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Una respuesta sobre “La caducidad de los billetes que guardamos y que enriquecen”


Sigo leyendo unas líneas más de KALASHNIKOV de Alberto Vázquez-Figueroa para hallar una respuesta sobre la entrada https://carlosvelasco.wordpress.com/2012/08/06/la-caducidad-de-los-billetes-que-guardamos-y-que-enriquecen/. Ya sabéis: si los billetes caducasen, el dinero negro afloraría y no habría una crisis tan agudizada. Ésto es lo que opina un personaje de la novela para que continúe la reflexión:
– “Se trata de una propuesta sorprendente pero a mi modo de entender absolutamente utópica. Si fuéramos capaces de convertirla en realidad más de uno se tiraría de los pelos, pero tú y yo sabemos que los únicos que podría intentar llevarlo a cabo sería los menos interesados en hacerlo. (…) ¿Con el cambio de la peseta al euro hubo muchas compras? Sí, pero muchos creyeron que la bonanza económica iba a continuar, se liaron a construir o fabricar como locos y han acabado comiéndose con patatas las casas y los automóviles, lo cual está contribuyendo de forma harto notable a la crisis actual. (…) En cuanto que pasó la súbita afloración de dinero sumergido y los recolectores de billetes volvieron a sentirse seguros, las aguas han vuelto a un cauce cada vez más mísero. Me entristece reconocerlo, pero nuestra amada democracia se ha convertido en una especie de gastada camisa que en cuanto la remiendan por un lado se deshilacha por otro. (…) Como nuestros dirigentes continúen haciendo estupideces nos quedaremos sin la democracia, porque a cada período de decadencia y profunda corrupción como el que estamos atravesando suele sucederle un período de dictadura y tiranía”.
¿Qué opináis?

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La caducidad de los billetes que guardamos y que enriquecen


Como casi siempre de cada libro de Alberto Vázquez-Figueroa saco una serie de reflexiones. Me estoy leyendo KALASHNIKOV, que trata sobre un dictador ugandés y sobre el tráfico del coltán y de armas por todo el mundo. En un pasaje donde uno de los personajes lee un informe de la Unión Europea se expresan estas ideas:
“Toda fórmula económica está condenada al fracaso ya que siempre tropezará con un obstáculo insalvable: el dinero negro.
Y es que hemos intentado construir un modelo de sociedad basado en una hipotética igualdad en que cada cual debe aportar a la comunidad en proporción a lo que posee, sin detenernos a reflexionar en el hecho de que muy pocos están dispuestos a compartir.
El resultado ha sido un dinero negro que siempre ha existido, aunque no en la desorbitada proporción actual.
La excesiva presión fiscal, la corrupción política y el tráfico de drogas ha llevado a la mayoría de los países a un callejón en el que toda posible salida se encuentra taponada por altos muros de dinero ilegal.
Se trata de ingentes cantidades que no se reinyectan en el tejido económico proporcionándole vitalidad, sino que se convierten en un cáncer, en “dinero muerto” que permanece oculto y no se convierte en empresas creadores de empleo y riqueza, sino en trapicheos especulativos destinados a bloquear sin proporcionar beneficios a la sociedad.
(…)
Llegará un momento en el que se guardarán más billetes en sótanos o cajas fuertes que el que circule abiertamente, con lo que la economía se habrá colapsado. Año tras año se va frenando ese tres por ciento que desaparece, por lo que llegaremos a un punto en el que la única actividad económica se centrará en un desaforado lavado de dinero.
En las islas Caimán se pagan seis dólares sucios por uno limpio y un mundo que se ve obligado a funcionar bajo tales parámetros está condenado al colapso.
(…)
Tan sólo uno de cada cien culpables acaba en la cárcel y se echa tierra sobre el resto, en especial si ese resto ocupa cargos políticos (…).
El poder del dinero es tan fuerte porque sabemos que es ilimitado en el tiempo pero, ¿qué ocurriría si tuviera fecha de caducidad?
Los billetes deberían tener un período de validez preestablecido y de ese modo se cortaría de raíz el problema ya que a nadie le interesaría amasar ingentes cantidades de unos billetes que en muy poco tiempo se convertirían en papel mojado.
(…)
Ocurrió cuando se pasó de la peseta al euro, se reflotaron auténticas fortunas.
Más del setenta por ciento del dinero se encuentra en bancos y cajas de ahorro; son números, no billetes, y cuando un honrado cliente acudiera a retirar su dinero se lo entregarían en los billetes que fueran válidos en ese momento. Ese cambio no le afectaría, pero los políticos corruptos, los empresarios evasores de impuestos (…) se encontrarían de pronto con que su dinero no sirve ni para empapelar paredes, por lo que tendrían que apresurarse a aflojarlo reinyectándolo en la economía o correrían el riesgo de perderlo definitivamente.
(…)
Generaría un momentáneo caos, pero no mayor que de la crisis actual, que cada día va a peor y a la que no se divisa un final. Se limitaría a un caos de medio año, que sabríamos exactamente en qué fecha debe concluir.
Demasiada liquidez lanzada bruscamente al mercado se convertiría en una masa de dinero incontrolable, aunque gran parte nunca afloraría porque sus dueños preferirían perderlo a pasar años en la cárcel”.

¿Qué os parece? Mañana la refutación a esta interesante opinión.

La conquista de América, la colonización, la felicidad y la experiencia según Vázquez-Figueroa


De nuevo de “Garoé” de Alberto Vázquez-Figueroa os aporto estos párrafos que añaden una gran carga de reflexión a nuestras vidas. Nos hallamos en el siglo XVI en la isla de El Hierro.
“- A la Corona le espera una difícil misión a la hora de cristianizar a nuevos pueblos allende el océano, no tenemos ni la menor idea de cómo hacerlo y supongo que tu experiencia le sería de gran ayuda.
– Pues supones mal y te suplico que perdones mi brusquedad y mi franqueza; acabamos de pasar de dominados a dominadores y que yo sepa ninguna nación aprendió de sus errores, ni aun de los ajenos, a la hora de ampliar sus fronteras. A menudo consiguen ser más poderosas, pero rara vez más sabias.
– Es la experiencia la que nos permite ser más sabios y empiezo a considerar que en ese terreno posees una gran experiencia.
– La experiencia siempre ha sido el más amargo de los aprendizajes, querido amigo… -sentenció seguro de sí mismo el general-. Para aceptar la felicidad no necesitas experiencia; llega, te envuelve, y ninguna conclusión extraes de por qué razón te eligió. Incluso tiendes a considerar que ha sido así porque te lo merecías, pero, por el contrario, las desgracias son dolorosas heridas que acaban llamándose experiencia aunque en realidad no son más que cicatrices.”

La fe, Dios y el devenir del ser humano según Vázquez-Figueroa


En otra entrada os comenté que había leído “Garoé” del autor canario Alberto Vázquez-Figueroa. De sus páginas 146 y 147 os adjunto éstos párrafos que espero que os hagan reflexionar para un lado u otro. Habla primero el monseñor Alejandro Cazorla, el cual quiere convencer a que el general Baeza sea el gobernador de El Hierro. Las vivencias de éste último con los isleños de esa isla le marcaron profundamente:

“- La fe no admite matices… -sentenció el religioso sin el menor rastro de duda-. Se tiene o no se tiene.
– Te equivocas, querido amigo. ¡Y mucho! La fe admite infinidad de matices porque unas veces existe, otras no, y otras cambia en cuestión de minutos…- Gonzalo Baeza indicó con un gesto de la barbilla el camino por el habían regresado de su larga caminata y prosiguió-: Esta tarde te invité a dar un paseo por el mirador del acantilado y no dudaste ni un minuto porque confías en que conozco bien el camino; sin embargo, si te lo propusiera ahora, te negarías en redondo [es de noche] pese a que yo soy la misma persona, el camino continúa siendo igual de peligroso y el mirador no se ha movido de sitio.
– ¡Qué ejemplo tan ilógico! ¡Es que ahora es de noche!
– ¡Exacto! Y debemos entender que pese a que en ocasiones nuestra fe brille con tanta fuerza como el sol, de pronto la oscuridad se puede cernir sobre nuestros corazones hasta el punto de que el acantilado deja de ser un hermoso mirador sobre el mar para pasar a convertirse en un terrorífico abismo. -El general retirado chasqueó la lengua como sin con ello quisiera significar que era algo que a su modo de ver no tenía remedio antes de concluir-: A menudo con Dios ocurre algo semejante: pasa de ser la salvación eterna a ser la eterna condenación, y ese es un juego en exceso cruel para la inmensa mayoría de los seres humanos, que son demasiado débiles a la hora de soportar cambios tan bruscos.
– El acero se forja pasando del fuego al agua.
– Pues si el Creador quería que fuésemos tan resistentes, poco trabajo le habría costado hacernos de acero y no carne y hueso… -El dueño de la casa hizo un gesto con la mano con el que pretendía indicar que el rumbo de la conversación dejaba de interesarle antes de añadir-: Ahora bien, si lo que pretendes es que te aclare por qué razón no quiero aceptar ese dichoso nombramiento de gobernador de El Hierro, pero cada vez que te estoy contando algo importante nos enredamos en disertaciones que no vienen al caso, acabaré el relato en mi lecho de muerto. O dejamos a Dios a un lado, o no acabaremos nunca.
– A Dios nunca se le puede dejar a un lado… -señaló el otro con una leve sonrisa y tras un sorbo de licor de cerezas-. Pero algo de razón tienes.”

El potencial del ser humano según Vázquez-Figueroa


Ya me he leído quince libros de Alberto Vázquez-Figueroa. No pretendo aquí ser un pretencioso vendedor de motos para que consumáis los libros de la editorial “De bolsillo”. Todo lo contrario. Lo que quiero es exponer una serie de párrafos que me han fascinado de la novela “Garoé”, la cual cuenta una historia de la isla de El Hierro de cuando los españoles aún no la habían conquistado y acudían allí para conseguir la orchilla, una sustancia de la que se extrae el colorante del color púrpura, el que simboliza el poder.
De la página 114 destaco este párrafo:
“Todo ser humano es un potencial cataclismo tanto para otros seres humanos como para la naturaleza debido a su ilimitada capacidad de provocar daño incluso cuando no tiene intención de causarlo. El resto de los seres vivientes pueden influir de forma más o menos intensa en su entorno, pero como los hombres hemos tenido la habilidad de adaptarnos de igual modo a los desiertos que a los hielos y a las selvas que a los mares, nuestra capacidad destructiva no conoce fronteras”.

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