierto poder de castigo respecto a si estuviese en la recta final. Los números no engañan (10 km. al 9.6%) y está en la posición 3 de pendientes máximas de mi lista hasta el momento. Sin embargo, todo no es la pendiente, y esos 1.273 metros se me antojan insuficientes para elevar de categoría a este toro ya que la falta de oxígeno hace mucho. Desafortunadamente, no he encontrado fotos de mi conquista.

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12. Larrau: En la segunda entrada sobre la Irati Xtrem expuse lo que significó para mí el Larrau en 2013: ¡un suplicio! Leí en algún comentario un “Larrau, puf”. No me extraña que se expresasen así. Sus 15 km. no son ninguna broma. ¡No! Degüellan al cicloturista menos precavido. No hay tregua. Estamos ante el ‘Rey de los Pirineos’ según algunos. Desde que se toman los pertinentes desvíos, vemos el cielo de cerca muy pronto y eso merma nuestra resistencia. Los kilómetros enteros a más del 11% son como cuchillas que hacen sangrar. ¿Por qué lo dejé para la posición 12ª? Porque tiene un descansillo de tres kilómetros. Si no lo hubiese, Larrau estaría compartiendo puesto con el Gamoniteru, ¡seguro! Lo que uno debe superar hasta el Col de Erroymendi es lo más parecido a un infierno y si hace calor… uno estaría dentro del propio infierno cuando esa pendiente del 16% previa al descansillo nos tortura sin piedad. Gritar desesperado al coronarlo como se puede ver en el vídeo que adjunté en 2013 no me parece nada descabellado. Y pensar que Larrau por la cara sur no es más que un Navacerrada…

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13. La Gallina: El rey de La Purito. La puntilla, la que te hace ir mal en La Comella y en Cortals d’Encamp. La Vuelta de 2015 probó toda su crudeza tras intentar mostrarla hasta el Santuario en 2012 y 2013. Sin embargo, la cara de Fontaneda es la que te hará cacarear en tu subconsciente. Inevitable. Empieza exigente e incluso se permite el lujo de descender durante menos de un kilómetro para ir introduciéndote en un sendero asfaltado donde uno creerá que tiene suficientes fuerzas para exprimirse. ¡Pero no! Esos dos kilómetros entre pinos por una calzada de sólo un carril se tatuarán en tu piel, sobre todo en el 18% que te puede llegar a marcar el ciclocomputador. Luego no serás capaz de coger ritmo hasta los 1.900 metros de la coronación e irás con especial cuidado al descender por la también extrema cara gemela. Si lo subes con calor, como yo en 2016, atente a las consecuencias. Menos mal que la organización de La Purito es excelente, que si no…

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14. Ermita de Alba: ¿Qué hace un cuestón de casi 7 km. en el puesto 14? Pues bien, aún no me he atrevido a editar el vídeo de mi subida porque hay momentos en los que me quedo casi parado. En julio de 2015, antes de ir a Galicia a realizar una marcha que culminaba en el Muro de Ézaro, decidí realizar una parada en Asturias, la última hasta estas fechas (un sacrilegio a mi amor por Asturias). El objetivo era subir Lagos de Covadonga pero un retraso al recibir mi bicicleta impidió tal hecho y decidí parar en Pola de Lena de nuevo para, en poco más de 30 km., escalar la Cobertoria por el Cuchu Puercu (esto es, el Cordal más un sendero asfaltado con pendientes muy cambiantes y el último tramo de la Cobertoria este) y bajar a Santa Marina y Bárzana donde tomaría un desvío a la derecha para iniciar la cuesta de cabras que es la Ermita de Alba, la cual se estrenaría dos meses después en La Vuelta. No me pareció nada del otro mundo en los primeros compases, sinceramente, siempre entre un 10 y un 12%. Se podía llevar el 34×28 con soltura. Sin embargo, la estocada estaba en la segunda mitad al pasar Salcedo. Tanto es así que uno dudaba si sería capaz de no pararse en el resto de rampas. A pesar de que fue un día bastante seco, al llegar justo al final, donde hay hormigón rallado, mi rueda delantera hizo un extraño y tuve que poner pie a tierra. Daba igual, ya estaba arriba. Recomendable al 100% para deleitarse con el mundo rural asturiano y para saborear un 11% en 6.65 km. De tener dos kilómetros más… en el Olimpo de los Dioses.

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15. Monachil: Han pasado varios años desde que fuese descubierto para el gran público en las primeras ediciones del cambio de milenio en La Vuelta. Sin embargo, siempre sorprende cómo puede hacerse tan dura una vertiente donde hay un descansillo incluido. Verdaderamente no hay mucho tiempo para coger ritmo. Zarpazos al 15% por doquier y un escenario seco y amenazante con olivos de decorado. Con calor y sin viento no sé qué será esto… Justo antes de coronar El Purche uno piensa que ha terminado todo el sufrimiento pero la puntilla aparece justo después de un traicionero descenso. Esa recta que asoma al fondo es un infierno ya que llega hasta el 15%. Un espectáculo. El dúo Monachil-Hazallanas de 2013 en La Vuelta fue impresionante y en 2017 volverá a La Vuelta con culminación en el punto más alto que yo subí en 2016.

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Continuará…

 

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Los puertos más duros que he subido hasta 2016 (1-5)


Tras un viaje ciclista a Italia, varios a los Pirineos franceses y múltiples por España, he escogido varios de los puertos más duros que he subido como colofón a 2016, tras seis años de retomar mi actividad ciclista. He intentado no dejarme llevar por el dolor de piernas o por las penurias que pasé en las ascensiones. Por ejemplo, tengo muy mal recuerdo de Plateau de Beille, La Cubilla, Larrau y Ancares por Pan do Zarco pero he buscado alejarme de esos parámetros muy subjetivos y también objetivos, como son el coeficiente de dureza y los porcentajes medios. La altitud a veces impone más que un 11% a 1.000 metros…

Disfrutad la lista tanto como yo la disfruté y sufrí subiéndola:

1. Mortirolo: En la marcha Santini Stelvio de 2016 nos indicaron subir por la vertiente más baja y más descomunal del mítico Mortirolo. Creo que sobran los calificativos. 11 kilómetros al 11 por cierto y un km. final con hormigón rallado en el que tienes que poner pie a tierra si vas en grupo para soportar el 23%. Es una lucha por seguir adelante entre un bosque frondoso que apenas deja ver el valle. Sin duda, en la marcha me quedé totalmente vacío tras bajarlo. Fue un aguijón con efecto medido que los ciclistas del Giro probaron por vez primera en 2012. 

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2. Stelvio: Sólo lo he probado por la cara de Bormio (la menos exigente), pero el coloso de 2.756 m. tiene un juez: los 2.200 metros. A partir de ahí, es cuestión de sobrevivir por el oxígeno renqueante y más si, como en la Santini Stelvio de 2016, lo afrontas tras 128 km. La parte inicial me recordó a puertos de Asturias como el Jitu de Escarandi, pero con carretera ancha. En http://www.altimetrias.net/aspbk/verPuertoW.asp?id=14 se puede apreciar cómo la clave desde el km. 15 no es otra más que sobrevivir a la altitud ya que no hay rampones, pero sí una ladera que vas surcando dejando el valle a la derecha (como el Jitu de Escarandi, precisamente). Ver cómo el final no llega es una sensación que se recrudece a más de 2.500 m. Además, la nieve acompaña hasta julio, lo que lo hace aún más precioso. Es la rúbrica especial para cualquier etapa que fue un mito en el Giro de 2012 cuando Purito no amarró la maglia rosa aún más ante el empuje de Hesjedal.

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3. Gamoniteiru: El coloso entre los colosos en Asturias. Ni Angliru ni Lagos ni nada. La combinación Cobertoria por Lena más carretera estrecha para vacas lo hace impresionante. ¡Más de un 9% en 15 km. y eso que hay descansillos! Sobran las palabras. Las rectas de la Cobertoria con buena carretera se pegan al superar los dobles dígitos y por la ausencia de sombras en verano. Después, hay incluso un tramo de hormigón en la carretera enjuta, momento a partir del cual uno siente que la gravedad le echa para atrás mientras que comprueba las preciosas laderas y los modelados kársticos donde pastan las vacas. Lo subí en 2014 después de descubrirlo gracias a Marce Montero en su web.

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4. Angliru: No sé si todo el mundo estará de acuerdo conmigo, pero el imponente rampón de Riosa no es el mayor infierno conocido en España. Eso sí, su 23% mandó mi pie izquierdo al suelo para mantener el equilibrio. El 34×28 no fue suficiente en ese momento a pesar de que no había lluvia ni estaba mojado. Casi todo el mundo conoce que es un puerto normal hasta Viapará y luego se convierte en un león muy fiero… a ratos. Hay momentos en los que hasta se va con buena cadencia si las pendientes se mantienen del 10 al 12%, pero las rampas más conocidas son las que sientan cátedra (Les Cabanes, Cobayos y Cueña Les Cabres), dejándote clavado y con la sensación de que descenderlo acarreará su peligro. Es uno de los puertos que uno debe visitar alguna vez y la combinación con Cobertoria más Cordal es suficiente para desarmar tu ácido láctico y preparación física. Son 7 km. donde tu resistencia y tu fortaleza mental te ponen a prueba, pero si se proyecta un punto de tranquilidad sobre la bici, se supera.

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El punto de pendiente máxima en la Cueña Les Cabres.

5. Pico de las Nieves: Quizás yo no sea justo con la majestuosidad de sus más de 1.800 metros de desnivel, pero aún la alta competición no nos la ha enseñado en su totalidad y no sabemos si los ocho km. impresionantes desde Pasadilla (o “Pesadilla” para los cicloturistas) hasta y después de Cazadores son tan decisivos como aparentan sobre el papel. En alguna pendiente parece que la bici no rueda, pero siempre aparece un mínimo descansillo del 10% que nos abraza, lo puedo asegurar después de haber ascendido tres veces por esta trampa en mis más de tres años de idilio grancanario. Tras unos 10 primeros km. que no son más que un puerto de primera al 6% desde Carrizal pasando y jadeando por las rectas de Ingenio, llegamos a Pasadilla para sufrir en nuestras carnes el 66% de un Angliru en 4 km. de primer nivel. Al llegar a Cazadores estamos a 1.200 metros de altitud y desde entonces hay terreno para sudar con pendientes punzantes por encima del 10% y alguna bajada salvadora sobre todo en la preciosa Caldera de los Marteles y en los tramos finales. Tomado el último cruce a 1.850 m., sólo es cuestión de dejarse llevar hasta las antenas y el quiosco donde nos avituallaremos de todo lo necesario. Si lo subes con nieve, el disfrute es mayor, como me ocurrió en febrero de 2016. Hay múltiples vertientes: desde el sur por San Bartolomé; desde el oeste por La Aldea tomando dos variantes (la más al sur podríamos considerarla como la carretera más peligrosa y puntiaguda de la isla); desde cualquier carretera del norte, desde Las Palmas por San Mateo; o desde Telde, la cual es un calco a la de Cazadores ya que se junta en esa diminuta población, sin embargo es un poco menos exigente aunque tenga la misma pendiente media al no contar con ese mini Angliru, sino con tramos más parecidos a un Larrau hasta Cazadores.

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Una de mis múltiples conquistas con el norte de la isla al fondo.

La Irati Xtrem, una experiencia cicloturista vital (y 2)


En la anterior entrada (https://carlosvelasco.wordpress.com/2013/06/18/la-irati-xtrem-una-experiencia-cicloturista-vital-1/) os expliqué cómo fue la marcha hasta el kilómetro 62, momento de la coronación del coloso Errozate. No os comenté que a la mitad de esa ascensión debido al excesivo pedaleo haciendo fuerza con los riñones, mis lumbares se lastimaron demasiado en las pendientes superiores al 10% y alcancé la cima con dolores que quedaron aletargados hasta Larrau. Entonces creía que no iba a ser capaz de terminar la dura prueba, y eso que todavía había por delante 66 km…
Perfil
Por así decirlo, al acabar Errozate, uno entraba en una zona muy parecida a la del Aubisque-Soulor: prados de alta montaña sin árboles que rodeasen las pedaladas y escasa continuidad en las pendientes pasando de rampones a bajadas de 3 kilómetros. El descenso de Errozate fue muy corto, me detuve en un avituallamiento casi pastoril e inicié el antepenúltimo puerto llamado Surzai-Lepoa, un tercera incómodo a ratos por sus pendientes cortas de más del 10% pero muy asumible por mis piernas con tranquilidad.
Surzai-Lepoa
La subida finalizó en un enclave donde ya dominaban más los árboles y me impulsé por una bajada muy corta para ya estar en el km. 75 con el puerto que me rompió definitivamente: el Irati/Bagargi. 6 km. al 5%… poquísima cosa, ¿no? ¡Y una leche! Falsos llanos y 10-15%, falsos llanos y pendientes muy afiladas… Así era imposible descansar.
Bagargi
Con niebla coroné y me fui de cabeza al avituallamiento con la sensación de que Larrau iba a resultar imposible.
Tras un descenso ‘tour’ (carretera asquerosita y engañosa con mucha inclinación) hacia el pueblo de Larrau, llegué al km. 94.7, inicio de la última brutalidad: casi 14 km. al 8%. Creía que el ascenso comenzaba en el pueblo de Larrau, pero no me pude equivocar más… Dos km. supuestamente al 6.5% y uno al 5% entrando en la pequeñísima localidad francesa para pasar por una alfombra magnética donde mi chip de la rueda delantera iba a empezar a funcionar ya que la subida a Larrau desde el km. 96 más o menos se cronometraba.
Larrau
Qué decir de la peor hora y media de mi vida sobre una bicicleta. El pulsómetro no subía de 160 pulsaciones, todo el mundo me pasaba por la izquierda o por la derecha, el medidor de la pendiente no bajaba del 10% y mi velocidad no superaba los 6-8 km./h. ¿Qué hacer entonces? Recordar como buenamente podía la altimetría y crearme objetivos cada kilómetro. Sé que el tiempo pasa y el movimiento se demuestra andando, así que pedaleaba ¡a 39 pedaladas al minuto con un 34×28! Poquísimas. Pero había que progresar así o sucumbir. Lo peor de Larrau son los tres km. al 11% circulando rodeado de árboles. Los 7 km. del 3 al 10 son infernales y demasiado cuesta arriba para casi cualquier ciclista. Estoy seguro de que si Larrau hubiese estado en la mitad del recorrido lo habría superado bastante bien, pero un ¡’hors categorie’! superadas las cinco horas de marcha y con la denominación de “rey de los Pirineos” (http://www.altimetrias.net/aspbk/verPuertoF.asp?id=2) no invitaba al optimismo. Por ello, sabiendo que existían escasos metros llanos en las cunetas, vi un apartado donde aguardaba un ciclista de unos 50 años. Me detuve, bebí, comí una barrita, hablé con otro cicloturista que había descansado ahí y repasamos lo que restaba por ascender. “Queda un km. infernal, tres de descanso al 2-3% y una pared de dos km.”. Es decir, a 6 km. del final del Larrau veía luz al final del túnel. Mis piernas no mejoraron ostensiblemente, pero me conciencié. Así que con el hombre mayor a rueda, coronamos el Col de Erroymendi a 1.350 m. sobre el nivel del mar tras pasar un último rampón del 15% y nos encaminamos hacia la zona de descansillos de tres km. donde había llano, descensos y alguna pendiente del 5-6%. De esta forma, crucé el km. 106.5 donde me esperaba el último empujón: dos kilómetros para la cima. Ahí sollocé por momentos. Me acordaba de mi familia, de las personas que no me hicieron bien en los últimos tiempos y de lo “machote” que yo era. Esos dos km. se me hicieron muy cortos ¡entre la niebla espesa! y escuchando a los espectadores que animaban a cada uno de los cicloturistas. A cada uno le lanzaba un “gracias” y ya sí llorando vi el sol en la frontera con España donde me esperaban mis padres desde las 12:30 horas. “Mamá”, grité. El primer corredor subió a las 14:10 horas más o menos y yo lo hice a las 15:40. Mi tiempo fue de 1 hora y 21 minutos, el 624 de los 800 que lo terminaron. Mítico.

Solo quedaban 19-20 kilómetros hacia Ochagavía. El reto estaba completado porque el descenso era mi compañero y además me uní a un grupo de unos 15-20 cicloturistas que me condujeron a más de 40 km./h. hacia el pueblo navarro. Sol, calor, 25 grados, aplausos… El dolor en las lumbares era mayúsculo. No podía apenas andar ni agacharme a nada. Comida, ducha y a la sesión gratuita de masaje en la plaza del pueblo donde realizaron un trabajo tremendo conmigo. Por último, metí los pies en el río Anduña y disfruté de mis últimos minutos en Ochagavía con la sensación de haber triunfado a lo grande. Con el apodo de ‘Bruce Springsteen’ triunfé, cómo no.
BRUCE SPRINGSTEEN
7 horas en bici para completar una de las pruebas cicloturistas más exigentes del Pirineo. 3.600 metros de desnivel ascendidos. Como últimas notas diré que es mejor entrenar el tope de horas que creas que vas a estar sobre la bici que sumar los kilómetros de la marcha, porque no es lo mismo 128 km. en el sur de Madrid que en el Pirineo… y menos en la Irati Xtrem. Y por cierto, doy un 9 a la organización. Le quito un punto por no darnos un maillot y por entregarnos algunas galletas caducadas tres días antes.

La Irati Xtrem, una experiencia cicloturista vital (1)


El 15 de junio tenía una cita reservada: la Irati Xtrem. Empieza y termina en el mismo lugar: Ochagavía. Se trata de un pueblo de Navarra al que bañan dos ríos: el Zatoia y el Anduña (que sale más abajo).
La ruta es de 128 km. con 9 subidas, unas más duras que otras, pero con una acumulación de 3.600 m. de desnivel que la configuran como extrema.
Hoy reseñaré hasta la subida a Errozate (km. 62), sin duda alguna, la más impresionante de todas.
A las 9 de la mañana estábamos citados en la carretera que cruzaba la localidad para iniciar la marcha.
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A las 9:15 en Ezkarotz a una velocidad muy lenta conseguimos zafarnos del control de las autoridades y comenzamos el alto de Jaurrieta, perfecto para ir calentando y en el que me pegué a un grupo de tres amigos navarros/vascos para seguir su ritmo.
Jaurrieta
El “no sabéis bien lo duro que es esto, id despacio” me llamó la atención y pensé que su rueda era muy buena. Hasta el primer avituallamiento del km. 36 no les solté.
Justo después en el km. 10.8 ya teníamos la segunda subida, muy suave y nada preocupante: la Remendia.
Erremendia
Y en el 14.5 completamos Abaurreagaina, otra tachuelita que nos dejó las piernas calentitas, pero sin rompernos en absoluto. El 34×24 fue mi mejor consejero para no forzar nada, casi siempre a 16 km./h.
Abaurrea
Hasta el muro del km. 34 discurrimos por descensos, pequeños muritos y algo de llano entre valles verdes navarros. Cuando alcanzamos esa subida tan corta (700 m.) estábamos precavidos: debíamos evitar quedarnos atrancados y debíamos estar muy atentos del de delante por si lo hacía. Con un 34×28 y con hormigón rayado de un lado a otro de la calzada lo subí bastante bien sin contratiempos y eso que vi hasta un 20% por una vía de cabras que aportó más dureza a la prueba.
El muro
Hasta el avituallamiento no estaba nada cansado porque había regulado muy bien y había seguido a un grupito. Sin embargo, a partir de ahí todo cambió. Los tres acompañantes pararon más de la cuenta en el centro de comida y bebida situado en una antigua fábrica de armas y decidí continuar mi marcha para no quedarme frío.
El siguiente puerto era el más exigente hasta el momento: Azpegi. Se trataba de una pista de cemento en la primera parte más suave y luego asfalto normal en una carretera muy estrecha. Los dos km. al 9.5% se agarraron muchísimo pero el 34×28 hizo el resto y lo solventé con soltura y cabeza.
Azpegi
Al coronar vi por primera vez a vacas tumbadas en los verdes pastos a 1.000 m. y cuando ya entré en Francia y comencé a descender 750 m. de desnivel en apenas 9 km. por una malísima vía con gravilla suelta y numerosos baches, lo que generó dolor en mis manos al tener que frenar tantísimo. Además, pasé por una zona de hayas que generaba muchísma humedad en el firme. Eso sí, el paisaje fue el más bello que observé en todo el recorrido. Precioso es poco. Montañas muy escarpadas de un verdor exquisito que quitaba el hipo y que no superaban los 1.500 m. en ningún momento.
Entonces aterricé en el km. 51.9, punto clave porque tomamos una desviación a la derecha en la que había que llevar el 34×21 como mínimo para iniciar la ascensión al coloso del día: el Errozate. Sí, dirán muchos que el más duro era Larrau por su longitud y mito, pero aconsejo a cualquier cicloturista que tome ese desvío e intente Errozate.
Errozate
10.2 km. y 1013 m. de desnivel. Simplemente por esto parece brutal, pero subirlo es aún más increíble. Si os digo la verdad, sufrí, pero no tantísimo como en la segunda entrada que os expondré más adelante. Sin embargo, sí debo admitir que éste es el puerto que marca a las piernas para el resto de la carrera. Llegas aún con fuerzas y en el primer km. al 12% (el segundo) ya decides adelantar a gente y olvidarte de que puede haber tramos muy duros en el futuro más inmediato. Eso lo acusé, pero sin duda comprobar cómo el ciclocomputador me indicaba que transcurría por rampas del 15 al 19% me alucinaba más aún. Un descansillo del ¡10%! era una gran noticia. Hay varios tramos de un km. que llegas a verlos a la perfección y entonces te preguntas cómo narices vas a ascender por ahí por mucho que hayas acoplado a la perfección el 34×28. Pues se suben, y tanto que se suben, por eso lo estoy contando hoy. Los seis primeros kilómetros son los más constantes del 11 al 12.5% de media, pero después es más irregular debido a que se alternan las pendientes suaves del 2-3% con rampones del 17%. Cuando coronas te das cuenta de lo impresionante de este coloso que está escondido en el Pirineo debido a que es de difícil acceso para una gran vuelta por etapas.
Hasta aquí os dejo, no sin antes indicar que agradezco mucho al pliego de periódico que me ofreció un voluntario de la prueba a 1.273 m. sobre el nivel del mar en el km. 62.1. Todavía quedaba lo peor… https://carlosvelasco.wordpress.com/2013/06/19/la-irati-xtrem-una-experiencia-cicloturista-vital-y-2/

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