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Mientras escribo esto, no dejo de quitarme la preocupación de encima. El baloncesto profesional en España está de capa caída por mucho que se parchee. Quizás como España, ¿no?

Durante seis años he escuchado, leído y debatido todo tipo de argumentos sobre quién es el culpable. La realidad es que en La1 un Estudiantes-Bilbao lo ven menos de un cuarto de millón de espectadores y un Real Madrid-Barcelona entre uno y dos millones. Además, la estructura de la cobertura televisiva en España se solapa cada domingo por la mañana y no podemos contemplar con agudeza e inmediatez cada acción polémica por no sé qué pretexto.

Es indiscutible que la ACB está condenada a pasar a un segundo plano. La mayor muestra es que hay equipos que acaban en tercera o cuarta posición en una competición y son apeados de la mejor competición continental por el noveno. Me parece incomprensible. Me dijo en una ocasión Pedro Martínez, entrenador del Granca, que el problema del baloncesto es que cada ente mira por su propio plan y por eso el CAI no llega a la Euroliga, un conjunto de la LEB no asciende a la ACB por no disponer de millones de más y FIBA Europa impone calendarios para selecciones en pleno noviembre o febrero. Así no, desde luego, pero no hay solución que no pase por un actor revolucionario y aglutinador.

El principal inconveniente es que aunque del baloncesto vive mucha gente porque hay muchos equipos y aficionados, pero dentro de lo que es el mundillo los puestos escasean y se convierten en dorados. De aquí que el periodista quiera seguir involucrado, el árbitro pitando, el entrenador dirigiendo en la elite y el jugador exigiendo responsabilidades para no salir de una de las mejores plantillas. Se crean intereses, juegos de poder e influencias. Nadie empuja hacia delante, solo hacia un lado u otro, y de esta forma nos hallamos en el punto caliente en el que nadie confía en nadie y en el que el pastel se ha engrandecido tanto que nadie aspira a perder su porción a pesar de que la nata se derrite. Retirarse es un error y entrar de nuevo en ese sorteo de toros matinal es un privilegio en el que las reglas son muy implícitas.

He descrito mi visión del apartado del baloncesto, pero valdría para cualquier panorama social. Aun así, me queda la duda de si he sido muy negativo, de si he creado un estado de opinión exagerado donde realmente me he saltado los puntos mejorables y de si he subrayado un apocalipsis infundado porque al fin y al cabo hay ruido y eso significa que seguimos vivos y coleando. También Pedro Martínez en una entrevista me manifestó que quizás las cosas van mal porque se habla demasiado de que van mal y al final nos lo terminamos creyendo.
Pues eso… Acabo con una conclusión ambigua. Como EXPEDIENTE X.

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