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La niñez en una película de 12 años


Boyhood (niñez). Ésta es la típica película que te puede aburrir al máximo o te puede atrapar a pesar de que aparentemente no pasa nada. Es la típica película de días en los que el mejor plan es ir a una calle como Doctor Cortezo en Madrid para pagar una entrada por una película en versión original subtitulada.
Fuera de los artificios del Hollywood más rancio e insulso, me quedo con esta película que ya quise ver en su día en Las Palmas, pero que hoy he tenido la suerte de poder admirar.
Esta canción es el resumen de lo que es la niñez, adolescencia y demás.

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Arcadi Oliveres, conocimiento y denuncia del capitalismo inservible


Me dejé llevar por Youtube un día y descubrí un vídeo de una conferencia de Arcadi Oliveres. No le conocía de nada y leí que era doctor en Ciencias Económicas y profesor del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, entre otros cargos. Escuché sus argumentos cuyo énfasis final era concienciar a los ciudadanos sobre la brutalidad del capitalismo en nuestros días y promover depósitos en banca ética (no confundir con banca cívica). Os expongo un pequeño extracto de sus primeros minutos (más o menos del 8 al 15).

“100.000 personas mueren al día por hambre en el mundo. Como si fuese un estadio de fútbol. No sale cada día en ningún periódico y mueren dispersas en el mundo. Esta economía absurda [el capitalismo] mata al día a esas personas cuando en el mundo hay alimentos suficientes para conseguir las calorías necesarias. ¿Cuál es el problema? No es la producción, sino la distribución.
Para resolver esto no hay que enviar sólo alimentos. En Haití hubo un terremoto y se enviaron alimentos hace tres años. En los países como Costa de Marfil, Chad, Níger… no hay que enviar alimentos porque haya un terremoto un día determinado, sino todos los días.
Hay que repartir bien la tierra y que los países pobres produzcan lo que sus poblaciones necesitan y no lo que necesitan las grandes potencias. Uno come con arroz y maíz pero no con café y azúcar.
Para evitar el hambre en el mundo, la FAO en 2008 calculó que se necesitaban 50.000 millones de dólares al año. Los países más ricos respondieron que ni hablar porque no tenían esas reservas. La ONU dijo que los 8.000 millones de contrarréplica no servían ni para empezar. El 15 de septiembre, tres meses después de esta propuesta de la FAO, Lehman Brothers, cuyo director para España era Luis de Guindos [actual ministro de Economía con Rajoy], quebró y arrastró a miles de pequeñas empresas. Como había miedo de que otros bancos cayesen, los países comenzaron a “inyectar liquidez a la banca”. Calculé cuánto dinero se inyectó como donativo o préstamo que no se devuelve durante estos 4 años hasta principios de 2013. La cifra es 4.6 billones de dólares. Con el dinero que durante estos años se entregó a la banca se habría erradicado el hambre en el mundo 92 veces. Ésta es una prueba de que la economía en el mundo no funciona”.

Milongas del baloncesto


La RAE explica lo que es una milonga:
“6. f. coloq. Engaño, cuento.”
Eso entiendo yo respecto a las excusas que te suelen dar los jugadores sobre la motivación y sobre el esfuerzo. ‘Es que no me entiendes’, ‘es que no me des voces que me descentro’, ‘es que vas contra mí’, ‘es que me tienes que dejar jugar a mi estilo’…
Todo muy bonito. Y la FEB preconiza eso a través de su escuela de entrenadores. Muy bonito. Seguro que el hecho de disponer de los mejores jugadores o de los potencialmente más interesantes hace que esas proclamas se extiendan.
Pero la realidad es otra muy distinta. El jugador quiere sobreponerse sobre el entrenador. Se critica que en Europa (y por ello también en España) el entrenador ahoga al jugador no sólo por la cantidad de sistemas y el ‘encorsetamiento’, sino también por sus malos modos y exceso de protagonismo desde la banda.
No discuto que esto suceda y que yo mismo pueda llegar a emplear esa técnica alguna vez por unos determinados razonamientos, pero el jugador tiende a coger el todo y no la parte. Se escuda en cualquier argumento que caliente la inteligencia del técnico y por ello cree que gana porque consigue que los entrenadores salgan de los equipos y de sus vidas.
El ‘psicologismo’ (tendencia que sólo busca el entender como sea al otro) me abruma. Y lo voy a explicar en un caso muy práctico. Jugador que sabe que tiene que cerrar el rebote o no permitir el centro de la pista a su atacante y lo primero que hace en un partido es obrar de forma incorrecta en defensa. ¿Qué haces? ‘Venga ánimo, a la siguiente lo harás bien’ (psicologismo puro). O ‘vamos tío, que hay que estar espabilado’ (toque de atención). U ‘¡hostia, no dejes el centro!’ (cansancio por la falta de actitud e intensidad de su jugador).
El baloncestista tiende a pensar desde el primer momento que le tienes manía y que le descentras, pero ¿estaba centrado ese jugador desde el segundo uno? ¿No se daba cuenta de que había otros compañeros queriendo ocupar su puesto en la pista? ¿No comprueba que el que realmente hace un favor al otro es el entrenador al jugador y no el jugador al entrenador?
Pues bien, el jugador se queja sobre los malos modos del entrenador. Sinceramente, sobre una pista de baloncesto no concibo otra cosa que no sea la de la intensidad máxima siempre que se den las circunstancias. Y cuando no se produce me harto. “Hay que convencer, no gritar”, aseguran algunos. Yo respondo: “Hay que actuar y no buscar excusas”. Cuando un jugador hace su trabajo, el entrenador le premia y le venera. Cuando un jugador no quiere hacer su trabajo o descuida su labor, el entrenador se cansa de su actitud. Es así. El entrenador “morirá” por un jugador sacrificado y pasará o vilipendiará a uno que no busca el sacrificio o la mejora. El jugador no entenderá su cometido por las excesivas pulsaciones o por su indiferencia. El entrenador se cabreará.
Siempre utilizo la misma pregunta ante un jugador: “¿No te das cuenta de que si tú quieres complacerme con tu esfuerzo yo iré a tope contigo y te tendré un aprecio especial? ¿Por qué no te ganas al entrenador?” Eso sucede casi nunca y cuando ocurre es una de las mejores experiencias que un técnico puede vivir: la concordancia.

Una respuesta sobre “La caducidad de los billetes que guardamos y que enriquecen”


Sigo leyendo unas líneas más de KALASHNIKOV de Alberto Vázquez-Figueroa para hallar una respuesta sobre la entrada https://carlosvelasco.wordpress.com/2012/08/06/la-caducidad-de-los-billetes-que-guardamos-y-que-enriquecen/. Ya sabéis: si los billetes caducasen, el dinero negro afloraría y no habría una crisis tan agudizada. Ésto es lo que opina un personaje de la novela para que continúe la reflexión:
– “Se trata de una propuesta sorprendente pero a mi modo de entender absolutamente utópica. Si fuéramos capaces de convertirla en realidad más de uno se tiraría de los pelos, pero tú y yo sabemos que los únicos que podría intentar llevarlo a cabo sería los menos interesados en hacerlo. (…) ¿Con el cambio de la peseta al euro hubo muchas compras? Sí, pero muchos creyeron que la bonanza económica iba a continuar, se liaron a construir o fabricar como locos y han acabado comiéndose con patatas las casas y los automóviles, lo cual está contribuyendo de forma harto notable a la crisis actual. (…) En cuanto que pasó la súbita afloración de dinero sumergido y los recolectores de billetes volvieron a sentirse seguros, las aguas han vuelto a un cauce cada vez más mísero. Me entristece reconocerlo, pero nuestra amada democracia se ha convertido en una especie de gastada camisa que en cuanto la remiendan por un lado se deshilacha por otro. (…) Como nuestros dirigentes continúen haciendo estupideces nos quedaremos sin la democracia, porque a cada período de decadencia y profunda corrupción como el que estamos atravesando suele sucederle un período de dictadura y tiranía”.
¿Qué opináis?

La caducidad de los billetes que guardamos y que enriquecen


Como casi siempre de cada libro de Alberto Vázquez-Figueroa saco una serie de reflexiones. Me estoy leyendo KALASHNIKOV, que trata sobre un dictador ugandés y sobre el tráfico del coltán y de armas por todo el mundo. En un pasaje donde uno de los personajes lee un informe de la Unión Europea se expresan estas ideas:
“Toda fórmula económica está condenada al fracaso ya que siempre tropezará con un obstáculo insalvable: el dinero negro.
Y es que hemos intentado construir un modelo de sociedad basado en una hipotética igualdad en que cada cual debe aportar a la comunidad en proporción a lo que posee, sin detenernos a reflexionar en el hecho de que muy pocos están dispuestos a compartir.
El resultado ha sido un dinero negro que siempre ha existido, aunque no en la desorbitada proporción actual.
La excesiva presión fiscal, la corrupción política y el tráfico de drogas ha llevado a la mayoría de los países a un callejón en el que toda posible salida se encuentra taponada por altos muros de dinero ilegal.
Se trata de ingentes cantidades que no se reinyectan en el tejido económico proporcionándole vitalidad, sino que se convierten en un cáncer, en “dinero muerto” que permanece oculto y no se convierte en empresas creadores de empleo y riqueza, sino en trapicheos especulativos destinados a bloquear sin proporcionar beneficios a la sociedad.
(…)
Llegará un momento en el que se guardarán más billetes en sótanos o cajas fuertes que el que circule abiertamente, con lo que la economía se habrá colapsado. Año tras año se va frenando ese tres por ciento que desaparece, por lo que llegaremos a un punto en el que la única actividad económica se centrará en un desaforado lavado de dinero.
En las islas Caimán se pagan seis dólares sucios por uno limpio y un mundo que se ve obligado a funcionar bajo tales parámetros está condenado al colapso.
(…)
Tan sólo uno de cada cien culpables acaba en la cárcel y se echa tierra sobre el resto, en especial si ese resto ocupa cargos políticos (…).
El poder del dinero es tan fuerte porque sabemos que es ilimitado en el tiempo pero, ¿qué ocurriría si tuviera fecha de caducidad?
Los billetes deberían tener un período de validez preestablecido y de ese modo se cortaría de raíz el problema ya que a nadie le interesaría amasar ingentes cantidades de unos billetes que en muy poco tiempo se convertirían en papel mojado.
(…)
Ocurrió cuando se pasó de la peseta al euro, se reflotaron auténticas fortunas.
Más del setenta por ciento del dinero se encuentra en bancos y cajas de ahorro; son números, no billetes, y cuando un honrado cliente acudiera a retirar su dinero se lo entregarían en los billetes que fueran válidos en ese momento. Ese cambio no le afectaría, pero los políticos corruptos, los empresarios evasores de impuestos (…) se encontrarían de pronto con que su dinero no sirve ni para empapelar paredes, por lo que tendrían que apresurarse a aflojarlo reinyectándolo en la economía o correrían el riesgo de perderlo definitivamente.
(…)
Generaría un momentáneo caos, pero no mayor que de la crisis actual, que cada día va a peor y a la que no se divisa un final. Se limitaría a un caos de medio año, que sabríamos exactamente en qué fecha debe concluir.
Demasiada liquidez lanzada bruscamente al mercado se convertiría en una masa de dinero incontrolable, aunque gran parte nunca afloraría porque sus dueños preferirían perderlo a pasar años en la cárcel”.

¿Qué os parece? Mañana la refutación a esta interesante opinión.

El Twitter y la barrera de seguidores suficientes


Alfonso Rojo: “Twitter es un acto de vanidad. ¡Cómo te van a seguir 150.000 personas! ¡Ni en las procesiones de Semana Santa!” Este periodista, al cual suelo escuchar, esté o no de acuerdo con él, expresó esto en el programa LA NUBE de La2.
Yo ahora me hallo cerca de los 1.000 seguidores de Twitter. Seguramente sean pocos comparados con otras personas de mi rango, pero desde hace tiempo he intentado que aquél que me siga realmente quiera saber algo de mis gustos. Habría sido fácil centrarse únicamente en temas que otorgasen una mayor popularidad, pero uno es lo que es y como decía un personaje en la película “DELITOS Y FALTAS” de Woody Allen: “A uno le definen las decisiones que toma”.
Ahora bien, ¿de qué sirve llegar a tantos seguidores? ¿Realmente se mide la influencia de una persona por el número de seguidores? Pensaba que sí, pero lo relativizo. No hace falta contar con 100.000 seguidores para resultar relevante. ¿Acaso no hay protagonistas sin Twitter ni Facebook?
El Twitter genera en nosotros un estadio muy parecido al del Whatsapp (https://carlosvelasco.wordpress.com/2012/07/25/el-whatsapp-y-la-locura-de-la-inmediatez/)y favorece el meternos en líos. Un comentario público que no debes plantear, mencionar a alguien para criticarle, dar demasiado bombo a personas que no lo quieren o necesitan… Sin embargo, el Twitter es una herramienta periodística excepcional. No concibo a un periodista que no se informe por este medio. Lo malo es que a veces también te pueden atacar a través de Twitter. Uno mismo se expone a todo tipo de lindezas y problemas.
Hace unos meses debatía con un detractor de Twitter sobre si era un medio de comunicación. Respondí que por supuesto. No es una empresa de comunicación, pero sí es un método eficaz y rápido para interrelacionarnos. ¿Hacia qué derivará el Twitter? Quién lo sabe. Por el momento plataformas como Sulia lo combinan con el Facebook y aglutinan las redes sociales más utilizadas.
¿Era más feliz o menos cuando Twitter no existía? Sin aspavientos, quizás diría que más porque no tenía la necesidad de estar informado cada segundo; con contar con información cada minuto me bastaba.

El Whatsapp y la locura de la inmediatez


– ¿Estás? ¿Has leído esto?
Tres minutos después.
– ¡Venga! ¿Dónde estás?
Cinco minutos más tarde hay una respuesta.
– Estaba en el baño, tranquilo. No hay que darse tanta prisa.
Mandar mensajes gratis es una delicia para cualquier usuario. El problema es el abuso. ¿Se llega muy pronto a él? Inmediatamente. Simplemente con ir por la calle y avanzar un kilómetro en línea recta con la cabeza hacia abajo tecleando sobre la pantalla del móvil. Cervicales forzadas, inteligencia reducida a unos caracteres que nos deben servir para emitir contenidos fugaces, constante estrés, burbuja absoluta…
Reconozco que ya ha aparecido el típico caso en el que el Whatsapp me ha superado. Ese acto de abandonar el móvil a más de 15 metros de donde uno se sienta es irrealizable porque cada media hora (como mucho) surge alguna comunicación que uno desea o que rechaza. Esto nos pasa como receptores y como emisores. El Whatsapp es la nueva idea para engancharnos a la tecnología. En el periodismo es casi impensable no contar con conexión a Internet, con el último móvil del mercado (o uno al menos con conexión a Internet) y con un sistema de Whatsapp que nos abra las puertas.
Al mismo tiempo que yo doy la plasta, me la dan. No hay error, no hay culpabilidad, solamente hay una vía de mensajería que la entendemos como gratuita. Antes el mensaje de texto por el que había que pagar lo tomábamos como una ofensa porque provocaba un dispendio en el receptor si quería contestar al emisor. Ahora no. Ahora si alguien tiene tu número puedes recibir mensajes por doquier, constantemente. La privacidad del número de teléfono ha decrecido. Al mismo tiempo que es una ventaja para el periodista o para cualquier persona, se convierte en un compromiso recurrente para el receptor. ¿Respondo o paso de él? ¿Qué pensará si paso de él? No hay final y la cadena se enrevesa. El Whatsapp tiende a convertirnos en pesados. Si somos fríos, todas las nuevas tecnologías y redes sociales suponen una puerta hacia la comunicación y hacia la intromisión en la privacidad de las personas. Saber detenernos a tiempo es la clave.

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