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Si ayer critiqué a Rajoy por no añadir más carne en las explicaciones sobre la trama de Bárcenas, hoy debo rendirme ante la sinceridad (o mentira, quién sabe) de Froome en el día de descanso de ayer en el Tour. Como viene ocurriendo en los últimos quince años, la sospecha sobre los ciclistas es continua. Los adalides de la verdad se convirtieron en mentirosos compulsivos y en sinvergüenzas. Por eso, el sistema antidopaje se llevó por delante a tantos ciclistas que no cometieron irregularidades y a otros tantos que sí lo hicieron. Por ello, las palabras de Froome en el segundo día de reposo en el Tour siempre son necesarias pero constituyen una prueba más de la incertidumbre generada en torno a este precioso deporte.
“Lance (Armstrong) hizo trampas. Yo no hago trampas. Punto final. No puedo estar abierto a las críticas sobre mi actuación. En lo más profundo de mí sé que me he entrenado muy duro para llegar hasta aquí. Sé que todos mis resultados son fruto de la determinación, esa es la verdadera batalla que he librado para llegar donde estoy”, sentenció Froome, líder del Tour.
¿Por qué esta obligación de justificarse siempre? ¿No provoca más ruido que otra cosa? Pocos aficionados creen que los ciclistas no se dopan de forma sistemática. Yo opino que un tema es drogarse para ser más potente y otro es aprovechar la medicina para mejorar físicamente o para llegar a los límites establecidos con aportes externos. Eso último es lo que practican la mayoría de los ciclistas: tomar medicamentos para ser más fuertes pero sin sobrepasar los rangos dopantes.
Dentro del dopaje se dictaminaron estupideces con medicamentos imprescindibles y recurrentes que se prohibieron por supuestos dopajes intencionados. De ahí que todo estuviese bajo sospecha y cualquier comportamiento o análisis con índices mínimamente dudosos se llevasen a los tribunales.
Froome, si gana, no escapará de ese halo tan negativo por mucho que haya entrenado mejor que nadie y haya constituido un ejemplo magnífico como deportista y ciclista. Éste es el problema del ciclismo: nos gusta admirar las gestas de los ciclistas pero no nos las creemos como hace quince años. Pensamos que hay efectos especiales en las arrancadas sin levantarse de Froome cuando, por el contrario, su trabajo duro le haya podido ayudar a mostrar esa fuerza.
Por lo tanto, ante toda esta barabunta, según informa RTVE el equipo Sky ha salido a defenderse:

El director del equipo Sky, Dave Brailsford, ha salido al paso de las sospechas de dopaje en torno a Chris Froome, y se ha ofrecido a la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) para facilitarle “cualquier tipo de información” que deje clara su inocencia. “Dado lo que ha pasado con Armstrong y lo que ha pasado con el atletismo (por los positivos de Tyson Gay y Asafa Powell), creo que la vieja forma de pensar no nos va dar soluciones”, lamentó Brailsford ante los periodistas durante la segunda jornada de descanso del Tour.

No queda otra…

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