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Entradas etiquetadas como ‘cine’

‘La Silla’, una película sobre lo material y lo inmaterial


Reconozco que no sé por qué me llamó la atención la película ‘La Silla’ que echaron recientemente en La2. Me enganchó el hecho de tratarse de un argumento curioso (un hombre vive en un cuarto de una oficina y a pesar de que posee varios objetos ninguno le llama la atención y siente que no los posee, hasta que se encuentra con una silla de madera y de metal y de diseño ochentero en un local de un polígono industrial) y de amasar el aspecto del existencialismo ‘kafkiano’ y el teatro del absurdo.
Dejando a un lado que me dormí durante un rato (no sé si el ritmo de la película sedujo a mis neuronas y las cautivó), lo cierto es que es la típica creación audiovisual que en la que tienes que reconocer a Wallovits (el director) que pretendió lograr una película minimalista, rodada en una zona de poligonos industriales de Badalona y con actuaciones que subrayaban lo ridículo de la existencia y de los comportamientos humanos. El protagonista se sumerge en un estado de falta de correspondencia vital y por ello no sabe muy bien lo que busca ni lo que aspira a llenarle el espíritu.
Lo banal (lo material) y lo intangible (lo inmaterial) se entremezclan y gracias a los secundarios (a priori torpes) la (lenta) acción se dispersa, consiguiendo que el espectador no se aburra demasiado.
El abrir y cerrar la obra con la niña en el patinete (un “volver a comenzar” según Wallovits) a través de un plano secuencia mediante un travelling permite al receptor quedarse embobado intentando rastrear entre las posibles respuestas y sugerencias que transmite este existencialismo.
Quitando lo aburrido de la propuesta y que hay que enfocarla desde un prisma absolutamente positivo desde el inicio (sabiendo a lo que se va), ‘La Silla’ podría terminar sugiriendo más que contestando y eso a día de hoy no es algo que nos produzca placer en nuestros ratos libres.

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“La piel que habito” de Almodóvar, más que una película


Reconozco que no he visto toda la producción cinematográfica de Pedro Almodóvar (sí todas desde “Todo sobre mi madre”) y que he esperado un año a atreverme a desempolvar “La Piel que habito”, la última idea del cineasta manchego.
Hace unos días creí que era el momento adecuado de retirar los prejuicios que ya tenía de ella: una rallada monumental, no le ha gustado a casi ninguno de los espectadores que conozco, no ha recibido grandes premios, la acogida ha sido turbia…
Las casi dos horas de esta película no dejan indiferente a nadie. O la odias o la amas. Los personajes son tan antagonistas y tan definidos que resulta imposible que no te intenten atrapar. Además, hay detalles de gran cine en los fundidos, en las imágenes superpuestas, en la estructura deslavazada de un guión que termina consiguiendo un sentido, en la composición escenográfica, en la entrada de la luz…
Pero el argumento en sí (una violación que se castiga con un exilio y un cambio de sexo hacia el infractor) provoca sensaciones muy contrapuestas. El rechazo a las imágenes de sexo no querido y a las repercusiones involuntarias lo gestiona el espectador con dos posibles actos: apagar la televisión o proseguir con avidez de conocer más detalles. Almodóvar no descartó ninguna de las dos opciones y por ello supo que podía componer una obra maestra o un circo sexual y alocado. Los valores de cada persona que se siente delante de la proyección harán el trabajo sucio. El contenido asaltará a las cualidades de la forma y por ello Almodóvar se aislará en un púlpito que todo el mundo contemplará por obligación gracias a su espectacular marketing.

‘La soga’ de Hitchcock


No sé si habéis sido tan afortunados en vuestra vida como para ver el despliegue filmográfico de Alfred Hitchcock en su película ‘La soga’ (1948). Ayer la revisé por enésima vez. Son sólo 75 minutos de una intriga que va creciendo y que nos sitúa en la piel de los propios personajes gracias a planos y a miradas absolutamente envolventes. Para mí es un diez sobre diez (ayer vi un fallo que quise racionalizar enseguida para no cabrearme con el director inglés) y la considero la mejor del genio de la Historia del Cine.
Trata sobre dos (¿homosexuales?) que deciden asesinar con una soga a un hombre, justo antes de recibir en una sala a una serie de invitados entre los que se encuentran su padre, su prometida, su antiguo profesor y otras personas. Deciden meter al cuerpo en un baúl sobre el que cenarán y alrededor del cual conversarán. Como a uno de los causantes se le escapan actitudes y comentarios contradictorios, el maestro (creyente en las teorías de Nietzche y del superhombre e influyente en los dos asesinos) descubre todo el pastel.
La técnica de rodar la película como si fuese una sola toma (los rollos no duraban más que diez minutos) la rompe Hitchcock en un par de ocasiones en el único escenario. Es una película teatral, pero está filmada con tal cuidado de los detalles imprescindibles del guión que nos parece cualquier cosa menos una obra teatral. Se trató de la primera película en color de Hitchcock y su primer intento como productor y director independiente. En principio Cary Grant iba a encarnar al personaje de James Stewart (magnífico en su papel) ya que le consideraban mucho más taquillero que al segundo.
Sobre el escenario tuvieron que “hacer las paredes del piso correderas para que la cámara pudiera seguir a los actores al pasar por las puertas, que eran estrechas”, afirmó Hitchcock. Además, para posibilitar que la cámara se moviese, los encargados debieron desplazar las sillas y las mesas constantemente. Finalmente Truffaut en su mítico libro de conversaciones con Hitchcock se sinceró al comentar que “todo director se ve tentado por el sueño de aunar todos los componentes de un filme en una acción única continuada. En ese sentido, constituye un paso positivo en la evolución que ha tenido Hitchcock”. Por muy insensata que pareciera, este casi total plano secuencia (los cortes se realizaban al enfocar mayoritariamente a las espaldas de los protagonistas) ha pasado a la Historia del Séptimo Arte por su atrevimiento y por su excepcional acabado. Os lo recomiendo fervientemente.

¿Quieren ver casquería? Saw se la ofrece


Ayer viernes tenía intención de ver Saw VII 3D, la última (y no se sabe si definitiva) entrega de la saga del demencial hombre que murió en la tercera entrega y que continúa dando de qué hablar gracias a los flashbacks de los malísimos guionistas de la saga.

Hoy sábado tengo que decir que no iré a verla. ¿Por qué? Repasé por casualidad en youtube una serie de trampas que vi en las anteriores seis películas (una de ellas calificada como “x” en España por su inicio sádico y que incita a la violencia por la violencia) y descubrí que mi inteligencia había degenerado bastante. ¿Cómo podía yo admitir esto? ¿Ver cómo descuartizaban a las personas haciéndolas sufrir y sin capacidad de escapatoria salvo que se automutilasen o se quedasen heridas para siempre?

Quizás atraiga lo morboso, quizás se trate de que presenciamos aquello imposible de hacer porque la razón indica lo contrario, quizás esté hablando sobre las imágenes impactantes de Hollywood por antonomasia… Qué se yo. Lo único que tengo claro es que la bestialidad del gore de Saw ha pasado a mejor vida por mi parte y no gastaré ni un euro para promover una manera de crear cine que se aleja de cualquier elemento de sensibilidad, de sentido común y de gusto por lo estéticamente aceptable. No más Saw, no más gore barato.

Por otra parte, repudiamos a Saw (algunos más que otros), pero, ¿no nos damos cuenta de que casi todas las películas de acción han intensificado la producción de escenas de gore para generar un mayor realismo en el espectador? Como decía un profesor mío de Teoría de la Imagen, “Hollywood vende pornografía visual”.

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