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Poesías (VIII)


Hoy me encontré con esta poesía tan bella que compuse más o menos en Navidades del 2000 o a principios de 2001. Se llama PAZ EN LA TIERRA e iba dedicada a una persona que me tenía atrapado por aquél entonces hasta límites insospechados. Ahora diez años después, veo un sentido algo diferente a este poema, que se queda en el espacio del infortunio y de la guerra.

PAZ EN LA TIERRA (PEACE ON EARTH)

Una tenue melodía

enternece los días

como la lluvia fría

esta angosta sequía.

En el cielo, las estrellas;

y en los corazones, flechas.

El sol comprime las almas.

Las nubes las ensalzan.

La luz daña al sentido,

y a la vida y a la alegría

y a la esperanza y al río

por donde discurrimos,

el cual pierde su vía,

y llega la muerte que espera

a que las almas se repriman.

Cuando culmina la tristeza

su cima, sólo llorar. La cima.

Entonces surgen de las tinieblas

y del infierno la ilusión,

el valor, la lluvia y la nación.

Y entre la invernal y espesa niebla

aparece alguien y dice

con frustado rostro

que “tiene que haber

paz en la tierra”.

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Disfrutar es poco. Mi crónica de un concierto


Al fin y al cabo dar un concierto no es más que un ejercicio mental y a veces físico. Lo importante es lo que queda y este enlace puede ser clarificador: http://laretinadecristal.wordpress.com/2011/11/12/charly/. Uno puede ser muy bueno con un instrumento o simplemente tocarlo, sin más. El objetivo en todo caso es emocionar, cautivar y transmitir emociones, fuerza y sentimientos. No pasarán los 28 minutos (que me permitieron tocar, por mí habría estado 2 horas) del concierto del 11 de noviembre a la Historia de la Música. Es más, era imposible y no era una meta real. Pero sí hubo alegría e intensidad. Es lo que me vale. En mi canal de youtube podréis ver mi grabación del mismo desde un trípode y no podréis captar ni la mitad de lo que se vivió a eso de las 23:15 horas en el Auditorio Joaquín Rodrigo del Centro Cultural de Aranjuez. Espero que haya más oportunidades para disfrutar. Lo primero que publiqué en Facebook a los 10 minutos de terminar fue ésto: “Tengo la absoluta certeza de haber disfrutado sobre el escenario. Me ha encantado”. Sé de buena tinta que no sólo tuve yo esa sensación. Los cumplidos pueden ser más o menos arrogantes, pero no percibí nada de eso en las palabras que me dijeron ciertas personas tras acabar. Os paso unas fotos del concierto que pasará a la historia de mi vida particular. Gracias a todos los que apoyásteis esta causa, la causa de la energía y del goce.

Había unas 150 personas en Auditorio y todas se entregaron.

Guitarra en lo alto para pedir más.

Así se vio desde la grada.

Nuevos tweets de la Copa en mi Twitter


Si quieres saber mis opiniones sobre la Copa, accede a @CVelascoGigante en Twitter. Esta mañana hubo muchas actualizaciones.

Poesías (VI)


DURANTE LA RIADA (Diciembre de 1999)

Hoy todo continúa su rumbo.

Hoy todo parece lo que es.

Hoy todo se opone al revés

de lo que supongo que es el mundo.

Hoy creo que vivo,

que transpiro,

entre una riada.

Riada:

fuerte balsa

de esperanza

y desilusión.

Hoy todo sigue a lo que sigue,

sigue al enjuto universo

de tímidas imágenes, triste,

que no abarcan más que dos versos.

Hoy requiero una luz,

luz extensa y pálida,

que me impulse como haces tú.

Tú, destino insaciable,

loco compañero de viaje,

procura que yo ensalce

mi tenue lucha en las calles.

Se acercó (VIII de X)


La adrenalina de mi cuerpo se puso a funcionar a toda máquina. ¡Había muerto mi mujer! ¿Era un mal sueño que estaba teniendo y que, por consiguiente, tenía dos capas: la de la situación con Marta en el valle y la del asesinato de mi mujer? ¿La realidad era lo que había sucedido a mi mujer y yo deambulaba en un mundo irreal cerca del peñasco? ¿El mundo aparentemente irreal y apartado era real y lo que había recordado de mi mujer se trataba de una ensoñación? ¿Qué me estaba pasando? ¿Cómo podría hallar una respuesta? Sudé, jadeé y me puse tan nervioso que me mareé y perdí el conocimiento (¿sólo ahora había perdido el conocimiento?).

No sé cuántas horas pasaron mientras que yo estuve tendido sobre el suelo natural del valle. Era madrugada cuando yo recuperé mis cinco sentidos. El sonido de la vegetación de ribera movida por el silbido del viento me despertó y ya no chispeaba. Aun así, yo estaba totalmente mojado.

Me incorporé y sólo una débil luz de la luna me guió a pesar de que el cielo se hallaba parcialmente nublado. Eché mano a mis bolsillos para palpar el móvil, pero no pensé previamente que si yo seguía en aquel valle era porque no había utilizado mi celular. ¿Y por qué no había utilizado mi móvil? Porque no lo tenía. Alguien me lo habría robado o quitado desde que percibí que yo estaba en el valle.

Decidí retomar mis últimos recuerdos. ¿Por qué había muerto mi mujer? Ya sabía que la sangre era de mi mujer, pero ¿yo había buscado al asesino? ¿Cómo pudo escapar el agresor? ¿Qué cuentas pendientes tenía con mi mujer? La primera información que recibí a través del nuevo recuerdo fue que la ventana situada más arriba del retrete estaba abierta. Sus dimensiones podrían bastar para que una persona delgada se largase a través de esa apertura. ¿Fue realmente así? Por supuesto. Y yo usé esa salida para perseguir al malhechor. ¿Se hallaba cerca? Relativamente. La rendija daba a un callejón oscuro y que parecía una cloaca más que otra cosa. Casi en la esquina del final de la calle, vislumbré una sombra y un cuerpo que aguardaba mis siguientes movimientos.

– ¡Hijo de puta!- grité.

Desapareció por la calle perpendicular y yo me dispuse a correr como un desalmado para agarrar su cuello y ahorcarle. ¿Lo conseguí? Así es. 200 metros después tiré de su cabello y ante mi fuerza, se cayó al suelo. Intentó soltarme un navajazo en la pierna derecha, pero lo peor fue que me tropecé y di de bruces sobre el asfalto uniforme. La persona (no distinguí si era hombre o mujer) pateó la parte lateral de mis lumbares y me golpeó en la cabeza. Entonces, comenzó este estado de dudas que me estaba perturbando en el valle. Sea como fuere, yo estaba inconsciente o muerto y mi mujer no iba a vivir para contar mi recuperación. Ni yo iba a sobrevivir para relatar mi extraña experiencia con Marta. ¿O si?

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