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Cómo Internet nos cambia la capacidad de atender


“Ha cambiado la forma de leer. Ahora los mensajes son más cortos y se necesita describir menos y leer más rápido”, dijo Juan Luis Cano, miembro de Gomaespuma en el programa LA NUBE de La2 el día 3 de mayo.
Ciertamente, soy incapaz de leer algo profundo. Mi capacidad de atención cuando estoy visitando páginas web es muy limitada. Necesito multiplicar mis focos para que yo sea capaz de estar entretenido. La mala lectura en Internet se despliega también sobre el papel. Ahora ya no aguanto libros que no tengan párrafos cortos. Por eso los ‘best-seller’ triunfan aún más. Y si tienen sólo 200 páginas, mejor. Información centralizada, sistematizada, lista para consumir y libre de valores muy metafísicos. La superficialidad de nuestra vida actualmente no nos deja actuar ni recordar. Es más, apenas me quedo con datos cuando leo. Sólo atiendo a la globalidad. Mi cerebro filtra todo y se queda con escasos puntos. No importa. Nuestro discurrir pasa demasiado rápido y por pocos euros podemos obtener una amplia información. La sociedad de la información y la historia de la abundancia explotan nuestra paciencia. Es más, ya estoy tardando demasiado en terminar esta pequeña disertación. Hasta otra, lectores.

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Megaupload y los puntos de vista


Tenía muchas ganas de poder sacar el tema de los derechos de autor en la era digital. Creo que el concepto antiguo de derechos de autor se ha visto totalmente desarraigado y desvirtuado por el avance tecnológico. Éste es el concepto que he labrado en la actualidad y los casos de la realidad están revestidos de una mayor complejidad (sobre todo económica con el gasto cero y la rentabilidad muy alta como premisas).
Lo de Megaupload estalló el pasado jueves. Ya sabéis: el FBI cerró una página particular de descargas muy utilizada en todo el mundo. Tras el período de reflexión que los medios y las personas de a pie hemos experimentado, me quedo con este artículo de opinión escrito en ELMUNDO.ES: http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/catalejo/2012/01/20/pirateria-o-falta-de-oferta.html.
En el mismo Sergio Rodríguez (que no es el jugador de baloncesto, sino un periodista especializado en temas digitales) nos exponde varios puntos muy reseñables sobre la polémica del cierre de este sitio web de descargas:
– “Megaupload nació en respuesta a una demanda social: la necesidad de ver y descargar televisión, cine y música de forma sencilla y a precios razonables. Megaupload fue una mala solución para un problema que hasta hace sólo tres años no tenía remedio”.
– “Megaupload sirvió para abrir la puerta a un modelo de negocio notable, legal y hoy boyante: el almacenamiento de archivos para uso personal o compartido”.
– “Megaupload no sería hoy noticia si hace cinco años la industria del cine, la televisión, la música y la editorial hubiesen decidido adaptarse al modelo de negocio del futuro, tanto en tecnología como en precio”.
Creo que en estas tres premisas está muy bien resumido el asunto. Las empresas culturales han preferido continuar con un modelo de negocio inadaptado a las nuevas tecnologías y no han aceptado unos precios más asequibles para consumirse los documentos audiovisuales en Internet. Esto ha beneficiado aún más a páginas como Megaupload, que podían usarse sin ni siquiera incumplir con los derechos de autor, pero la mayoría de los usuarios decidieron “malutilizarlo”.
Pienso que los derechos de autor en el futuro no podrán disponer de la protección necesaria como para legislar de forma restrictiva. Llegará un momento en el que Internet socialice y ponga en común sin tapujos a los derechos de autor y no veamos a los escritores, productores o artistas como monopolizadores de unos beneficios (que por otra parte son legítimos). ¿La vuelta a una sociedad de juglares en las calles, es decir, en las páginas de Internet? No, pero casi.

La adicción al móvil


Siento una especial admiración por las personas que son capaces de desconectar un móvil durante 15 días y no tienen la más mínima intención de encenderlo en ese período. Yo sería incapaz. Y ahora que tengo Internet en el móvil, todavía menos.

Antes de disponer de esa herramienta “de lujo”, simplemente encendía el celular y esperaba a ver qué hora era. Me iba a cepillarme los dientes o a vestirme y estaba tan tranquilo. En cambio, ahora lo primero que hago es comprobar el correo electrónico y el Facebook, porque en apenas un minuto ya tengo la posibilidad de ejecutar ambas funciones.

Además, si antes escuchaba la radio o leía un interesante/infumable libro en el autobús, ahora lo que quiero es conectarme a Internet para llegar totalmente informado al trabajo sobre las últimas novedades del baloncesto (aspecto que me parece muy bueno para mi profesión).

Si antes me preocupaba por el móvil sólo unas dos veces durante toda la mañana, ahora como recibo los correos electrónicos y escucho una corta sintonía, inmediatamente desatiendo cualquier actividad y me centro en el móvil. Por otra parte, no soy capaz de ir andando por la calle sin estar pendiente de si hay alguna actualización en mis cuentas de redes sociales.

Mi conclusión es muy clara: estoy radicalmente enganchado y sería incapaz de dejar el móvil en la cocina e irme a mi habitación para escuchar música durante una tarde. Necesito al móvil cerca de mí todo el rato. “Es mío, es mi tesoro”. Me siento como Gollum. ¿Para cuándo llegará la consecuente metamorfosis y mi aislamiento durante 500 años en una cueva en las montañas?

La mala educación de los ‘movilnautas’


Somos unos verdaderos maleducados. Lo reconozco. Esto de tener Internet en el móvil (os habla casi un dinosaurio de la alta tecnología) provoca comportamientos totalmente inadecuados y con escaso sentido común.

Estoy cenando con dos amigos. De repente, me pregunto si mañana lloverá y lo normal es esperar al día siguiente, mirar en casa en el teletexto, chequearlo en el ordenador personal de casa o mirarlo en el periódico si lo llevo encima. Escojo la última opción y me doy cuenta de que en ese preciso instante estoy desatendiendo a mis dos compañeros de mesa, pero dentro de lo que cabe lo único mal visto que yo haría sería mancharme los dedos de tinta, porque en nuestro código social echar un vistazo al periódico no es tan malo. Sin embargo, como ahora tengo Internet en el móvil, lo segundo que hago es sacar el aparato de mi bolsillo y enciendo la aplicación de la web. Tardo unos 2 minutos en descifrar qué condiciones metereológicas se van a producir en las próximas 96 horas. Como soy bastante preciso en mi información, hasta mis dos amigos se animan a preguntar qué tiempo hará en Sevilla dentro de 5 días. El resultado es que he enganchado a mis dos amigos en mi acción, pero si no lo hubiese hecho, habría pasado de ellos durante esos dos minutos.

Por otro lado, fijaos en la escena siguiente, la cual me parece graciosa: estamos 5 personas discutiendo sobre si Spielberg dirigió o no una película. Unos dicen una cosa y yo digo otra. Como creo que yo estoy en lo cierto, “amenazo” a mi amigo a que ni se le ocurra llevarme la contraria, porque si lo busco en el móvil se quedará totalmente por los suelos.

¡El móvil sirve para desdecir a las personas en las conversaciones! Hemos perdido la capacidad de ser absolutamente ignorantes de un dato. Viva Internet en el móvil. En la siguiente entrada, os hablaré de las consecuencias negativas de esta costumbre nueva en mí.

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