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La nomofobia, la nueva enfermedad que nos hemos inventado


El ser humano ha ido adaptándose a los cambios del ecosistema y a sus propias variaciones sociales. Una de las más recientes en los últimos diez años ha sido la de poseer un móvil con cobertura en más del 95% del territorio habitable de nuestro entorno.
Las consecuencias de la extrema necesidad del móvil (desmesurada) ha provocado que aparezca la enfermedad de la nomofobia, es decir, el miedo irracional a salir de casa sin móvil o a quedarse sin batería (http://www.elmundo.es/elmundosalud/2012/06/08/neurociencia/1339151592.html).
No deja de sorprender que hayamos llegado hasta tales extremos, pero la verdad es que nos costaría apagar durante una semana el móvil. Yo cuando llego a casa de trabajar lo aparco en la cocina y me voy a mi habitación. Pues bien, si alguien me llama al teléfono y no contesto a la primera me preguntará: “¿Dónde tienes el móvil? ¿Es que no puedes tenerlo al lado? Imagina que me ha pasado algo y necesito tu ayuda”. Esto no es nuevo, pero es imprescindible percatarnos de que está mal visto no tener el móvil al lado de uno mismo. Menos mal que no hay una correlación entre cercanía del móvil y cáncer, que si no iríamos protegidos en verano con una capa extra para poder contestar cuanto antes a los emisores.

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La adicción al móvil


Siento una especial admiración por las personas que son capaces de desconectar un móvil durante 15 días y no tienen la más mínima intención de encenderlo en ese período. Yo sería incapaz. Y ahora que tengo Internet en el móvil, todavía menos.

Antes de disponer de esa herramienta “de lujo”, simplemente encendía el celular y esperaba a ver qué hora era. Me iba a cepillarme los dientes o a vestirme y estaba tan tranquilo. En cambio, ahora lo primero que hago es comprobar el correo electrónico y el Facebook, porque en apenas un minuto ya tengo la posibilidad de ejecutar ambas funciones.

Además, si antes escuchaba la radio o leía un interesante/infumable libro en el autobús, ahora lo que quiero es conectarme a Internet para llegar totalmente informado al trabajo sobre las últimas novedades del baloncesto (aspecto que me parece muy bueno para mi profesión).

Si antes me preocupaba por el móvil sólo unas dos veces durante toda la mañana, ahora como recibo los correos electrónicos y escucho una corta sintonía, inmediatamente desatiendo cualquier actividad y me centro en el móvil. Por otra parte, no soy capaz de ir andando por la calle sin estar pendiente de si hay alguna actualización en mis cuentas de redes sociales.

Mi conclusión es muy clara: estoy radicalmente enganchado y sería incapaz de dejar el móvil en la cocina e irme a mi habitación para escuchar música durante una tarde. Necesito al móvil cerca de mí todo el rato. “Es mío, es mi tesoro”. Me siento como Gollum. ¿Para cuándo llegará la consecuente metamorfosis y mi aislamiento durante 500 años en una cueva en las montañas?

La mala educación de los ‘movilnautas’


Somos unos verdaderos maleducados. Lo reconozco. Esto de tener Internet en el móvil (os habla casi un dinosaurio de la alta tecnología) provoca comportamientos totalmente inadecuados y con escaso sentido común.

Estoy cenando con dos amigos. De repente, me pregunto si mañana lloverá y lo normal es esperar al día siguiente, mirar en casa en el teletexto, chequearlo en el ordenador personal de casa o mirarlo en el periódico si lo llevo encima. Escojo la última opción y me doy cuenta de que en ese preciso instante estoy desatendiendo a mis dos compañeros de mesa, pero dentro de lo que cabe lo único mal visto que yo haría sería mancharme los dedos de tinta, porque en nuestro código social echar un vistazo al periódico no es tan malo. Sin embargo, como ahora tengo Internet en el móvil, lo segundo que hago es sacar el aparato de mi bolsillo y enciendo la aplicación de la web. Tardo unos 2 minutos en descifrar qué condiciones metereológicas se van a producir en las próximas 96 horas. Como soy bastante preciso en mi información, hasta mis dos amigos se animan a preguntar qué tiempo hará en Sevilla dentro de 5 días. El resultado es que he enganchado a mis dos amigos en mi acción, pero si no lo hubiese hecho, habría pasado de ellos durante esos dos minutos.

Por otro lado, fijaos en la escena siguiente, la cual me parece graciosa: estamos 5 personas discutiendo sobre si Spielberg dirigió o no una película. Unos dicen una cosa y yo digo otra. Como creo que yo estoy en lo cierto, “amenazo” a mi amigo a que ni se le ocurra llevarme la contraria, porque si lo busco en el móvil se quedará totalmente por los suelos.

¡El móvil sirve para desdecir a las personas en las conversaciones! Hemos perdido la capacidad de ser absolutamente ignorantes de un dato. Viva Internet en el móvil. En la siguiente entrada, os hablaré de las consecuencias negativas de esta costumbre nueva en mí.

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