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Puntos de vista sobre La Vuelta


Leo por la mañana del domingo 11 de septiembre (justo el día que termina La Vuelta a España en el centro de Madrid) este artículo publicado por Fernando Llamas en http://www.elmundo.es (http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2011/09/11/ciclismo/1315694485.html). Tras vuestro vistazo oportuno, voy a contestar.

El Giro y La Vuelta se están excediendo en sus recorridos a la hora de crear una espectacularidad mayor para atraer a un espectador que si puede se echa la siesta y pasa olímpicamente de unos hombres montados en una bicicleta. Si hay rampones, los recorridos interesan más. Ha habido por lo menos quince cuestas impresionantes en esta Vuelta y muy pocos sprints. Al final y al cabo se echan de menos las oportunidades para los velocistas porque no existe un equilibrio y la sensación que se produce es que todo el rato están escalando los corredores. El exceso también se paga, y sobre todo en las piernas de los ciclistas. No ha existido una importante concatenación de puertos (menos los días de la Farrapona y del Ancares), pero sí se han recorrido demasiadas pendientes. Tantísima montaña y a veces muy mal distribuida en la misma etapa (como la de la etapa del Ancares o la de Vitoria) no ha hecho más que eliminar del primer puesto a los contrarrelojistas, pero si después de tanta dureza Wiggins y Froome (dos ciclistas que se sienten muy bien con la ‘cabra’) sólo han perdido menos de dos minutos, el resultado significa que ha habido mucha dureza pero muy explosiva, así que con una lógica segunda contrarreloj de 35 kilómetros, ellos dos se habrían disputado la victoria de La Vuelta.

¿Se ha convertido La Vuelta en un campo de supervivencia? Ni tanto ni tan calvo, pero sí es cierto que se recurre más al morbo y al sensacionalismo con algunos recorridos que al dinamismo de la competición. Personalmente, no me he aburrido ni un solo día de la ronda, porque siempre había un momento para la concentración, pero hay que buscar un mayor equilibrio para compensar a todos los participantes.

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Un día por la Sierra de Madrid con la bici


Qué duro es ser cicloturista cuando empiezas. Llevo unos 1.500 kilómetros este año (pocos) y empecé en marzo. Desde entonces he subido los puertos de La Hiruela, Campadales, La Puebla, de Navafría, de Canencia y de Morcuera todos por ambas caras y el de Cotos por su única opción. Es maravilloso ir a la Sierra de Madrid para circular entre montañas, pinos, rebollos, prados, vacas, caballos y demás elementos. El lunes 13 de junio aproveché uno de los primeros días de calor severo de 2011 e hice una escabechina demasiado dura para mi capacidad, pero lo conseguí. Ésta era la ruta:

Ruta del 13 de junio por la SierraEl Puerto de la Morcuera no lo iniciamos a las 10:55 horas mi amigo Pedro y yo desde Miraflores de la Sierra, sino que escogimos la ruta más dura: la que se comienza en Guadalix de la Sierra, que tiene unos 14 kilómetros de ascensión real y se pasa de los 900 metros hasta los 1.796 m. La pendiente desde Miraflores es mayor (no en vano estamos hablando de un primera categoría) y hay unos 3 kilómetros donde se agarra la bicicleta. Yo llevaba desde el año 2000 sin subir Morcuera. Tenía unas ganas…

Bajamos por la cara Norte u Oeste (como se quiera decir) de la Morcuera. Es un descenso cómodo en los 5 kilómetros iniciales pero luego se complica y hay que atravesar varias herraduras. El calor se hace notar cuando llegamos a Rascafría, ciudad bonita que se magnifica con el Monasterio de El Paular y el verdor constante al final del valle del Lozoya. Vamos hacia el Puerto de Cotos (un segunda según La Vuelta en la mayor parte de las ocasiones, pero un primera de libro para mí). Son 14 kilómetros que se vuelven agrestes desde el 7º de la subida. La pendiente no es muy elevada (no más del 8% y no menos del 5% en el tramo más duro), pero mis piernas iban fatal y sufrí para llegar a los 1.830 metros. En ese momento habíamos completado el kilómetro 49 del gráfico.

Dimos la vuelta totalmente y regresamos por donde habíamos venido. Gracias a un avituallamiento de agua, Coca Cola y un bollo en Rascafría pude iniciar (cuando el cronómetro indicaba que habíamos pedaleado durante más de 2 horas y media) el Puerto de la Morcuera por la cara que habíamos bajado. En la Vuelta a España siempre se le ha catalogado como un segunda, pero otra vez tengo que decir que es un primera que cuesta mucho subirlo en los primeros 5-6 kilómetros. El calor fue asfixiante en los primeros compases (más de 25 grados), pero en la cima apenas había 18-20 grados. Los últimos 4 kilómetros son bastante menos exigentes y por ello pude coronar sin echar el bazo. El descenso (muy rápido) hasta Guadalix de la Sierra fue fantástico y alcanzamos una velocidad de casi 65 kilómetros por hora (para lo miedoso que soy, no está mal). 4 horas y 28 minutos y 21.7 kilómetros por hora. No es para estar orgulloso por la calidad, pero sí estoy encantado por haber completado un reto personal con la bicicleta. En próximas fechas se intentará subir con mejor cadencia y con menos problemas físicos. He aquí la muestra de mis coronaciones.

En el Puerto de Cotos

En el Puerto de Cotos

 

En el Puerto de la Morcuera en la segunda ascensión

En el Puerto de la Morcuera en la segunda ascensión

Sobre la muerte y la bici


El ciclismo es un deporte de altísima exigencia y con un riesgo muy importante. Cuando yo era corredor de cantera (en infantil y en cadete) me daba pavor ir en un grupo (o pelotón). El problema era que cualquier frenazo provocaba un momento de tensión que podía llevar a una caída y entonces te podías hacer un raspón, contusionarte o romperte la clavícula. Por eso, yo iba siempre en la parte trasera, ya que ahí podía ver con mayor tranquilidad todo lo que pasaba por delante. Lo malo de esto era que me descolgaba con facilidad ante cualquier arreón y a mi director, Pablo Solana, no le hacía mucha gracia. Hasta mis últimas carreras no perdí el miedo a ir en la cabeza y fue por una amenaza.

Cuando me tocaba descender, perdía numerosas posiciones que siempre ganaba subiendo (con 1.75 metros entonces subía mejor que bajaba, contradictorio). Cuando veía que llegaba una curva, la tomaba con precaución porque estimaba que el hostión podía ser monumental. Cuando tocó decidir entre entrenar 3 horas y estudiar otras 7 en Bachillerato, me decanté por lo segundo y abandoné la bicicleta a finales del año 2000.

Debido a un empuje personal, en 2011 retomé la práctica del ciclismo y cuando ya acumulo 1.000 kilómetros en 2 meses y algunos días oigo y veo la noticia de que el belga Wouter Weylandt ha fallecido descendiendo un alto de escasa entidad pero muy quebrado y peligroso (sin señalizar adecuadamente según comentaron algunos ciclistas) en el precioso y brutal Giro de Italia de 2011. El domingo yo recuerdo cómo alcanzaba los 68 kilómetros por hora (no es excesivo) en una recta bajando el Alto de Campadales hacia Horcajo de la Sierra. Entonces yo pensaba que un bache me podía llevar hacia una lesión importante o hacia algo peor. En ese momento sólo experimentas una sensación de emoción y de tensión que te impide valorar las consecuencias. El ciclismo es un deporte muy sufrido y estas circunstancias mortales en competición no dejan de magnificar a una profesión que otras personas como yo se la toman como un ocio y que pueden resultar fatales si no se tiene un mínimo de cuidado, sea o no en la alta competición.

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