Un blog sobre política, deportes, viajes, cultura, sociedad… ¿Algo más?

Archivo para julio, 2014

El Aspin por Arreau y el Tourmalet por Sainte-Marie-de-Campan


Me quise autorregalar el mejor homenaje posible en mi trigésimo aniversario y por ello decidí que si hay un puerto a mi alcance que sea absolutamente mítico no puedo pensar en otro que en el Tourmalet. Mi idea inicial fue subir Aspin desde Arreau y luego el Tourmalet por la cara de Sainte-Marie-de-Campan primero y por la de Luz-Saint-Sauveur más tarde. Iban a salir unos 100 km. con unos 50 de bajada y otro tantos de subida. Inicié la marcha en el Aspin, un puerto que está catalogado de primera categoría y que empieza demasiado suave. Uno llega a pensar “¿cómo puede tener el 6.5% con este tramo tan suave?”. La respuesta es simple: principalmente porque hay unos últimos cinco kilómetros que los viví entre la niebla y el sol en los que se pega la rueda con picos del 12% y muchos períodos entre el 8 y el 10%. 20140623_102916-1 20140623_101907-1 20140623_101914-1 20140623_102913-1 Lo ascendí con muchísima cadencia y ganas, por lo cual, puedo asegurar que es un puerto muy asequible y nada tremendo. Es el típico que se acumula en las piernas pero que no resulta definitivo. La escasa arboleda a partir de los 1.000 m. es una terrible noticia en días de mucho calor, pero creo que por esta zona no abundarán esas jornadas. Las rectas son abundantes y hay que crearse objetivos cortos en el horizonte para no creer que es demasiado largo. 20140623_110119 aspin y yo Descendí por la vertiente de Campan hacia el Tourmalet, hacia los 2.115 m. Excepto algunas herraduras, la bajada es muy cómoda y sólo hay que prestar atención a las zonas de umbría con algo de agua en la calzada. Lo malo de esta opción hacia el Aspin es que hay múltiples falsos llanos que provocan que este lado se describa como de segunda categoría en algunas ediciones del Tour. Cuando llegué a Sainte-Marie-de-Campan, inicié la gran cita del día, el temido y mitológico Tourmalet. Sus 17 km. al 7.5% me asombraron por su extraordinaria belleza. Por muchas veces que se pinche en el enlace de la altimetría, y por mucho que uno se la conozca de memoria, las sensaciones en ese coloso dependen de mil variantes: la temperatura, la humedad, el viento, la lluvia, la niebla, tu estado de forma, la dureza de lo que hayas subido anteriormente, si alguien te lleva o no con el gancho, la altitud a partir de los 1.800-1.900 m., el vértigo que producen los últimos cuatro kilómetros, la excesiva dificultad de la zona de la estación de La Mongie… 20140623_115824 20140623_115803   Sé que disfruté como un niño pequeño con un juguete deseado en Navidad. Iban pasando los kilómetros marcados en la carretera con la pendiente aproximada y cada vez me sentía más satisfecho porque por aquí han pasado los mejores ciclistas del mundo jugándose la carrera más importante del calendario internacional. Desde mis sesiones de televisión con Induráin hasta el dominio tramposo de Armstrong, siempre quise ir a esta parte de Francia a vivir algo parecido a lo que experimentan los profesionales. 10511357_10152474909912010_4116257174434334533_n 10352399_10152474909782010_8902163973957696494_n   El 34×24 me acompañó en los primeros ocho kilómetros y más cerca de las galerías coloqué sin pudor el 34×28 para acometer lo mejor posible estas terroríficas pendientes. El martillo que continuamente te va golpeando mientras me metí entre las espesa niebla por Artigues me recordaba que había que superar 1.110 metros de desnivel en 13 kilómetros. Una pared que te engaña pero que te daña hasta el extremo. 10401432_10152474953922010_7345631353303822271_n   Subí a unos 10-14 km./h., no había más remedio. Lo principal era llegar muy entero a La Mongie a 1.700 m., cuando aún restan 4 kilómetros, los más escénicos por los prados que en inviero están muy cubiertos de nieve. Las curvas del final contrarrestan con las rectas de los primeros compases mientras que uno asciende por la ladera escuchando la música preciosa de los arroyos. 10470604_10152474909462010_2443662510025828918_n   Me sentí un auténtico afortunado por culminar este puerto de especial categoría donde se erige el monumento a Jean Bernard Metais y en el que hay que detenerse para tomar una fotografía. 149986_10152474909567010_5476218799475821984_n   Finalmente no subí de nuevo por la vertiente que debía bajar hacia Luz-Saint-Sauveur ya que mis acompañantes estaban un poco cansados de seguirme con el coche y dejé la siguiente proeza para el día siguiente, el 24 de junio. Había obras para dejar a la perfección la bajada del Tour de Francia para el 24 de julio, sobre todo por Barèges, donde la máquinas habían levantado la avenida principal. Monumento a las montañas, a los Pirineos y al ciclismo. ¡Viva el Tourmalet! Aquí está mi vídeo:

Anuncios

L’Ariégeoise, una prueba muy extrema en los Pirineos


160 km. me salieron en el cuentakilómetros. Casi ocho horas de tránsito por las carreteras del sur de Francia, en plenos Pirineos y muy cerca de Andorra. Gracias a la revista Bicisport pude disfrutar de un día de cicloturismo que empezó bien pronto cuando salí desde Pas de la Casa a las 6 de la mañana hacia Tarascon-sur-Ariège. Menos de una hora de coche y a bajar la bicicleta en un pueblo que me pareció bello gracias al río Ariège que lo partía en dos.

La etapa, independiente del kilómetraje y de sus más de 4.000 metros de desnivel, me preocupaba más por mi motivación que por la dureza. Además, en el kilómetro 120 y 144 se pasaba cerca de un lugar ideal para bajarse y descansar y así no soportar un calor de 28 grados que sin ser sofocante sí hacía mella en los valles.

PAriegeoise2014

Como se puede observar, la ruta acababa en uno de los puertos “nuevos” más conocidos de los Pirineos y que se estrenó en 1998: el Plateau de Bielle. Los que hayáis usado el enlace para informaros sobre la pendiente, habréis comprobado que sólo de pensar que había ascenderlo desde el kilómetro 144 ya dolía en las piernas. Sólo un cicloturista tranquilo y con la mentalidad positiva puede superar esos 1.250 m. de desnivel a casi el 8%. Y claro está que el cuerpo ya llegaba torturado por los puertos anteriores.

Llegué dos minutos retrasado a la salida (a lo Perico en el Tour del 89) y tuve que esprintar un poco más para alcanzar a los grupos que se formaron paulatinamente entre los 1.000 cicloturistas que decidimos probar en la modalidad más larga de esta marcha cicloturista (hay otras dos de menor kilometraje). El calor no era importante a las ocho pero decidí no olvidar los manguitos por si acaso hacía falta ya que la previsión era de tormenta.

No se me olvidará con facilidad el pueblo de Cazenave (1ª o 2ª) porque a pesar de que no está muy alto (870 m.), ascender hasta allí es una tortura con 4-5 km. que no quieren bajar del 7% y que se elevan a más del 13% en ciertas ocasiones. Como no me sabía con exactitud el libro de ruta, no me percaté de que debía pasar ¡dos veces! por ahí y la última iba a ser con 130 km. en mi haber. ¡Qué sudor!

20140628_134922

La primera vez, cuando aún no había cumplido 20 km., se me hizo más llevadera y los sucesivos toboganes desgastaron porque uno no sabía muy bien cuándo iba a iniciarse el segundo “col” de la jornada: el de Marmare (1ª o 2ª). Sus 1.360 m. de altitud hablaban de un puerto de aparente entidad, pero lo cierto es que dio gusto, no sólo por su abundante sombra, sino por sus pendientes comedidas en torno al 5% y que realicé siguiendo la rueda de catalanes independentistas.

20140628_100409

Pasado el primer cuarto de la jornada, apenas bajamos unos kilómetros y afrontamos el cuarta categoría del Col des Sept Frères, desde donde sí tomamos un descanso más pronunciado que se prolongó con algún repecho hasta Belesta. Casi sin quererlo, había alcanzado la mitad del recorrido y el Col de Montségur (1ª o 2ª) me aguardaba. Me encantaron los casi 10 km. de subida porque desde un valle derivó hacia un collado donde me fotografiaron. Los primeros compases fueron muy suaves y por eso no produce más de un 5%, pero los últimos cinco kilómetros sí echaban hacia atrás y sobre todo al lado de una fuente muy fresquita en el paso por Montferrier, donde el 10% era más que habitual y el calor ya apretaba.

20140628_115331Después bajamos por una carretera sinuosa y llegamos a un valle donde estaba el avituallamiento más grande. Lo malo de atiborrarse de comida era que venía un tercera totalmente rodeado de árboles y que cortaba el ritmo. Reconozco que superado esa cota a más de 700, me entró el bajón físico y mental. “Carlos, no vas a llegar a Plateau”, me decía. El calor era más intenso y me veía acompañado por personas de 50-60 años que no iban con mucha alegría en las piernas. La media estaba siendo de 25 km./h., pero no estaba a gusto ya en el kilómetro 110. Por eso, utilicé la táctica de los tuareg en el desierto: ahorrar energía y no hartarme. Si me quedaba de un grupo, ya llegaría otro. Llevaba en el cuerpo una etapa de 140 kilómetros el 15 de junio en Gran Canaria, viaje exprés el 20 de junio y Quebrantahuesos de 195 km. el día 21, dos etapas pirenaicas cortas el 23 y 24 con el Tourmalet, el Aspin y Luz Ardiden como testigos… y no estaba tan fresco porque no había parado de viajar por los Pirineos en los días precedentes.

Alcancé el pie de la subida a Cazenave con la sensación de que iba a llegar a Les Cabannes (pie de Plateau de Bielle) para decidir si debía completar una hazaña o ser más razonable. El sol apretaba y temía que las proezas iban a quedar para otro día. Sin embargo, tras una bajada muy peligrosa con gravilla hacia Les Cabannes, me detuve en el avituallamiento sobre las 14:15 horas y tiré hacia delante.

Todo lo que os describa sobre este portachón de especial categoría es poco para lo que padecí. No llegué al nivel de sufrimiento que experimenté en el Larrau en 2013, pero tampoco me quedé corto, principalmente porque la pendiente era menos abrupta pero muy mantenida entre el 8 y el 11% con algún pico al 14 en la mitad de la ascensión. El firme es bastante bueno y las rectas se hacen muy largas. Las últimas herraduras al 10% nos conducen hacia un collado a apenas dos kilómetros del final de la tortura. Poco más de una hora y media tardé en cubrir esta monumental ascensión que no deja indiferente a nadie. El cansancio fue mayúsculo y una sesión de 30 minutos de masaje a la perfección me dejó un poco menos diezmado en las lumbares, las cervicales y las piernas.

Mereció la pena ir hasta este punto y no descarto volver ya que creo que cambian con asiduidad de recorrido. ¡Enhorabuena por la carrera y gran recuerdo de maillot que me llevé!

20140628_173015

Nube de etiquetas