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Poesías (XVIII)


El título de esta poesía es la última canción de THE JOSHUA TREE de U2 de 1987. Es un temazo que yo acoplé con mi visión. Se debió publicar entre el 1999 y el 2000.

MOTHERS OF THE DISAPPEARED
En las gélidas madrugadas,
en las cálidas heladas,
una mujer llora acurrucada.
Ella recuerda a aquellos camaradas,
a aquellos olvidados camaradas,
que asumían con cara enjuta y apagada
que su hijo desapareció con su arma.

¡Escucha vida cruel, fugaz,
sin un negro y oscuro antifaz!
Requiero ojear el más allá
para conseguir comprobar
dónde mi hijo está.

Muchas peticiones, muchas esperanzas.
Muchas falsedades, muchas finas lanzas.
Pero todo un sabio dijo que se alcanza
si la fe en Dios mantiene la balanza.

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Poesías (XVI)


Ésta y la siguiente entrada de POESÍAS (será la XVII) se encuadran entre 2000 y 2001. Tras redescubrir un número de la revista NLAR pude ver cómo había publicado cuatro poesías. Dos de ellas ya las conoceís: LUNA LLENA (https://carlosvelasco.wordpress.com/2011/01/24/poesias-v/) y CONFESIONES DE UN EXTRAÑO (https://carlosvelasco.wordpress.com/2011/01/25/poesias-vii/). A todo el conjunto de poemas que salieron en ese número los englobé bajo el título de ‘LOVE IS BLINDESS’. Hay que señalar que LOVE IS BLINDESS es una canción de U2, concretamente la última del disco ACHTUNG BABY de 1991.
Ahora os indicaré el primer poema que falta de este grupo y en la siguiente entrada el segundo. En ambos, U2 es el protagonista con el título.

WHERE THE STREETS HAVE NO NAME
Deseos incomparables y débiles
se alejan de una persecución lunar
en ese lugar apagado: el mar.
Deseos inalcanzables y oscuros
pasean salmodiando por las calles.
Deseos inauditos y bruscos
que son ese lugar radiente, el valle,
con un lunático arroyo sin llave.

Poesías (XIV)


Me encantan estos versos. Por supuesto, están dedicados a los Jardines de Aranjuez.

LA TARDE (principios del año 2000)
Jardines misteriosos.
Naturales y berenjenas.
Paseos asombrosos.
Ríos de alegría y de pena.
Pinos verdes, frondosos,
gigantes y sutil azucena.
Tardes de alivio y fragancia.
Tardes de paso y elegancia.
Recuerdos deslizantes…
El oxígeno en los pulmones…
La memoria, un viaje…
Planicie. Al fondo, los montes.
La música, la llama…
El gorrión, la clave…
La utopía, el ruido…
La cultura, la llave…

Seis años de poesías


Esto lo redacté meses antes de terminar el Bachillerato en el Colegio Loyola. Era mi última entrega a los compañeros y quise despedirme de esta forma:

“Carlos Velasco, Liam Mullen Jr o Liam (simplemente) han servido para que una mente tan compleja como la mía transmitiese unos sentimientos, a veces tan inexplicables que han resultado imposibles de llevar al papel, y así los lectores atentos los pudiesen comprender. Eso puede indicar falta de reflexión creativa, pero también demuestra qué difícil es comentar lo que uno siente por dentro mientras que la vida sigue y no exige momentos para plantearse uno mismo ni siquiera el sentido de su existencia. Son algo interesantes algunos de los escritos que he redactado desde una inusitada afición por mi ciudad, Aranjuez, o por mi gran entretenimiento como es el ciclismo. Todo lo que he escrito supone la realización personal de una persona preocupada por la cultura en general y por su alrededor. La devoción mía por algunos grupos de música ha conllevado a que yo tratase de explicar con otras maneras las ideas de angustia o alegría que ellos transmitían. Eso provocó la publicación de ‘I still haven’t found what I am looking for’ o de ‘Mothers of the disappeared’, ambas creaciones muy intensas y completas de pasión desmedida.

Con mis escritos he pretendido transmitir unos sentimientos de una forma diferente para que algunas personas llegasen a entenderlas. No he pretendido ser el típico malgastador de versos y renglones sencillos y con poca variedad artística como algunos presuntos genios (tanto musicales como literarios) que triunfan a costa de un buen servicio de márketing. He querido fallar debido a mi complejidad para aprender de esos fallos y para perfeccionar un estilo aún más deputado. Pienso que la real pérdida desde el final del siglo XX al comienzo del XXI ha sido la complejidad de expresión y se ha tendido hacia la sencillez que nos está encuadrando en una serie de fórmulas y reglas de las que solamente se puede salir con un gran amor propio y dejando volar a la imaginación.

Todos los genios importantes se han constituido tras innovar y transportarnos a mundos no creíbles a primera vista. Ése es mi fin último: investigar para innovar en las artes. Probablemente erraré porque el destino así lo predisponga, pero seguramente las ganas y las ideas obtenidas no quedarán en vano. Os animo lectores a que salgamos todos de esta creciente obsesión que significa el mal uso frecuente y repartidísimo de los móviles, ordenadores y nuevas tecnologías. Huyamos de ellos. Huyamos porque creo firmemente que si existe este mundo es para que sobre él todos los seres humanos consigamos prosperidad intelectual y para que avancemos para lograr un, parece imposible, mundo mejor (siempre respetando a nuestra segunda madre: la madre naturaleza). Una de las maneras de prosperar, aunque no se solidifique, es sin lugar a dudas, la lectura y la creación literaria. Y estos dos métodos por suerte los tenemos en nuestro Loyola, debido a la creciente mejora de nuestras dos bibliotecas. Os aliento a que no toméis por broma estas dos sugerencias y espero que al menos este verano os leáis dos o tres ricos libros. Un saludo y hasta siempre, lectores de N-LAR de Loyola.

POSDATA: No creáis que estoy como un cencerro.”

Prosas (IV)


Publicado en la revista N-LAR de mi colegio Loyola aproximadamente en 1998. Lo escribí en una tarde en el Jardín del Parterre de Aranjuez para describir la sensación que me produjo la Fuente de Hércules y hoy lo revisé.

EXCLAMABA…

“María y yo aguardábamos impacientes a que el semáforo cambiara de color. A nuestro lado se hallaban dos parejas de jóvenes enamorados que charlaban sobre cosas indiferentes para nosotros.

El semáfoto permutó su rojo y cambió al verde. Iniciamos el paso por la carretera y nos adentramos en el Jardín del Parterre, que es mucho más pequeño que sus dos ‘vecinos’ en Aranjuez.

A la derecha y a la izquierda de nosotros estaban estacionados dos muros, los cuales sobreimpresionaban a dos ángeles, imaginando dos figuras indescriptibles.

Entramos con sumo cuidado porque el suelo resbalaba por las piedrecillas finas. Alcé la vista y comprobe una forma. Estaba rodeada por una circunferencia perfecta. En el exterior de ella se encontraban unos jarrones de considerable colosidad. Se distinguían tres principales torres irregulares. De ellos, mis dos atentos ojos captaban la del centro (las demás se situaban a los lados del coloso). En ellos se representaba en lo alto a Hércules, que apretaba el estómago de otro contrincante inmóvil. Divisaba la mano levantada del héroe mitológico. Él, apurado, alzaba la mano. En mi mente se mezclaban las escenas posteriores a esa acción. Di un paso hacia atrás.

– ¡Ángel! -exclamaba mi impaciente mujer.

Yo no la escuchaba. Me fijé en los cuatro dragones que expulsaban agua por sus bocas abiertas. El agua conseguía llegar hasta los pies de Hércules y del apurado hombre. La caída del líquido entusiasmaba más a mi vista. Agaché ligeramente los globos oculares mientras mi monótona esposa colmaba más el vaso de mi paciencia. Mi atención se desplazó hacia los animales que estaban muertos y sin nada que realizar en el mundo. Una serpiente gritaba encaramada en el cuerpo de un ser vivo azarosamente reconocible. Un caballo miraba al lago circular donde podría caer. Había también un león doblado por dos rocas de diferente tamaño y un buey con los ojos cerrados tenía un gesto de amargura en su rostro…

Localicé un movimiento tranquilo, pausado, calmado, sosegado a la izquierda y me di cuenta de una masa parecida a la de un faro sobre rocas inmensas donde podía leer ‘Ultra’ y ‘Calpe’. Un dragón acuático constituido por capas me recordó a las leyendas que tratan sobre la mitología griega.

Mi última consideración la guiaron de nuevo mis ojos, los cuales se perdieron en la figura de la izquierda. Se trataba de un perro con la boca gritando algo que yo no soy capaz de describir.

– Vayámonos -grité a María.

Yo me fui moviendo poco a poco tras el empuje brusco de ella. Este día el agua que adornaba el conjunto estaba muy sucia y musgosa. Mi mujer me comenzó a hablar de sus cosas y yo seguía mirando a esta especia de lago mientras lo bordeaba.

¡Qué complicado me resultaba abandonar esta fuente! ¡La fuente de Hércules!

– Bueno, ¿adónde vamos? -inquirió ella.

– Donde te plazca -contesté-. Ya he observado todo lo que necesitaba para recuperarme de la muerte de mi padre.

Seguimos encaminados sin observar el sinfín de cosas que nos perdimos en ese momento. ¡Aranjuez tiene de todo!”

 

El enlace para ver la fuente está aquí. Rastread un poco y la veréis. http://www.unaventanadesdemadrid.com/tren-de-la-fresa-y-aranjuez.html

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