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El Twitter y la barrera de seguidores suficientes


Alfonso Rojo: “Twitter es un acto de vanidad. ¡Cómo te van a seguir 150.000 personas! ¡Ni en las procesiones de Semana Santa!” Este periodista, al cual suelo escuchar, esté o no de acuerdo con él, expresó esto en el programa LA NUBE de La2.
Yo ahora me hallo cerca de los 1.000 seguidores de Twitter. Seguramente sean pocos comparados con otras personas de mi rango, pero desde hace tiempo he intentado que aquél que me siga realmente quiera saber algo de mis gustos. Habría sido fácil centrarse únicamente en temas que otorgasen una mayor popularidad, pero uno es lo que es y como decía un personaje en la película “DELITOS Y FALTAS” de Woody Allen: “A uno le definen las decisiones que toma”.
Ahora bien, ¿de qué sirve llegar a tantos seguidores? ¿Realmente se mide la influencia de una persona por el número de seguidores? Pensaba que sí, pero lo relativizo. No hace falta contar con 100.000 seguidores para resultar relevante. ¿Acaso no hay protagonistas sin Twitter ni Facebook?
El Twitter genera en nosotros un estadio muy parecido al del Whatsapp (https://carlosvelasco.wordpress.com/2012/07/25/el-whatsapp-y-la-locura-de-la-inmediatez/)y favorece el meternos en líos. Un comentario público que no debes plantear, mencionar a alguien para criticarle, dar demasiado bombo a personas que no lo quieren o necesitan… Sin embargo, el Twitter es una herramienta periodística excepcional. No concibo a un periodista que no se informe por este medio. Lo malo es que a veces también te pueden atacar a través de Twitter. Uno mismo se expone a todo tipo de lindezas y problemas.
Hace unos meses debatía con un detractor de Twitter sobre si era un medio de comunicación. Respondí que por supuesto. No es una empresa de comunicación, pero sí es un método eficaz y rápido para interrelacionarnos. ¿Hacia qué derivará el Twitter? Quién lo sabe. Por el momento plataformas como Sulia lo combinan con el Facebook y aglutinan las redes sociales más utilizadas.
¿Era más feliz o menos cuando Twitter no existía? Sin aspavientos, quizás diría que más porque no tenía la necesidad de estar informado cada segundo; con contar con información cada minuto me bastaba.

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El Whatsapp y la locura de la inmediatez


– ¿Estás? ¿Has leído esto?
Tres minutos después.
– ¡Venga! ¿Dónde estás?
Cinco minutos más tarde hay una respuesta.
– Estaba en el baño, tranquilo. No hay que darse tanta prisa.
Mandar mensajes gratis es una delicia para cualquier usuario. El problema es el abuso. ¿Se llega muy pronto a él? Inmediatamente. Simplemente con ir por la calle y avanzar un kilómetro en línea recta con la cabeza hacia abajo tecleando sobre la pantalla del móvil. Cervicales forzadas, inteligencia reducida a unos caracteres que nos deben servir para emitir contenidos fugaces, constante estrés, burbuja absoluta…
Reconozco que ya ha aparecido el típico caso en el que el Whatsapp me ha superado. Ese acto de abandonar el móvil a más de 15 metros de donde uno se sienta es irrealizable porque cada media hora (como mucho) surge alguna comunicación que uno desea o que rechaza. Esto nos pasa como receptores y como emisores. El Whatsapp es la nueva idea para engancharnos a la tecnología. En el periodismo es casi impensable no contar con conexión a Internet, con el último móvil del mercado (o uno al menos con conexión a Internet) y con un sistema de Whatsapp que nos abra las puertas.
Al mismo tiempo que yo doy la plasta, me la dan. No hay error, no hay culpabilidad, solamente hay una vía de mensajería que la entendemos como gratuita. Antes el mensaje de texto por el que había que pagar lo tomábamos como una ofensa porque provocaba un dispendio en el receptor si quería contestar al emisor. Ahora no. Ahora si alguien tiene tu número puedes recibir mensajes por doquier, constantemente. La privacidad del número de teléfono ha decrecido. Al mismo tiempo que es una ventaja para el periodista o para cualquier persona, se convierte en un compromiso recurrente para el receptor. ¿Respondo o paso de él? ¿Qué pensará si paso de él? No hay final y la cadena se enrevesa. El Whatsapp tiende a convertirnos en pesados. Si somos fríos, todas las nuevas tecnologías y redes sociales suponen una puerta hacia la comunicación y hacia la intromisión en la privacidad de las personas. Saber detenernos a tiempo es la clave.

El entrevistado que no dice nada


Para un periodista, no hay nada peor que un entrevistado que no quiere decir nada importante públicamente. Obviamente, lo primero que existe es la libertad de expresión y los periodistas no somos jueces, es decir, lo que escribimos no dicta jurisprudencia y nada de eso. Por lo tanto, no somos inspectores de una comisaría, sólo intermediarios entre la opinión pública y el personaje.

He leído que Jorge Garbajosa ha salido airoso de las mil entrevistas que ha realizado en los últimos 5 días desde que fichó por el Unicaja de Málaga. En ninguna se metió con el Real Madrid (y eso que posiblemente él tenía razones interiormente para hacerlo porque le dieron de baja la ficha hace dos meses y se gestionó dentro del club de una forma cuanto menos discutible).

Esta muestra de señorío y de inteligencia habla muy bien de Jorge pero para nosotros, los periodistas, normalmente deseosos de explicaciones convincentes (no a lo Sálvame) que vender, salimos perdiendo de esta decisión libre y absolutamente respetable. ¿Sabéis cuál es el problema? Que existan jugadores, entrenadores, directivos y presidentes que nos utilizan cuando estiman para emitir palabras polémicas y que muchas veces nosotros ni las buscamos, las encontramos de golpe. Por lo tanto, es verdad que a veces los periodistas nos equivocamos queriendo hallar declaraciones imposibles (y algunos se las inventan), pero los entrevistados tampoco se quedan atrás cuando les interesa (en este caso Jorge Garbajosa no debía pasar por ninguna prueba “por contrato” ante la opinión pública; él era el perjudicado de una decisión del club madridista, así que el Madrid era el que debía ser cuestionado). Ése es el juego habitual de nuestra profesión. Para que luego algunos digan que somos los periodistas los culpables de todos los males.

El próximo martes saldrá una entrevista de Jorge Garbajosa elaborada por mí en GIGANTES. ¿Le habré sacado algo más de lo que ha salido publicado? 2.60 euros el martes y lo descubriréis.

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