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Los puertos más duros que he subido hasta 2016 (11-15)


Si las dos anteriores entradas con los monstruos más alucinantes que he subido (1-5 y 6-10) eran ya de por sí arbitrarias y algo polémicas, no lo será menos la que sigue ahora. Entramos en el mundo de los puertos de menos de 2.000 metros y ahí habría una multitud de discrepancias sobre cuáles son más o menos duros. A disfrutar esta lista:

11. Errozate: La estrella desconocida y escondida de la Irati Xtrem. En 2013 ya hablé en este blog sobre esta marcha navarra-francesa en dos entradas (primera y segunda), por lo que no me debería extender demasiado. Sólo decir que al liarla con el sillín (pobre principiante), creé una lesión de rodilla durante este “perro de presa” mientras que surcaba sus rampas del 10 al 19%. El ciclocomputador se volvía loco en esa carretera estrechísima donde uno no sabía bien hacia dónde iba. Si no fuese por el descansillo discontinuo al final, estaría a la altura del Angliru. Además, al colocar esta brutalidad en la mitad de la marcha, pierde cierto poder de castigo respecto a si estuviese en la recta final. Los números no engañan (10 km. al 9.6%) y está en la posición 3 de pendientes máximas de mi lista hasta el momento. Sin embargo, todo no es la pendiente, y esos 1.273 metros se me antojan insuficientes para elevar de categoría a este toro ya que la falta de oxígeno hace mucho. Desafortunadamente, no he encontrado fotos de mi conquista.

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12. Larrau: En la segunda entrada sobre la Irati Xtrem expuse lo que significó para mí el Larrau en 2013: ¡un suplicio! Leí en algún comentario un “Larrau, puf”. No me extraña que se expresasen así. Sus 15 km. no son ninguna broma. ¡No! Degüellan al cicloturista menos precavido. No hay tregua. Estamos ante el ‘Rey de los Pirineos’ según algunos. Desde que se toman los pertinentes desvíos, vemos el cielo de cerca muy pronto y eso merma nuestra resistencia. Los kilómetros enteros a más del 11% son como cuchillas que hacen sangrar. ¿Por qué lo dejé para la posición 12ª? Porque tiene un descansillo de tres kilómetros. Si no lo hubiese, Larrau estaría compartiendo puesto con el Gamoniteru, ¡seguro! Lo que uno debe superar hasta el Col de Erroymendi es lo más parecido a un infierno y si hace calor… uno estaría dentro del propio infierno cuando esa pendiente del 16% previa al descansillo nos tortura sin piedad. Gritar desesperado al coronarlo como se puede ver en el vídeo que adjunté en 2013 no me parece nada descabellado. Y pensar que Larrau por la cara sur no es más que un Navacerrada…

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13. La Gallina: El rey de La Purito. La puntilla, la que te hace ir mal en La Comella y en Cortals d’Encamp. La Vuelta de 2015 probó toda su crudeza tras intentar mostrarla hasta el Santuario en 2012 y 2013. Sin embargo, la cara de Fontaneda es la que te hará cacarear en tu subconsciente. Inevitable. Empieza exigente e incluso se permite el lujo de descender durante menos de un kilómetro para ir introduciéndote en un sendero asfaltado donde uno creerá que tiene suficientes fuerzas para exprimirse. ¡Pero no! Esos dos kilómetros entre pinos por una calzada de sólo un carril se tatuarán en tu piel, sobre todo en el 18% que te puede llegar a marcar el ciclocomputador. Luego no serás capaz de coger ritmo hasta los 1.900 metros de la coronación e irás con especial cuidado al descender por la también extrema cara gemela. Si lo subes con calor, como yo en 2016, atente a las consecuencias. Menos mal que la organización de La Purito es excelente, que si no…

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14. Ermita de Alba: ¿Qué hace un cuestón de casi 7 km. en el puesto 14? Pues bien, aún no me he atrevido a editar el vídeo de mi subida porque hay momentos en los que me quedo casi parado. En julio de 2015, antes de ir a Galicia a realizar una marcha que culminaba en el Muro de Ézaro, decidí realizar una parada en Asturias, la última hasta estas fechas (un sacrilegio a mi amor por Asturias). El objetivo era subir Lagos de Covadonga pero un retraso al recibir mi bicicleta impidió tal hecho y decidí parar en Pola de Lena de nuevo para, en poco más de 30 km., escalar la Cobertoria por el Cuchu Puercu (esto es, el Cordal más un sendero asfaltado con pendientes muy cambiantes y el último tramo de la Cobertoria este) y bajar a Santa Marina y Bárzana donde tomaría un desvío a la derecha para iniciar la cuesta de cabras que es la Ermita de Alba, la cual se estrenaría dos meses después en La Vuelta. No me pareció nada del otro mundo en los primeros compases, sinceramente, siempre entre un 10 y un 12%. Se podía llevar el 34×28 con soltura. Sin embargo, la estocada estaba en la segunda mitad al pasar Salcedo. Tanto es así que uno dudaba si sería capaz de no pararse en el resto de rampas. A pesar de que fue un día bastante seco, al llegar justo al final, donde hay hormigón rallado, mi rueda delantera hizo un extraño y tuve que poner pie a tierra. Daba igual, ya estaba arriba. Recomendable al 100% para deleitarse con el mundo rural asturiano y para saborear un 11% en 6.65 km. De tener dos kilómetros más… en el Olimpo de los Dioses.

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15. Monachil: Han pasado varios años desde que fuese descubierto para el gran público en las primeras ediciones del cambio de milenio en La Vuelta. Sin embargo, siempre sorprende cómo puede hacerse tan dura una vertiente donde hay un descansillo incluido. Verdaderamente no hay mucho tiempo para coger ritmo. Zarpazos al 15% por doquier y un escenario seco y amenazante con olivos de decorado. Con calor y sin viento no sé qué será esto… Justo antes de coronar El Purche uno piensa que ha terminado todo el sufrimiento pero la puntilla aparece justo después de un traicionero descenso. Esa recta que asoma al fondo es un infierno ya que llega hasta el 15%. Un espectáculo. El dúo Monachil-Hazallanas de 2013 en La Vuelta fue impresionante y en 2017 volverá a La Vuelta con culminación en el punto más alto que yo subí en 2016.

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Continuará…

 

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Los puertos más duros que he subido hasta 2016 (6-10)


Después de una primera entrada en la que mostré lo más de lo más en cuanto a puertos afrontados por estas dos patas madrileñas, ahora toca deslumbrar a los sentidos con otros cinco monstruos que bien podrían estar en la anterior clasificación. Los detalles para haberlos descartado son muy discutibles, por lo tanto, nos centraremos en describirlos con la misma pasión con que los ascendí en su día.

6. Sierra Nevada por Hazallanas y el Collado de las Sabinas: En La Vuelta de 2017 es presumible que realicen el mismo recorrido que yo probé en marzo de 2016. Entonces había nieve y en septiembre de 2017 no habrá más que calor. Desde Güejar-Sierra se inicia un Angliru a más del 9% con algunas rectas que quitan el hipo entre árboles de monte medio. Cuando quedan dos km. para el cruce con la carretera general, la pendiente disminuye hasta recuperar las pulsaciones. Horner dinamitó La Vuelta en 2013 con un ataque inolvidable nada más empezar la ascensión. Ya que entonces no hubo una apuesta por reventar la carrera subiendo por el Collado de las Sabinas, quise comprobar de primera mano cómo se las gastaba la vertiente. ¿Resultado? Pulsaciones muy altas ya que el 8-11% constante de ese tramo es espectacular dentro de un pinar en receso por la altitud. Al llegar a los 2.100 metros, toca estar expuesto a todo (calor, viento, oxígeno menguante…) y los descansillos no son suficientes para mitigar el esfuerzo que se prolonga mientras que descartamos las bajadas a Pradollano ya que el objetivo es Hoya de la Mora, a 2.500 m., prácticamente donde paré ante la acumulación de nieve. Seguir hasta el Veleta se me antoja muy exigente, lo que convertiría esta ascensión en la número 1 de mi lista. Los casi 3.400 m. de ese pico serían una locura que se repite cada último domingo de junio en la Sierra Nevada Límite.

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7. Roque de los Muchachos: La Palma es el lugar del mundo que más me ha gustado. Lo conocí gracias a mi periplo por las Islas Canarias. Tres viajes desde 2013 hasta 2015, dos por trabajo y uno por ocio, siempre en una jornada. Sabiendo que mi etapa en Gran Canaria estaba llegando a su fin, decidí inventarme un viaje estratosférico: salida en sábado a las 7:20 de la isla canariona, llegada a las 8:10 a “La Isla Bonita”, recorrido en coche por el cono sur, alquiler de bicicleta en Puerto Naos en el sudoeste, trayecto de nuevo en coche de este a oeste por el centro de la isla, llegada a la capital para dejar el coche en el puerto y subida y bajada al puerto hasta entonces más alto que había intentado, el Roque de los Muchachos (2.428 m.). Todo en un día, ya que el vuelo salía de vuelta en ese sábado 6 de junio a las 21:00 horas. No sólo salió todo perfecto, sino que puedo decir que fue lo más espectacular que nunca he osado hacer. Iba yo solo. ¿Y si me hubiese pasado algo tanto subiendo como bajando? Daba igual. Era la oportunidad de mi vida. ¿Ir desde Madrid a La Palma con lo que cuesta sin ser residente? Imposible. Era el día ‘d’ a la hora ‘h’.

Me hizo un día soñado, con nada de calor asfixiante y sin subes. No había quien se lo creyese. ¿Del puerto qué puedo decir? Que fue una lucha por la supervivencia hasta cierto punto: tres zumos tropicales de 33 cl y dos bidones de agua para 44 km. de ascensión con sólo tres y medio de bajada… ¡Apenas me llegaron a pasar 20 coches en los 90 km. de recorrido donde no se encuentra ningún núcleo urbano ni restaurante! ¡Qué experiencia! Salí desde el nivel del mar hasta coronar la cima superando una pendiente media ponderada de más del 6%. ¡Y no es la vertiente más dura, la de Garafía! Como en el Teide que había ascendido en marzo de 2015, hay arboleda de pinar hasta los 2.000 metros y paisaje lunar al final. El Mirador de los Andenes a 2.200 m. marca el final del puerto en sí durante los primeros 32 km. antes del descenso que hace bajar la pendiente. Al no soplarme viento y al no sufrir de calambres, puedo decir que me dolió menos que el Teide y eso que es notablemente más duro. Cuando uno toma el último desvío, afronta una pared rodeado de roca volcánica mientras que va dejando a un lado los observatorios astronómicos que tanto emocionan a los amantes del universo. La fotografía que me tomaron arriba se la envié a mi abuela por su nonagésimo primer cumpleaños. “¡Felicidades a mi Chatita”, rezaba la dedicatoria. Fue el último aniversario de ella. Hoy en día el marco está en mi mesilla de noche.

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8. Teide (desde Santa Cruz de Tenerife): Estaba atareado y aburrido en Gran Canaria, como siempre. De repente, me vino la idea a la cabeza: ¿y si un domingo a la mañana cojo el barco de Las Palmas de Gran Canaria a Santa Cruz de Tenerife con mi bici dentro para subir desde la capital chicharrera el descomunal Teide hasta el teleférico a más de 2.300 m.? Sí, no me iba a salir un % medio de escándalo, pero en las alturas de marzo se iba a hacer muy duro. En un día de calima zarpamos mis padres y yo, alquilamos un coche en el puerto y tiré por La Laguna, La Esperanza y demás hasta alcanzar el Puerto de Izaña. En total son 46 km. al 5%. Habría que decir el típico “ahora vas y lo cascas”.

No había tramos de especial mención, pero poco a poco se iba ganando altura y las piernas empezaban a necesitar muchos plátanos (cuatro entraron en el estómago durante la ascensión). Desde los 2.000 metros la corona forestal que me acompañó desde los 1.000 desapareció dejándome en un paisaje lunar donde el viento pretendía tirarme. Una vez tuve que poner el pie a tierra justo cuando los calambres y una ráfaga me diezmaron a 2.100 metros. Coronadas las antenas del Puerto de Izaña a más de 2.200 metros de altitud, tuve que bajar, no sin peligro provocado por el dios Eolo, hasta el cruce con la carretera que asciende desde Puerto de la Cruz (posiblemente la vertiente más dura en cuanto a %) y me encaminé a superar el último tercera al estilo Aprica en Italia donde lo más importante no eran los porcentajes sino la altitud, el disfrute de los escenarios naturales y la no aparición de los calambres. A apenas dos km. del destino final, justo por delante de una patrulla de la Guardia Civil, mis dos piernas se pusieron de acuerdo para aguarme la fiesta. “¿Estás bien?”, me preguntaron los oficiales. “Sí, tengo que terminar”, respondí. Y eso hice tras una bajadita de un km. El último esfuerzo fue de unos 600 m. para llegar al aparcamiento del teleférico atosigado por un 12% postrero. Vi a un Sky que coronó mientras que yo posaba para las pertinentes fotos. Jornada inolvidable.

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9. Tourmalet (ambas caras): Cuando cumplí 30 años, decidí regalarme la ascensión al Tourmalet por las dos caras. No las acometí en el mismo día debido a su dificultad extrema y a su colocación entre la Quebrantahuesos y L’Ariégeoise. La experiencia fue más que óptima en 2014 y nunca se me olvidará. ¿Qué decir de la vertiente este de La Mongie? Que es más corta, más preciosa y más concentrada en su dureza que la de Luz, la cual es más escénica, más constante y más alpina.

Empecemos por la primera de las mencionadas. Hasta que no llegamos a Gripp no recibimos las primeras pendientes agudas entre un bosque majestuoso donde la niebla fue protagonista en su día. La bici se queda estancada y eso que estamos hablando de números entre el 8 y el 11%. Cuando aparecen las galerías, entramos en un valle imponente donde corre el agua y todo se abre, hasta incluso el maillot porque la exigencia es total. Cuando La Mongie se asoma, sólo las referencias visuales disminuyen algo el pesar sobre las dos ruedas y es justo después de esa estación de esquí cuando pensamos que estamos construyendo nuestra propia historia como casi cada julio vemos en TV. Las incesantes curvas, los prados verdes y las rampas que no quieren bajar del 9-10% nos acompañan hasta esa escultura en honor a Octave Lapize, el primer corredor que coronó estos 2.115 metros en 1910.

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Por el otro lado, el de Luz-St.-Sauveur, hay segmentos más y menos duros, siendo la zona de Barèges y los últimos tres km. los que más se hacen notar al superar el 10% de forma más acusada y rondar los 2.000 m. Lo más desolador es que desde los 1.500 m. ves todo el final de la ascensión y eso produce desánimo si vas muy tocado. Me parece una vertiente de desgaste, con carretera mucho mejor asfaltada y más ancha, y no tan decisiva como la de La Mongie. Los números no engañan y el coeficiente de dureza es superior en la primera vertiente descrita. Sea como fuere, es un lugar de obligado paso por todo cicloturista que se sienta maravillado por las dos ruedas.

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10. Plateau de Beille: L’Ariégeoise es mi prueba preferida aunque en 2017 seguramente no pueda acudir, rompiendo así mi racha de tres participaciones seguidas. El hecho de que cada año cambien el recorrido es un aliciente extraordinario. En 2014 y en 2016 la marcha acabó en la monumental ascensión de Plateau de Beille. No es la más bella, no es la más dura, pero siempre deja un poso de dolor en las piernas sobre un asfalto que quiere dejar rodar a la bici pero donde no hay un suspiro muy continuado. Desde Les Cabannes tomamos un desvío para subir a la estación de esquí donde encontraremos como una mesa de Ocaña (salvando todas las diferencias de verdor) y algún lago. Quitando el primer kilómetro y los dos últimos, la prueba es sinceramente mayúscula durante sus 16 km. Uno tiene la sensación de que el descansillo mayor será un 8% y que no hay que quejarse. Imaginaos llegar allí con casi 3.000 metros de desnivel en las piernas y con el calor o humedad típicos de esta zona exuberante en verano. No puedo garantizar que haya una zona más exigente que otras. Recuerdo que en la mitad hay un segmento de hasta el 14%, pero tampoco lo diferenciaría mucho del resto. Este puerto no está más arriba de la lista porque no tiene la suficiente altitud para destronar a ‘cols’ más sonados.

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Los puertos más duros que he subido hasta 2016 (1-5)


Tras un viaje ciclista a Italia, varios a los Pirineos franceses y múltiples por España, he escogido varios de los puertos más duros que he subido como colofón a 2016, tras seis años de retomar mi actividad ciclista. He intentado no dejarme llevar por el dolor de piernas o por las penurias que pasé en las ascensiones. Por ejemplo, tengo muy mal recuerdo de Plateau de Beille, La Cubilla, Larrau y Ancares por Pan do Zarco pero he buscado alejarme de esos parámetros muy subjetivos y también objetivos, como son el coeficiente de dureza y los porcentajes medios. La altitud a veces impone más que un 11% a 1.000 metros…

Disfrutad la lista tanto como yo la disfruté y sufrí subiéndola:

1. Mortirolo: En la marcha Santini Stelvio de 2016 nos indicaron subir por la vertiente más baja y más descomunal del mítico Mortirolo. Creo que sobran los calificativos. 11 kilómetros al 11 por cierto y un km. final con hormigón rallado en el que tienes que poner pie a tierra si vas en grupo para soportar el 23%. Es una lucha por seguir adelante entre un bosque frondoso que apenas deja ver el valle. Sin duda, en la marcha me quedé totalmente vacío tras bajarlo. Fue un aguijón con efecto medido que los ciclistas del Giro probaron por vez primera en 2012. 

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2. Stelvio: Sólo lo he probado por la cara de Bormio (la menos exigente), pero el coloso de 2.756 m. tiene un juez: los 2.200 metros. A partir de ahí, es cuestión de sobrevivir por el oxígeno renqueante y más si, como en la Santini Stelvio de 2016, lo afrontas tras 128 km. La parte inicial me recordó a puertos de Asturias como el Jitu de Escarandi, pero con carretera ancha. En http://www.altimetrias.net/aspbk/verPuertoW.asp?id=14 se puede apreciar cómo la clave desde el km. 15 no es otra más que sobrevivir a la altitud ya que no hay rampones, pero sí una ladera que vas surcando dejando el valle a la derecha (como el Jitu de Escarandi, precisamente). Ver cómo el final no llega es una sensación que se recrudece a más de 2.500 m. Además, la nieve acompaña hasta julio, lo que lo hace aún más precioso. Es la rúbrica especial para cualquier etapa que fue un mito en el Giro de 2012 cuando Purito no amarró la maglia rosa aún más ante el empuje de Hesjedal.

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3. Gamoniteiru: El coloso entre los colosos en Asturias. Ni Angliru ni Lagos ni nada. La combinación Cobertoria por Lena más carretera estrecha para vacas lo hace impresionante. ¡Más de un 9% en 15 km. y eso que hay descansillos! Sobran las palabras. Las rectas de la Cobertoria con buena carretera se pegan al superar los dobles dígitos y por la ausencia de sombras en verano. Después, hay incluso un tramo de hormigón en la carretera enjuta, momento a partir del cual uno siente que la gravedad le echa para atrás mientras que comprueba las preciosas laderas y los modelados kársticos donde pastan las vacas. Lo subí en 2014 después de descubrirlo gracias a Marce Montero en su web.

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4. Angliru: No sé si todo el mundo estará de acuerdo conmigo, pero el imponente rampón de Riosa no es el mayor infierno conocido en España. Eso sí, su 23% mandó mi pie izquierdo al suelo para mantener el equilibrio. El 34×28 no fue suficiente en ese momento a pesar de que no había lluvia ni estaba mojado. Casi todo el mundo conoce que es un puerto normal hasta Viapará y luego se convierte en un león muy fiero… a ratos. Hay momentos en los que hasta se va con buena cadencia si las pendientes se mantienen del 10 al 12%, pero las rampas más conocidas son las que sientan cátedra (Les Cabanes, Cobayos y Cueña Les Cabres), dejándote clavado y con la sensación de que descenderlo acarreará su peligro. Es uno de los puertos que uno debe visitar alguna vez y la combinación con Cobertoria más Cordal es suficiente para desarmar tu ácido láctico y preparación física. Son 7 km. donde tu resistencia y tu fortaleza mental te ponen a prueba, pero si se proyecta un punto de tranquilidad sobre la bici, se supera.

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El punto de pendiente máxima en la Cueña Les Cabres.

5. Pico de las Nieves: Quizás yo no sea justo con la majestuosidad de sus más de 1.800 metros de desnivel, pero aún la alta competición no nos la ha enseñado en su totalidad y no sabemos si los ocho km. impresionantes desde Pasadilla (o “Pesadilla” para los cicloturistas) hasta y después de Cazadores son tan decisivos como aparentan sobre el papel. En alguna pendiente parece que la bici no rueda, pero siempre aparece un mínimo descansillo del 10% que nos abraza, lo puedo asegurar después de haber ascendido tres veces por esta trampa en mis más de tres años de idilio grancanario. Tras unos 10 primeros km. que no son más que un puerto de primera al 6% desde Carrizal pasando y jadeando por las rectas de Ingenio, llegamos a Pasadilla para sufrir en nuestras carnes el 66% de un Angliru en 4 km. de primer nivel. Al llegar a Cazadores estamos a 1.200 metros de altitud y desde entonces hay terreno para sudar con pendientes punzantes por encima del 10% y alguna bajada salvadora sobre todo en la preciosa Caldera de los Marteles y en los tramos finales. Tomado el último cruce a 1.850 m., sólo es cuestión de dejarse llevar hasta las antenas y el quiosco donde nos avituallaremos de todo lo necesario. Si lo subes con nieve, el disfrute es mayor, como me ocurrió en febrero de 2016. Hay múltiples vertientes: desde el sur por San Bartolomé; desde el oeste por La Aldea tomando dos variantes (la más al sur podríamos considerarla como la carretera más peligrosa y puntiaguda de la isla); desde cualquier carretera del norte, desde Las Palmas por San Mateo; o desde Telde, la cual es un calco a la de Cazadores ya que se junta en esa diminuta población, sin embargo es un poco menos exigente aunque tenga la misma pendiente media al no contar con ese mini Angliru, sino con tramos más parecidos a un Larrau hasta Cazadores.

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Una de mis múltiples conquistas con el norte de la isla al fondo.

Antes muerta que sencilla o cómo La Vuelta sigue siendo fiel a sí misma


Gran día para el ciclismo español. 9 de enero y presentación de La Vuelta en Santiago de Compostela. He aquí el recorrido: http://www.lavuelta.com/la-vuelta/2016/es/parcours-general.html.

Aunque alguna etapas están muy bien diseñadas (Puebla de Sanabria, Bilbao, Urdax, Aubisque y Ribera Sacra) y otras contienen más dureza que el típico unipuerto (Ézaro, Aitana y Formigal), creo que de nuevo es una Vuelta de cuestas finales, donde el esfuerzo físico a lo gladiador se impone y sin atractivo para corredores que no sean propensos a disputar la general o del estilo Nicolas Roche. Es decir, estamos abocados a ver a los mejores corredores de las grandes vueltas menos Valverde, pero a pocos amantes del llano y casi ningún sprinter (como en 2013, en el que Cancellara era de los más rápidos).
Y por cierto, las etapas como la de La Camperona o Peña Cabarga son demasiado unipuerto, aunque sus rampas finales se inserten perfectamente en un vídeo de 10 minutos de Youtube.
Eso sí, es mejor este tipo de Vuelta respecto a algunos Tours de los últimos años (sobre todo el de 2012, que fue insuperable en estupor) y la emoción está más distribuida que el Giro de Italia de 2016, por ejemplo, ya que todo se juega en la última semana, aunque haya algunas etapas de media montaña que puedan interesar algo.
La contrarreloj es suficiente para que un corredor como Dumoulin se pueda interesar por repetir, pero los cuestones de La Camperona, Ézaro, Peña Cabarga y Llucena le pueden echar para atrás. Y ahí es donde aparece la figura de Purito de nuevo, que a sus 37 años se podría colar de nuevo entre los 5 primeros.
La Vuelta a España​ sigue fiel a su estilo, que es un gran valor, y proponiendo llegadas inéditas como Teixido, Urdax o Llucena, pero nos deja sin poder atraer a corredores como Sagan, quizás. Aunque quizás no sea así y venga… Desde luego, cualquier comparación respecto a la mejor participación histórica de 2015 será odiosa.
En definitiva, “antes muerta que sencilla”, antes desaparecida que en el ostracismo por no ser peculiar, significativa y emocionante de principio a final.

El Aspin por Arreau y el Tourmalet por Sainte-Marie-de-Campan


Me quise autorregalar el mejor homenaje posible en mi trigésimo aniversario y por ello decidí que si hay un puerto a mi alcance que sea absolutamente mítico no puedo pensar en otro que en el Tourmalet. Mi idea inicial fue subir Aspin desde Arreau y luego el Tourmalet por la cara de Sainte-Marie-de-Campan primero y por la de Luz-Saint-Sauveur más tarde. Iban a salir unos 100 km. con unos 50 de bajada y otro tantos de subida. Inicié la marcha en el Aspin, un puerto que está catalogado de primera categoría y que empieza demasiado suave. Uno llega a pensar “¿cómo puede tener el 6.5% con este tramo tan suave?”. La respuesta es simple: principalmente porque hay unos últimos cinco kilómetros que los viví entre la niebla y el sol en los que se pega la rueda con picos del 12% y muchos períodos entre el 8 y el 10%. 20140623_102916-1 20140623_101907-1 20140623_101914-1 20140623_102913-1 Lo ascendí con muchísima cadencia y ganas, por lo cual, puedo asegurar que es un puerto muy asequible y nada tremendo. Es el típico que se acumula en las piernas pero que no resulta definitivo. La escasa arboleda a partir de los 1.000 m. es una terrible noticia en días de mucho calor, pero creo que por esta zona no abundarán esas jornadas. Las rectas son abundantes y hay que crearse objetivos cortos en el horizonte para no creer que es demasiado largo. 20140623_110119 aspin y yo Descendí por la vertiente de Campan hacia el Tourmalet, hacia los 2.115 m. Excepto algunas herraduras, la bajada es muy cómoda y sólo hay que prestar atención a las zonas de umbría con algo de agua en la calzada. Lo malo de esta opción hacia el Aspin es que hay múltiples falsos llanos que provocan que este lado se describa como de segunda categoría en algunas ediciones del Tour. Cuando llegué a Sainte-Marie-de-Campan, inicié la gran cita del día, el temido y mitológico Tourmalet. Sus 17 km. al 7.5% me asombraron por su extraordinaria belleza. Por muchas veces que se pinche en el enlace de la altimetría, y por mucho que uno se la conozca de memoria, las sensaciones en ese coloso dependen de mil variantes: la temperatura, la humedad, el viento, la lluvia, la niebla, tu estado de forma, la dureza de lo que hayas subido anteriormente, si alguien te lleva o no con el gancho, la altitud a partir de los 1.800-1.900 m., el vértigo que producen los últimos cuatro kilómetros, la excesiva dificultad de la zona de la estación de La Mongie… 20140623_115824 20140623_115803   Sé que disfruté como un niño pequeño con un juguete deseado en Navidad. Iban pasando los kilómetros marcados en la carretera con la pendiente aproximada y cada vez me sentía más satisfecho porque por aquí han pasado los mejores ciclistas del mundo jugándose la carrera más importante del calendario internacional. Desde mis sesiones de televisión con Induráin hasta el dominio tramposo de Armstrong, siempre quise ir a esta parte de Francia a vivir algo parecido a lo que experimentan los profesionales. 10511357_10152474909912010_4116257174434334533_n 10352399_10152474909782010_8902163973957696494_n   El 34×24 me acompañó en los primeros ocho kilómetros y más cerca de las galerías coloqué sin pudor el 34×28 para acometer lo mejor posible estas terroríficas pendientes. El martillo que continuamente te va golpeando mientras me metí entre las espesa niebla por Artigues me recordaba que había que superar 1.110 metros de desnivel en 13 kilómetros. Una pared que te engaña pero que te daña hasta el extremo. 10401432_10152474953922010_7345631353303822271_n   Subí a unos 10-14 km./h., no había más remedio. Lo principal era llegar muy entero a La Mongie a 1.700 m., cuando aún restan 4 kilómetros, los más escénicos por los prados que en inviero están muy cubiertos de nieve. Las curvas del final contrarrestan con las rectas de los primeros compases mientras que uno asciende por la ladera escuchando la música preciosa de los arroyos. 10470604_10152474909462010_2443662510025828918_n   Me sentí un auténtico afortunado por culminar este puerto de especial categoría donde se erige el monumento a Jean Bernard Metais y en el que hay que detenerse para tomar una fotografía. 149986_10152474909567010_5476218799475821984_n   Finalmente no subí de nuevo por la vertiente que debía bajar hacia Luz-Saint-Sauveur ya que mis acompañantes estaban un poco cansados de seguirme con el coche y dejé la siguiente proeza para el día siguiente, el 24 de junio. Había obras para dejar a la perfección la bajada del Tour de Francia para el 24 de julio, sobre todo por Barèges, donde la máquinas habían levantado la avenida principal. Monumento a las montañas, a los Pirineos y al ciclismo. ¡Viva el Tourmalet! Aquí está mi vídeo:

L’Ariégeoise, una prueba muy extrema en los Pirineos


160 km. me salieron en el cuentakilómetros. Casi ocho horas de tránsito por las carreteras del sur de Francia, en plenos Pirineos y muy cerca de Andorra. Gracias a la revista Bicisport pude disfrutar de un día de cicloturismo que empezó bien pronto cuando salí desde Pas de la Casa a las 6 de la mañana hacia Tarascon-sur-Ariège. Menos de una hora de coche y a bajar la bicicleta en un pueblo que me pareció bello gracias al río Ariège que lo partía en dos.

La etapa, independiente del kilómetraje y de sus más de 4.000 metros de desnivel, me preocupaba más por mi motivación que por la dureza. Además, en el kilómetro 120 y 144 se pasaba cerca de un lugar ideal para bajarse y descansar y así no soportar un calor de 28 grados que sin ser sofocante sí hacía mella en los valles.

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Como se puede observar, la ruta acababa en uno de los puertos “nuevos” más conocidos de los Pirineos y que se estrenó en 1998: el Plateau de Bielle. Los que hayáis usado el enlace para informaros sobre la pendiente, habréis comprobado que sólo de pensar que había ascenderlo desde el kilómetro 144 ya dolía en las piernas. Sólo un cicloturista tranquilo y con la mentalidad positiva puede superar esos 1.250 m. de desnivel a casi el 8%. Y claro está que el cuerpo ya llegaba torturado por los puertos anteriores.

Llegué dos minutos retrasado a la salida (a lo Perico en el Tour del 89) y tuve que esprintar un poco más para alcanzar a los grupos que se formaron paulatinamente entre los 1.000 cicloturistas que decidimos probar en la modalidad más larga de esta marcha cicloturista (hay otras dos de menor kilometraje). El calor no era importante a las ocho pero decidí no olvidar los manguitos por si acaso hacía falta ya que la previsión era de tormenta.

No se me olvidará con facilidad el pueblo de Cazenave (1ª o 2ª) porque a pesar de que no está muy alto (870 m.), ascender hasta allí es una tortura con 4-5 km. que no quieren bajar del 7% y que se elevan a más del 13% en ciertas ocasiones. Como no me sabía con exactitud el libro de ruta, no me percaté de que debía pasar ¡dos veces! por ahí y la última iba a ser con 130 km. en mi haber. ¡Qué sudor!

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La primera vez, cuando aún no había cumplido 20 km., se me hizo más llevadera y los sucesivos toboganes desgastaron porque uno no sabía muy bien cuándo iba a iniciarse el segundo “col” de la jornada: el de Marmare (1ª o 2ª). Sus 1.360 m. de altitud hablaban de un puerto de aparente entidad, pero lo cierto es que dio gusto, no sólo por su abundante sombra, sino por sus pendientes comedidas en torno al 5% y que realicé siguiendo la rueda de catalanes independentistas.

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Pasado el primer cuarto de la jornada, apenas bajamos unos kilómetros y afrontamos el cuarta categoría del Col des Sept Frères, desde donde sí tomamos un descanso más pronunciado que se prolongó con algún repecho hasta Belesta. Casi sin quererlo, había alcanzado la mitad del recorrido y el Col de Montségur (1ª o 2ª) me aguardaba. Me encantaron los casi 10 km. de subida porque desde un valle derivó hacia un collado donde me fotografiaron. Los primeros compases fueron muy suaves y por eso no produce más de un 5%, pero los últimos cinco kilómetros sí echaban hacia atrás y sobre todo al lado de una fuente muy fresquita en el paso por Montferrier, donde el 10% era más que habitual y el calor ya apretaba.

20140628_115331Después bajamos por una carretera sinuosa y llegamos a un valle donde estaba el avituallamiento más grande. Lo malo de atiborrarse de comida era que venía un tercera totalmente rodeado de árboles y que cortaba el ritmo. Reconozco que superado esa cota a más de 700, me entró el bajón físico y mental. “Carlos, no vas a llegar a Plateau”, me decía. El calor era más intenso y me veía acompañado por personas de 50-60 años que no iban con mucha alegría en las piernas. La media estaba siendo de 25 km./h., pero no estaba a gusto ya en el kilómetro 110. Por eso, utilicé la táctica de los tuareg en el desierto: ahorrar energía y no hartarme. Si me quedaba de un grupo, ya llegaría otro. Llevaba en el cuerpo una etapa de 140 kilómetros el 15 de junio en Gran Canaria, viaje exprés el 20 de junio y Quebrantahuesos de 195 km. el día 21, dos etapas pirenaicas cortas el 23 y 24 con el Tourmalet, el Aspin y Luz Ardiden como testigos… y no estaba tan fresco porque no había parado de viajar por los Pirineos en los días precedentes.

Alcancé el pie de la subida a Cazenave con la sensación de que iba a llegar a Les Cabannes (pie de Plateau de Bielle) para decidir si debía completar una hazaña o ser más razonable. El sol apretaba y temía que las proezas iban a quedar para otro día. Sin embargo, tras una bajada muy peligrosa con gravilla hacia Les Cabannes, me detuve en el avituallamiento sobre las 14:15 horas y tiré hacia delante.

Todo lo que os describa sobre este portachón de especial categoría es poco para lo que padecí. No llegué al nivel de sufrimiento que experimenté en el Larrau en 2013, pero tampoco me quedé corto, principalmente porque la pendiente era menos abrupta pero muy mantenida entre el 8 y el 11% con algún pico al 14 en la mitad de la ascensión. El firme es bastante bueno y las rectas se hacen muy largas. Las últimas herraduras al 10% nos conducen hacia un collado a apenas dos kilómetros del final de la tortura. Poco más de una hora y media tardé en cubrir esta monumental ascensión que no deja indiferente a nadie. El cansancio fue mayúsculo y una sesión de 30 minutos de masaje a la perfección me dejó un poco menos diezmado en las lumbares, las cervicales y las piernas.

Mereció la pena ir hasta este punto y no descarto volver ya que creo que cambian con asiduidad de recorrido. ¡Enhorabuena por la carrera y gran recuerdo de maillot que me llevé!

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Un rutón en bici por el centro-este de Gran Canaria


No estaba ni por asomo en un momento bueno de forma. Llevaba sólo siete sesiones de bici, con una máxima de 60 km., y dos meses anteriores sin ninguna práctica deportiva. Por lo tanto, superar este rutón se antojaba imposible:
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Sin embargo, tiré de hambre cicloturista, de ilusión por escapar, por volar sobre las empinadas cuestas de Gran Canaria (el tope estuvo en los dos kilómetros infernales de la Cruz de Tejeda con una media del 13.25% y una máxima del 19%).
Subí: el puerto de San Mateo (6.7 km. al 5%, un 2ª), el Puerto de Aríñez (9.3 km. a casi el 7%), el Puerto de Artenara (4 km. al 5%, es decir un 3ª), el Puerto de la Cruz de Tejeda (4 km. al 7.5%, un 2ª), el Alto de la Guirra (4 km. al 5%, un 3ª) y el Alto de Tafira por el American School para acabar (un 3ª de 7 km. al 5%). De por medio, 35 km. de bajada, muchísimos repechos y muchos momentos con más del 15%. Preciosas vistas hacia Tenerife y temperatura fresca pero nunca por debajo de los 13º.

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