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La conquista de América, la colonización, la felicidad y la experiencia según Vázquez-Figueroa


De nuevo de “Garoé” de Alberto Vázquez-Figueroa os aporto estos párrafos que añaden una gran carga de reflexión a nuestras vidas. Nos hallamos en el siglo XVI en la isla de El Hierro.
“- A la Corona le espera una difícil misión a la hora de cristianizar a nuevos pueblos allende el océano, no tenemos ni la menor idea de cómo hacerlo y supongo que tu experiencia le sería de gran ayuda.
– Pues supones mal y te suplico que perdones mi brusquedad y mi franqueza; acabamos de pasar de dominados a dominadores y que yo sepa ninguna nación aprendió de sus errores, ni aun de los ajenos, a la hora de ampliar sus fronteras. A menudo consiguen ser más poderosas, pero rara vez más sabias.
– Es la experiencia la que nos permite ser más sabios y empiezo a considerar que en ese terreno posees una gran experiencia.
– La experiencia siempre ha sido el más amargo de los aprendizajes, querido amigo… -sentenció seguro de sí mismo el general-. Para aceptar la felicidad no necesitas experiencia; llega, te envuelve, y ninguna conclusión extraes de por qué razón te eligió. Incluso tiendes a considerar que ha sido así porque te lo merecías, pero, por el contrario, las desgracias son dolorosas heridas que acaban llamándose experiencia aunque en realidad no son más que cicatrices.”

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La fe, Dios y el devenir del ser humano según Vázquez-Figueroa


En otra entrada os comenté que había leído “Garoé” del autor canario Alberto Vázquez-Figueroa. De sus páginas 146 y 147 os adjunto éstos párrafos que espero que os hagan reflexionar para un lado u otro. Habla primero el monseñor Alejandro Cazorla, el cual quiere convencer a que el general Baeza sea el gobernador de El Hierro. Las vivencias de éste último con los isleños de esa isla le marcaron profundamente:

“- La fe no admite matices… -sentenció el religioso sin el menor rastro de duda-. Se tiene o no se tiene.
– Te equivocas, querido amigo. ¡Y mucho! La fe admite infinidad de matices porque unas veces existe, otras no, y otras cambia en cuestión de minutos…- Gonzalo Baeza indicó con un gesto de la barbilla el camino por el habían regresado de su larga caminata y prosiguió-: Esta tarde te invité a dar un paseo por el mirador del acantilado y no dudaste ni un minuto porque confías en que conozco bien el camino; sin embargo, si te lo propusiera ahora, te negarías en redondo [es de noche] pese a que yo soy la misma persona, el camino continúa siendo igual de peligroso y el mirador no se ha movido de sitio.
– ¡Qué ejemplo tan ilógico! ¡Es que ahora es de noche!
– ¡Exacto! Y debemos entender que pese a que en ocasiones nuestra fe brille con tanta fuerza como el sol, de pronto la oscuridad se puede cernir sobre nuestros corazones hasta el punto de que el acantilado deja de ser un hermoso mirador sobre el mar para pasar a convertirse en un terrorífico abismo. -El general retirado chasqueó la lengua como sin con ello quisiera significar que era algo que a su modo de ver no tenía remedio antes de concluir-: A menudo con Dios ocurre algo semejante: pasa de ser la salvación eterna a ser la eterna condenación, y ese es un juego en exceso cruel para la inmensa mayoría de los seres humanos, que son demasiado débiles a la hora de soportar cambios tan bruscos.
– El acero se forja pasando del fuego al agua.
– Pues si el Creador quería que fuésemos tan resistentes, poco trabajo le habría costado hacernos de acero y no carne y hueso… -El dueño de la casa hizo un gesto con la mano con el que pretendía indicar que el rumbo de la conversación dejaba de interesarle antes de añadir-: Ahora bien, si lo que pretendes es que te aclare por qué razón no quiero aceptar ese dichoso nombramiento de gobernador de El Hierro, pero cada vez que te estoy contando algo importante nos enredamos en disertaciones que no vienen al caso, acabaré el relato en mi lecho de muerto. O dejamos a Dios a un lado, o no acabaremos nunca.
– A Dios nunca se le puede dejar a un lado… -señaló el otro con una leve sonrisa y tras un sorbo de licor de cerezas-. Pero algo de razón tienes.”

El potencial del ser humano según Vázquez-Figueroa


Ya me he leído quince libros de Alberto Vázquez-Figueroa. No pretendo aquí ser un pretencioso vendedor de motos para que consumáis los libros de la editorial “De bolsillo”. Todo lo contrario. Lo que quiero es exponer una serie de párrafos que me han fascinado de la novela “Garoé”, la cual cuenta una historia de la isla de El Hierro de cuando los españoles aún no la habían conquistado y acudían allí para conseguir la orchilla, una sustancia de la que se extrae el colorante del color púrpura, el que simboliza el poder.
De la página 114 destaco este párrafo:
“Todo ser humano es un potencial cataclismo tanto para otros seres humanos como para la naturaleza debido a su ilimitada capacidad de provocar daño incluso cuando no tiene intención de causarlo. El resto de los seres vivientes pueden influir de forma más o menos intensa en su entorno, pero como los hombres hemos tenido la habilidad de adaptarnos de igual modo a los desiertos que a los hielos y a las selvas que a los mares, nuestra capacidad destructiva no conoce fronteras”.

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