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Archivo para marzo, 2013

Un resto franquista en la zona de Aranjuez


En el camino que va hacia el Soto de Oreja a la izquierda podemos ver esta cruz con estas palabras. Durante muchos años ha sobrevivido ahí.
Digital StillCamera

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Subiendo Serranillos acompañado de cabras


A Serranillos (1.570 m.) acompañado por cabras

La Presa del Molino y Los Pinos, dos subidas a Colmenar de Oreja


Este jueves aproveché el buen tiempo y la necesidad de acumular kilómetros para acometer una de las ‘clásicas’ imprescindibles cada temporada en mis entrenamientos. Se trata de una sesión de 82.5 km. en la que voy de Aranjuez a Colmenar a través de la Presa del Molino y después añado la preciosa subida de los Pinos para regresar a Colmenar y a Aranjuez.
Ayer estaba muy mal de forma y la completé con solo 26.3 km./h., pero lo importante era la cantidad y no la calidad.
Después de bordear el Tajo durante 17 km. llegué al inicio del Molino. El primer km. no supera el 2-3 % pero después aparece un 1.5 km. en el que el asfalto agarra y se sortea una rampa de hasta el 10%. El paisaje es desolador pero tras la primera bajadita se entra en un vallecito en el que no hay sombra y sí pinos y olivos. Durante 2 km. hay falsos llanos y se acaba con casi 2 km. en el que hay que subir algún tramo del 10%. El desnivel es de poco más del 250 m. en unos 6 km. así que la media es del 4% y se queda en un tercera incómodo.

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Después pasé por Colmenar y tiré entre toboganes hacia Belmonte para allí desviarme a Villamanrique. Me esperaban unos 15 km. en los que debía pasar de 760 metros a unos 530, pero esta carretera es muy botosa y lo que bajas apenas se nota, teniendo que añadir algún repecho rompedor. Si el viento es del sur/sudeste se le incorpora más dureza. Aquí es donde no recuperé velocidad media y por eso se me quedó tan baja. Como anécdota en verano de 2011 con Pedrito debí regatear a una culebra y cuando alcanzamos Villamanrique nos recibió un hombre con una pitón en los hombros.
Tras el paso por esta aburrida y perdida localidad afronté la insufrible Subida a los Pinos y lo más engañoso es el perfil:

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Solo hay dos kilómetros al 5%, ¿verdad? Mentira y gorda. Hay tres períodos de subida y dos falsos llanos. Es la misma historia que de Villamanrique a Belmonte. Los dos primeros km. llegan al 6% a ratos, luego hay 1.5 km. al 4-5% y termina entre pinos por una carretera digna de las ascensiones levantinas cerca de la costa con mucha sombra. Se corona a 782 metros y la máxima durante 100 m. alcanza el 8%. Después de 4 km. llego a Colmenar y de ahí bajo a Aranjuez para culminarlo en unas 3 horas y 7 minutos. Exigente y entretenida ruta.

Milongas del baloncesto


La RAE explica lo que es una milonga:
“6. f. coloq. Engaño, cuento.”
Eso entiendo yo respecto a las excusas que te suelen dar los jugadores sobre la motivación y sobre el esfuerzo. ‘Es que no me entiendes’, ‘es que no me des voces que me descentro’, ‘es que vas contra mí’, ‘es que me tienes que dejar jugar a mi estilo’…
Todo muy bonito. Y la FEB preconiza eso a través de su escuela de entrenadores. Muy bonito. Seguro que el hecho de disponer de los mejores jugadores o de los potencialmente más interesantes hace que esas proclamas se extiendan.
Pero la realidad es otra muy distinta. El jugador quiere sobreponerse sobre el entrenador. Se critica que en Europa (y por ello también en España) el entrenador ahoga al jugador no sólo por la cantidad de sistemas y el ‘encorsetamiento’, sino también por sus malos modos y exceso de protagonismo desde la banda.
No discuto que esto suceda y que yo mismo pueda llegar a emplear esa técnica alguna vez por unos determinados razonamientos, pero el jugador tiende a coger el todo y no la parte. Se escuda en cualquier argumento que caliente la inteligencia del técnico y por ello cree que gana porque consigue que los entrenadores salgan de los equipos y de sus vidas.
El ‘psicologismo’ (tendencia que sólo busca el entender como sea al otro) me abruma. Y lo voy a explicar en un caso muy práctico. Jugador que sabe que tiene que cerrar el rebote o no permitir el centro de la pista a su atacante y lo primero que hace en un partido es obrar de forma incorrecta en defensa. ¿Qué haces? ‘Venga ánimo, a la siguiente lo harás bien’ (psicologismo puro). O ‘vamos tío, que hay que estar espabilado’ (toque de atención). U ‘¡hostia, no dejes el centro!’ (cansancio por la falta de actitud e intensidad de su jugador).
El baloncestista tiende a pensar desde el primer momento que le tienes manía y que le descentras, pero ¿estaba centrado ese jugador desde el segundo uno? ¿No se daba cuenta de que había otros compañeros queriendo ocupar su puesto en la pista? ¿No comprueba que el que realmente hace un favor al otro es el entrenador al jugador y no el jugador al entrenador?
Pues bien, el jugador se queja sobre los malos modos del entrenador. Sinceramente, sobre una pista de baloncesto no concibo otra cosa que no sea la de la intensidad máxima siempre que se den las circunstancias. Y cuando no se produce me harto. “Hay que convencer, no gritar”, aseguran algunos. Yo respondo: “Hay que actuar y no buscar excusas”. Cuando un jugador hace su trabajo, el entrenador le premia y le venera. Cuando un jugador no quiere hacer su trabajo o descuida su labor, el entrenador se cansa de su actitud. Es así. El entrenador “morirá” por un jugador sacrificado y pasará o vilipendiará a uno que no busca el sacrificio o la mejora. El jugador no entenderá su cometido por las excesivas pulsaciones o por su indiferencia. El entrenador se cabreará.
Siempre utilizo la misma pregunta ante un jugador: “¿No te das cuenta de que si tú quieres complacerme con tu esfuerzo yo iré a tope contigo y te tendré un aprecio especial? ¿Por qué no te ganas al entrenador?” Eso sucede casi nunca y cuando ocurre es una de las mejores experiencias que un técnico puede vivir: la concordancia.

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