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Los puertos más duros que he subido hasta 2016 (11-15)


Si las dos anteriores entradas con los monstruos más alucinantes que he subido (1-5 y 6-10) eran ya de por sí arbitrarias y algo polémicas, no lo será menos la que sigue ahora. Entramos en el mundo de los puertos de menos de 2.000 metros y ahí habría una multitud de discrepancias sobre cuáles son más o menos duros. A disfrutar esta lista:

11. Errozate: La estrella desconocida y escondida de la Irati Xtrem. En 2013 ya hablé en este blog sobre esta marcha navarra-francesa en dos entradas (primera y segunda), por lo que no me debería extender demasiado. Sólo decir que al liarla con el sillín (pobre principiante), creé una lesión de rodilla durante este “perro de presa” mientras que surcaba sus rampas del 10 al 19%. El ciclocomputador se volvía loco en esa carretera estrechísima donde uno no sabía bien hacia dónde iba. Si no fuese por el descansillo discontinuo al final, estaría a la altura del Angliru. Además, al colocar esta brutalidad en la mitad de la marcha, pierde cierto poder de castigo respecto a si estuviese en la recta final. Los números no engañan (10 km. al 9.6%) y está en la posición 3 de pendientes máximas de mi lista hasta el momento. Sin embargo, todo no es la pendiente, y esos 1.273 metros se me antojan insuficientes para elevar de categoría a este toro ya que la falta de oxígeno hace mucho. Desafortunadamente, no he encontrado fotos de mi conquista.

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12. Larrau: En la segunda entrada sobre la Irati Xtrem expuse lo que significó para mí el Larrau en 2013: ¡un suplicio! Leí en algún comentario un “Larrau, puf”. No me extraña que se expresasen así. Sus 15 km. no son ninguna broma. ¡No! Degüellan al cicloturista menos precavido. No hay tregua. Estamos ante el ‘Rey de los Pirineos’ según algunos. Desde que se toman los pertinentes desvíos, vemos el cielo de cerca muy pronto y eso merma nuestra resistencia. Los kilómetros enteros a más del 11% son como cuchillas que hacen sangrar. ¿Por qué lo dejé para la posición 12ª? Porque tiene un descansillo de tres kilómetros. Si no lo hubiese, Larrau estaría compartiendo puesto con el Gamoniteru, ¡seguro! Lo que uno debe superar hasta el Col de Erroymendi es lo más parecido a un infierno y si hace calor… uno estaría dentro del propio infierno cuando esa pendiente del 16% previa al descansillo nos tortura sin piedad. Gritar desesperado al coronarlo como se puede ver en el vídeo que adjunté en 2013 no me parece nada descabellado. Y pensar que Larrau por la cara sur no es más que un Navacerrada…

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13. La Gallina: El rey de La Purito. La puntilla, la que te hace ir mal en La Comella y en Cortals d’Encamp. La Vuelta de 2015 probó toda su crudeza tras intentar mostrarla hasta el Santuario en 2012 y 2013. Sin embargo, la cara de Fontaneda es la que te hará cacarear en tu subconsciente. Inevitable. Empieza exigente e incluso se permite el lujo de descender durante menos de un kilómetro para ir introduciéndote en un sendero asfaltado donde uno creerá que tiene suficientes fuerzas para exprimirse. ¡Pero no! Esos dos kilómetros entre pinos por una calzada de sólo un carril se tatuarán en tu piel, sobre todo en el 18% que te puede llegar a marcar el ciclocomputador. Luego no serás capaz de coger ritmo hasta los 1.900 metros de la coronación e irás con especial cuidado al descender por la también extrema cara gemela. Si lo subes con calor, como yo en 2016, atente a las consecuencias. Menos mal que la organización de La Purito es excelente, que si no…

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14. Ermita de Alba: ¿Qué hace un cuestón de casi 7 km. en el puesto 14? Pues bien, aún no me he atrevido a editar el vídeo de mi subida porque hay momentos en los que me quedo casi parado. En julio de 2015, antes de ir a Galicia a realizar una marcha que culminaba en el Muro de Ézaro, decidí realizar una parada en Asturias, la última hasta estas fechas (un sacrilegio a mi amor por Asturias). El objetivo era subir Lagos de Covadonga pero un retraso al recibir mi bicicleta impidió tal hecho y decidí parar en Pola de Lena de nuevo para, en poco más de 30 km., escalar la Cobertoria por el Cuchu Puercu (esto es, el Cordal más un sendero asfaltado con pendientes muy cambiantes y el último tramo de la Cobertoria este) y bajar a Santa Marina y Bárzana donde tomaría un desvío a la derecha para iniciar la cuesta de cabras que es la Ermita de Alba, la cual se estrenaría dos meses después en La Vuelta. No me pareció nada del otro mundo en los primeros compases, sinceramente, siempre entre un 10 y un 12%. Se podía llevar el 34×28 con soltura. Sin embargo, la estocada estaba en la segunda mitad al pasar Salcedo. Tanto es así que uno dudaba si sería capaz de no pararse en el resto de rampas. A pesar de que fue un día bastante seco, al llegar justo al final, donde hay hormigón rallado, mi rueda delantera hizo un extraño y tuve que poner pie a tierra. Daba igual, ya estaba arriba. Recomendable al 100% para deleitarse con el mundo rural asturiano y para saborear un 11% en 6.65 km. De tener dos kilómetros más… en el Olimpo de los Dioses.

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15. Monachil: Han pasado varios años desde que fuese descubierto para el gran público en las primeras ediciones del cambio de milenio en La Vuelta. Sin embargo, siempre sorprende cómo puede hacerse tan dura una vertiente donde hay un descansillo incluido. Verdaderamente no hay mucho tiempo para coger ritmo. Zarpazos al 15% por doquier y un escenario seco y amenazante con olivos de decorado. Con calor y sin viento no sé qué será esto… Justo antes de coronar El Purche uno piensa que ha terminado todo el sufrimiento pero la puntilla aparece justo después de un traicionero descenso. Esa recta que asoma al fondo es un infierno ya que llega hasta el 15%. Un espectáculo. El dúo Monachil-Hazallanas de 2013 en La Vuelta fue impresionante y en 2017 volverá a La Vuelta con culminación en el punto más alto que yo subí en 2016.

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Continuará…

 

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Los puertos más duros que he subido hasta 2016 (6-10)


Después de una primera entrada en la que mostré lo más de lo más en cuanto a puertos afrontados por estas dos patas madrileñas, ahora toca deslumbrar a los sentidos con otros cinco monstruos que bien podrían estar en la anterior clasificación. Los detalles para haberlos descartado son muy discutibles, por lo tanto, nos centraremos en describirlos con la misma pasión con que los ascendí en su día.

6. Sierra Nevada por Hazallanas y el Collado de las Sabinas: En La Vuelta de 2017 es presumible que realicen el mismo recorrido que yo probé en marzo de 2016. Entonces había nieve y en septiembre de 2017 no habrá más que calor. Desde Güejar-Sierra se inicia un Angliru a más del 9% con algunas rectas que quitan el hipo entre árboles de monte medio. Cuando quedan dos km. para el cruce con la carretera general, la pendiente disminuye hasta recuperar las pulsaciones. Horner dinamitó La Vuelta en 2013 con un ataque inolvidable nada más empezar la ascensión. Ya que entonces no hubo una apuesta por reventar la carrera subiendo por el Collado de las Sabinas, quise comprobar de primera mano cómo se las gastaba la vertiente. ¿Resultado? Pulsaciones muy altas ya que el 8-11% constante de ese tramo es espectacular dentro de un pinar en receso por la altitud. Al llegar a los 2.100 metros, toca estar expuesto a todo (calor, viento, oxígeno menguante…) y los descansillos no son suficientes para mitigar el esfuerzo que se prolonga mientras que descartamos las bajadas a Pradollano ya que el objetivo es Hoya de la Mora, a 2.500 m., prácticamente donde paré ante la acumulación de nieve. Seguir hasta el Veleta se me antoja muy exigente, lo que convertiría esta ascensión en la número 1 de mi lista. Los casi 3.400 m. de ese pico serían una locura que se repite cada último domingo de junio en la Sierra Nevada Límite.

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7. Roque de los Muchachos: La Palma es el lugar del mundo que más me ha gustado. Lo conocí gracias a mi periplo por las Islas Canarias. Tres viajes desde 2013 hasta 2015, dos por trabajo y uno por ocio, siempre en una jornada. Sabiendo que mi etapa en Gran Canaria estaba llegando a su fin, decidí inventarme un viaje estratosférico: salida en sábado a las 7:20 de la isla canariona, llegada a las 8:10 a “La Isla Bonita”, recorrido en coche por el cono sur, alquiler de bicicleta en Puerto Naos en el sudoeste, trayecto de nuevo en coche de este a oeste por el centro de la isla, llegada a la capital para dejar el coche en el puerto y subida y bajada al puerto hasta entonces más alto que había intentado, el Roque de los Muchachos (2.428 m.). Todo en un día, ya que el vuelo salía de vuelta en ese sábado 6 de junio a las 21:00 horas. No sólo salió todo perfecto, sino que puedo decir que fue lo más espectacular que nunca he osado hacer. Iba yo solo. ¿Y si me hubiese pasado algo tanto subiendo como bajando? Daba igual. Era la oportunidad de mi vida. ¿Ir desde Madrid a La Palma con lo que cuesta sin ser residente? Imposible. Era el día ‘d’ a la hora ‘h’.

Me hizo un día soñado, con nada de calor asfixiante y sin subes. No había quien se lo creyese. ¿Del puerto qué puedo decir? Que fue una lucha por la supervivencia hasta cierto punto: tres zumos tropicales de 33 cl y dos bidones de agua para 44 km. de ascensión con sólo tres y medio de bajada… ¡Apenas me llegaron a pasar 20 coches en los 90 km. de recorrido donde no se encuentra ningún núcleo urbano ni restaurante! ¡Qué experiencia! Salí desde el nivel del mar hasta coronar la cima superando una pendiente media ponderada de más del 6%. ¡Y no es la vertiente más dura, la de Garafía! Como en el Teide que había ascendido en marzo de 2015, hay arboleda de pinar hasta los 2.000 metros y paisaje lunar al final. El Mirador de los Andenes a 2.200 m. marca el final del puerto en sí durante los primeros 32 km. antes del descenso que hace bajar la pendiente. Al no soplarme viento y al no sufrir de calambres, puedo decir que me dolió menos que el Teide y eso que es notablemente más duro. Cuando uno toma el último desvío, afronta una pared rodeado de roca volcánica mientras que va dejando a un lado los observatorios astronómicos que tanto emocionan a los amantes del universo. La fotografía que me tomaron arriba se la envié a mi abuela por su nonagésimo primer cumpleaños. “¡Felicidades a mi Chatita”, rezaba la dedicatoria. Fue el último aniversario de ella. Hoy en día el marco está en mi mesilla de noche.

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8. Teide (desde Santa Cruz de Tenerife): Estaba atareado y aburrido en Gran Canaria, como siempre. De repente, me vino la idea a la cabeza: ¿y si un domingo a la mañana cojo el barco de Las Palmas de Gran Canaria a Santa Cruz de Tenerife con mi bici dentro para subir desde la capital chicharrera el descomunal Teide hasta el teleférico a más de 2.300 m.? Sí, no me iba a salir un % medio de escándalo, pero en las alturas de marzo se iba a hacer muy duro. En un día de calima zarpamos mis padres y yo, alquilamos un coche en el puerto y tiré por La Laguna, La Esperanza y demás hasta alcanzar el Puerto de Izaña. En total son 46 km. al 5%. Habría que decir el típico “ahora vas y lo cascas”.

No había tramos de especial mención, pero poco a poco se iba ganando altura y las piernas empezaban a necesitar muchos plátanos (cuatro entraron en el estómago durante la ascensión). Desde los 2.000 metros la corona forestal que me acompañó desde los 1.000 desapareció dejándome en un paisaje lunar donde el viento pretendía tirarme. Una vez tuve que poner el pie a tierra justo cuando los calambres y una ráfaga me diezmaron a 2.100 metros. Coronadas las antenas del Puerto de Izaña a más de 2.200 metros de altitud, tuve que bajar, no sin peligro provocado por el dios Eolo, hasta el cruce con la carretera que asciende desde Puerto de la Cruz (posiblemente la vertiente más dura en cuanto a %) y me encaminé a superar el último tercera al estilo Aprica en Italia donde lo más importante no eran los porcentajes sino la altitud, el disfrute de los escenarios naturales y la no aparición de los calambres. A apenas dos km. del destino final, justo por delante de una patrulla de la Guardia Civil, mis dos piernas se pusieron de acuerdo para aguarme la fiesta. “¿Estás bien?”, me preguntaron los oficiales. “Sí, tengo que terminar”, respondí. Y eso hice tras una bajadita de un km. El último esfuerzo fue de unos 600 m. para llegar al aparcamiento del teleférico atosigado por un 12% postrero. Vi a un Sky que coronó mientras que yo posaba para las pertinentes fotos. Jornada inolvidable.

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9. Tourmalet (ambas caras): Cuando cumplí 30 años, decidí regalarme la ascensión al Tourmalet por las dos caras. No las acometí en el mismo día debido a su dificultad extrema y a su colocación entre la Quebrantahuesos y L’Ariégeoise. La experiencia fue más que óptima en 2014 y nunca se me olvidará. ¿Qué decir de la vertiente este de La Mongie? Que es más corta, más preciosa y más concentrada en su dureza que la de Luz, la cual es más escénica, más constante y más alpina.

Empecemos por la primera de las mencionadas. Hasta que no llegamos a Gripp no recibimos las primeras pendientes agudas entre un bosque majestuoso donde la niebla fue protagonista en su día. La bici se queda estancada y eso que estamos hablando de números entre el 8 y el 11%. Cuando aparecen las galerías, entramos en un valle imponente donde corre el agua y todo se abre, hasta incluso el maillot porque la exigencia es total. Cuando La Mongie se asoma, sólo las referencias visuales disminuyen algo el pesar sobre las dos ruedas y es justo después de esa estación de esquí cuando pensamos que estamos construyendo nuestra propia historia como casi cada julio vemos en TV. Las incesantes curvas, los prados verdes y las rampas que no quieren bajar del 9-10% nos acompañan hasta esa escultura en honor a Octave Lapize, el primer corredor que coronó estos 2.115 metros en 1910.

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Por el otro lado, el de Luz-St.-Sauveur, hay segmentos más y menos duros, siendo la zona de Barèges y los últimos tres km. los que más se hacen notar al superar el 10% de forma más acusada y rondar los 2.000 m. Lo más desolador es que desde los 1.500 m. ves todo el final de la ascensión y eso produce desánimo si vas muy tocado. Me parece una vertiente de desgaste, con carretera mucho mejor asfaltada y más ancha, y no tan decisiva como la de La Mongie. Los números no engañan y el coeficiente de dureza es superior en la primera vertiente descrita. Sea como fuere, es un lugar de obligado paso por todo cicloturista que se sienta maravillado por las dos ruedas.

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10. Plateau de Beille: L’Ariégeoise es mi prueba preferida aunque en 2017 seguramente no pueda acudir, rompiendo así mi racha de tres participaciones seguidas. El hecho de que cada año cambien el recorrido es un aliciente extraordinario. En 2014 y en 2016 la marcha acabó en la monumental ascensión de Plateau de Beille. No es la más bella, no es la más dura, pero siempre deja un poso de dolor en las piernas sobre un asfalto que quiere dejar rodar a la bici pero donde no hay un suspiro muy continuado. Desde Les Cabannes tomamos un desvío para subir a la estación de esquí donde encontraremos como una mesa de Ocaña (salvando todas las diferencias de verdor) y algún lago. Quitando el primer kilómetro y los dos últimos, la prueba es sinceramente mayúscula durante sus 16 km. Uno tiene la sensación de que el descansillo mayor será un 8% y que no hay que quejarse. Imaginaos llegar allí con casi 3.000 metros de desnivel en las piernas y con el calor o humedad típicos de esta zona exuberante en verano. No puedo garantizar que haya una zona más exigente que otras. Recuerdo que en la mitad hay un segmento de hasta el 14%, pero tampoco lo diferenciaría mucho del resto. Este puerto no está más arriba de la lista porque no tiene la suficiente altitud para destronar a ‘cols’ más sonados.

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Antes muerta que sencilla o cómo La Vuelta sigue siendo fiel a sí misma


Gran día para el ciclismo español. 9 de enero y presentación de La Vuelta en Santiago de Compostela. He aquí el recorrido: http://www.lavuelta.com/la-vuelta/2016/es/parcours-general.html.

Aunque alguna etapas están muy bien diseñadas (Puebla de Sanabria, Bilbao, Urdax, Aubisque y Ribera Sacra) y otras contienen más dureza que el típico unipuerto (Ézaro, Aitana y Formigal), creo que de nuevo es una Vuelta de cuestas finales, donde el esfuerzo físico a lo gladiador se impone y sin atractivo para corredores que no sean propensos a disputar la general o del estilo Nicolas Roche. Es decir, estamos abocados a ver a los mejores corredores de las grandes vueltas menos Valverde, pero a pocos amantes del llano y casi ningún sprinter (como en 2013, en el que Cancellara era de los más rápidos).
Y por cierto, las etapas como la de La Camperona o Peña Cabarga son demasiado unipuerto, aunque sus rampas finales se inserten perfectamente en un vídeo de 10 minutos de Youtube.
Eso sí, es mejor este tipo de Vuelta respecto a algunos Tours de los últimos años (sobre todo el de 2012, que fue insuperable en estupor) y la emoción está más distribuida que el Giro de Italia de 2016, por ejemplo, ya que todo se juega en la última semana, aunque haya algunas etapas de media montaña que puedan interesar algo.
La contrarreloj es suficiente para que un corredor como Dumoulin se pueda interesar por repetir, pero los cuestones de La Camperona, Ézaro, Peña Cabarga y Llucena le pueden echar para atrás. Y ahí es donde aparece la figura de Purito de nuevo, que a sus 37 años se podría colar de nuevo entre los 5 primeros.
La Vuelta a España​ sigue fiel a su estilo, que es un gran valor, y proponiendo llegadas inéditas como Teixido, Urdax o Llucena, pero nos deja sin poder atraer a corredores como Sagan, quizás. Aunque quizás no sea así y venga… Desde luego, cualquier comparación respecto a la mejor participación histórica de 2015 será odiosa.
En definitiva, “antes muerta que sencilla”, antes desaparecida que en el ostracismo por no ser peculiar, significativa y emocionante de principio a final.

Fito y Lagos de Covadonga en bicicleta


Dentro de lo que cabe, tras el mal trago pasado en la ascensión a Lagos de Covadonga de 2012 (https://carlosvelasco.wordpress.com/2012/09/07/los-lagos-de-covadonga-y-un-cicloturista-con-un-cambio-casi-roto/), no había más remedio que intentarlo de nuevo en el viaje a Asturias de 2013 y por eso, en el mismo día que debía volver a casa, acometí un recorrido corto (53 km.) con los dos colosos Fito y Lagos en la misma etapa que partió de Coceña. Eran los mismos últimos 53 km. de la etapa de 2012 de La Vuelta que ganó Piedra y donde Purito Rodríguez cosechó unos segundos más respecto a Contador. He aquí el perfil de ese día:
ETAPA DE LAGOS DE COVADONGA EN 2012 EN LA VUELTA

El Fito no sólo es corto y duro (http://www.altimetrias.net/aspbk/verPuerto.asp?id=334) con ese casi 8% que deja duritas a las piernas, sino que presenta una especial belleza si uno es capaz de ascenderlo sin niebla. En mi caso no se produjo ese, pero no pasó nada; contaba con ello. El descenso es botoso pero como no hay mucha pendiente, uno puede trastear bastante bien. En Arriondas me equivoqué el primer desvío pero fui capaz de dar la vuelta a tiempo y llaneé hasta Cangas de Onís, donde un poco más adelante tomé la carretera hacia la derecha que me iba a llevar primero hacia la Basílica de Covadonga y más tarde, tras sortear la famosa rotonda a 230 m. de altitud, hacia Los Lagos de Enol y Ercina (http://www.altimetrias.net/aspbk/verPuerto.asp?id=335). ¡Qué comentar de una ascensión ya conocida! Durísima a pesar de que la bicicleta de 2013 pesaba 2.5 kg. menos que la de 2012 y eso que portaba también un desarrollo muy diferente y más cómodo: 42×29 en 2012 y 34×28 en 2013. La Huesera sigue siendo la Huesera y el Mirador de la Reina continúa atragantándose a cualquier cicloturista que no esté muy preparado. Recuerdo que el día 25 de junio había hecho la ruta de la Cobertoria y el Cordal (https://carlosvelasco.wordpress.com/2013/07/11/el-intento-fallido-de-subir-el-angliru-del-25-de-junio/) y el 28, un día antes de Los Lagos, había subido San Lorenzo y La Farrapona (https://carlosvelasco.wordpress.com/2013/07/12/san-lorenzo-y-la-farrapona-en-una-jornada-preciosa-en-asturias/), por lo que Los Lagos pesaron bastante en las piernas. Aun así, es imposible arrepentirse de esta mágica ascensión que presenta una pendiente media menor de lo que realmente supone subirla. Aquí está la prueba.

Perico en 2012 para TVE realizó este reportaje donde se demuestra la dureza que mis acompañantes pudieron grabar.

Puntos de vista sobre La Vuelta


Leo por la mañana del domingo 11 de septiembre (justo el día que termina La Vuelta a España en el centro de Madrid) este artículo publicado por Fernando Llamas en http://www.elmundo.es (http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2011/09/11/ciclismo/1315694485.html). Tras vuestro vistazo oportuno, voy a contestar.

El Giro y La Vuelta se están excediendo en sus recorridos a la hora de crear una espectacularidad mayor para atraer a un espectador que si puede se echa la siesta y pasa olímpicamente de unos hombres montados en una bicicleta. Si hay rampones, los recorridos interesan más. Ha habido por lo menos quince cuestas impresionantes en esta Vuelta y muy pocos sprints. Al final y al cabo se echan de menos las oportunidades para los velocistas porque no existe un equilibrio y la sensación que se produce es que todo el rato están escalando los corredores. El exceso también se paga, y sobre todo en las piernas de los ciclistas. No ha existido una importante concatenación de puertos (menos los días de la Farrapona y del Ancares), pero sí se han recorrido demasiadas pendientes. Tantísima montaña y a veces muy mal distribuida en la misma etapa (como la de la etapa del Ancares o la de Vitoria) no ha hecho más que eliminar del primer puesto a los contrarrelojistas, pero si después de tanta dureza Wiggins y Froome (dos ciclistas que se sienten muy bien con la ‘cabra’) sólo han perdido menos de dos minutos, el resultado significa que ha habido mucha dureza pero muy explosiva, así que con una lógica segunda contrarreloj de 35 kilómetros, ellos dos se habrían disputado la victoria de La Vuelta.

¿Se ha convertido La Vuelta en un campo de supervivencia? Ni tanto ni tan calvo, pero sí es cierto que se recurre más al morbo y al sensacionalismo con algunos recorridos que al dinamismo de la competición. Personalmente, no me he aburrido ni un solo día de la ronda, porque siempre había un momento para la concentración, pero hay que buscar un mayor equilibrio para compensar a todos los participantes.

La Vuelta 2011, un terreno comanche


He leído desde enero de este año muchas críticas y valoraciones sobre el recorrido de la Vuelta a España de 2011. Tras ver los últimos retoques efectuados por la organización, debo decir que es impresionante la apuesta de los máximos responsables de esta carrera.

No nos vamos a aburrir más que en 5 etapas (las llanas), porque el resto de días nos vamos a divertir como jabatos. Puertos cerca de la meta para imponer el nerviosismo en el pelotón, llegadas en cuestas cortas pero muy duras, etapas en las que se va a volar para ascender un único alto, muchas posibilidades de escapadas-bidón, dureza repartida para que haya oportunidades de lucimiento casi cada día para los capos de la general… La etapa de la Farrapona me encanta porque tras San Lorenzo la meta se halla en un puerto largo y con tramos muy duros pero discontinuos. La de Ancares que llega a Ponferrada no se sube (creo yo) por la vertiente más tremenda de este puerto lucense, pero aun así, me apasiona la apuesta. Que no se ascienda a Navacerrada no me inoportuna, ya que la etapa de San Lorenzo de El Escorial será nerviosísima. La subida al Angliru tiene los tintes previos necesarios para entretenernos al máximo. Y luego, sólo una contrarreloj larga, lo suficiente para que los más rodadores cuenten con algún porcentaje para vencer en Madrid. Y que La Vuelta discurra por el País Vasco con dos etapas muy nerviosas… otra gran noticia.

Respecto a la participación, quizás falten seis corredores de primerísimo nivel (a saber: Sánchez, Evans, Contador, los Schleck y Basso), pero los que se han presentado en la salida cuentan con un potencial válido para que lo pasemos muy bien. Quiero que gane Joaquim Rodríguez porque es un valiente sobre la bicicleta.

Vamos a disfrutar desde hoy mismo a través de Teledeporte. La Vuelta 2011 merece la pena.

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