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Me quise autorregalar el mejor homenaje posible en mi trigésimo aniversario y por ello decidí que si hay un puerto a mi alcance que sea absolutamente mítico no puedo pensar en otro que en el Tourmalet. Mi idea inicial fue subir Aspin desde Arreau y luego el Tourmalet por la cara de Sainte-Marie-de-Campan primero y por la de Luz-Saint-Sauveur más tarde. Iban a salir unos 100 km. con unos 50 de bajada y otro tantos de subida. Inicié la marcha en el Aspin, un puerto que está catalogado de primera categoría y que empieza demasiado suave. Uno llega a pensar “¿cómo puede tener el 6.5% con este tramo tan suave?”. La respuesta es simple: principalmente porque hay unos últimos cinco kilómetros que los viví entre la niebla y el sol en los que se pega la rueda con picos del 12% y muchos períodos entre el 8 y el 10%. 20140623_102916-1 20140623_101907-1 20140623_101914-1 20140623_102913-1 Lo ascendí con muchísima cadencia y ganas, por lo cual, puedo asegurar que es un puerto muy asequible y nada tremendo. Es el típico que se acumula en las piernas pero que no resulta definitivo. La escasa arboleda a partir de los 1.000 m. es una terrible noticia en días de mucho calor, pero creo que por esta zona no abundarán esas jornadas. Las rectas son abundantes y hay que crearse objetivos cortos en el horizonte para no creer que es demasiado largo. 20140623_110119 aspin y yo Descendí por la vertiente de Campan hacia el Tourmalet, hacia los 2.115 m. Excepto algunas herraduras, la bajada es muy cómoda y sólo hay que prestar atención a las zonas de umbría con algo de agua en la calzada. Lo malo de esta opción hacia el Aspin es que hay múltiples falsos llanos que provocan que este lado se describa como de segunda categoría en algunas ediciones del Tour. Cuando llegué a Sainte-Marie-de-Campan, inicié la gran cita del día, el temido y mitológico Tourmalet. Sus 17 km. al 7.5% me asombraron por su extraordinaria belleza. Por muchas veces que se pinche en el enlace de la altimetría, y por mucho que uno se la conozca de memoria, las sensaciones en ese coloso dependen de mil variantes: la temperatura, la humedad, el viento, la lluvia, la niebla, tu estado de forma, la dureza de lo que hayas subido anteriormente, si alguien te lleva o no con el gancho, la altitud a partir de los 1.800-1.900 m., el vértigo que producen los últimos cuatro kilómetros, la excesiva dificultad de la zona de la estación de La Mongie… 20140623_115824 20140623_115803   Sé que disfruté como un niño pequeño con un juguete deseado en Navidad. Iban pasando los kilómetros marcados en la carretera con la pendiente aproximada y cada vez me sentía más satisfecho porque por aquí han pasado los mejores ciclistas del mundo jugándose la carrera más importante del calendario internacional. Desde mis sesiones de televisión con Induráin hasta el dominio tramposo de Armstrong, siempre quise ir a esta parte de Francia a vivir algo parecido a lo que experimentan los profesionales. 10511357_10152474909912010_4116257174434334533_n 10352399_10152474909782010_8902163973957696494_n   El 34×24 me acompañó en los primeros ocho kilómetros y más cerca de las galerías coloqué sin pudor el 34×28 para acometer lo mejor posible estas terroríficas pendientes. El martillo que continuamente te va golpeando mientras me metí entre las espesa niebla por Artigues me recordaba que había que superar 1.110 metros de desnivel en 13 kilómetros. Una pared que te engaña pero que te daña hasta el extremo. 10401432_10152474953922010_7345631353303822271_n   Subí a unos 10-14 km./h., no había más remedio. Lo principal era llegar muy entero a La Mongie a 1.700 m., cuando aún restan 4 kilómetros, los más escénicos por los prados que en inviero están muy cubiertos de nieve. Las curvas del final contrarrestan con las rectas de los primeros compases mientras que uno asciende por la ladera escuchando la música preciosa de los arroyos. 10470604_10152474909462010_2443662510025828918_n   Me sentí un auténtico afortunado por culminar este puerto de especial categoría donde se erige el monumento a Jean Bernard Metais y en el que hay que detenerse para tomar una fotografía. 149986_10152474909567010_5476218799475821984_n   Finalmente no subí de nuevo por la vertiente que debía bajar hacia Luz-Saint-Sauveur ya que mis acompañantes estaban un poco cansados de seguirme con el coche y dejé la siguiente proeza para el día siguiente, el 24 de junio. Había obras para dejar a la perfección la bajada del Tour de Francia para el 24 de julio, sobre todo por Barèges, donde la máquinas habían levantado la avenida principal. Monumento a las montañas, a los Pirineos y al ciclismo. ¡Viva el Tourmalet! Aquí está mi vídeo:

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