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Archivo para diciembre, 2012

Al borde del filo (I)


Escaleras mecánicas enfrente. Treinta escalones a su izquierda. La segunda opción era la única posible porque no había electricidad que accionase el engranaje. Pendiente empinada y superficie lijada para evitar deslizamientos y caídas innecesarias. El metro no estaba diseñado para impedidos y tampoco resultaba cómodo para el resto de los mortales. Los descendió de forma convencida al mismo tiempo que otros cinco usuarios que se disponían a coger la única línea que pasaba por allí.
Acto de rutina cinco días a la semana. Siempre en este sentido a las siete de la tarde y en el contrario muy temprano, a las ocho de la mañana. Todo ello para sumar una cantidad de dinero cuanto menos limitada: mil euros. Diez horas de trabajo y una de descanso para almorzar y pasear por un parque cercano. Todo muy ajustado, muy programado, muy laboral.
Ya en los pasillos que conducían hacia el andén uno, se detuvo para leer un panel publicitario. Obras teatrales en oferta. No abundaba la calidad pero sí el entretenimiento. Con eso bastaba. No estaría mal intentar pasarse un fin de semana por la taquilla y divertirse un rato, pero había una preocupación que le obsesionaba. ¿Cómo lograr su próximo cometido sin salir escaldado? Debía parecer un acto reflejo cuando en realidad no iba a ser así. Cada uno con su conciencia. Él no tenía. La había perdido en el camino.
Giro a la izquierda y el último corredor. El del viajero. El del esperanzado en descansar.
Llegó al andén. Lleno de gente. Murmullos por doquier. Eso le ponía nervioso. El zumbido de una colmena impaciente bajo tierra. Y diez minutos de espera.
“Por una huelga del comité de empresa, habrá servicios mínimos de 18:30 a 21:30 horas”, señalaba el cartel electrónico que hacía correr las letras de derecha a izquierda sobre un fondo negro.
Y no sólo eso. Una voz de mujer joven se encargaba de recordar a los allí presentes a través de altavoces oxidados que debían potenciar su paciencia. Cada palabra que soltaba caía como un jarro de agua fría en la mayor parte de los viajeros. Siete de la tarde y 31 de diciembre. Día de trabajo. Antes no era así pero desde que la crisis se asentó en cada hogar, los trabajadores debían asistir a su puesto como cada laborable hasta el final de su turno. ¿Qué era eso de acumular dos jornadas de vacaciones y sólo disponer de un día de descanso por ley? Afrenta hacia los empresarios. Para todos los contratados allí reunidos por la casualidad el retraso provocado por el comité de empresa suponía un insulto. Había que preparar la cena de Nochevieja o simplemente quitarse la corbata o los zapatos.
“La cena para el que llegue a casa”, pensó.
El resto no escuchó eso, pero no tardaría en comprobar que ese fin de año no iba a caracterizarse por su normalidad.

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Lo mejor de mi 2012


¿Hay algo bueno que extraer de un 2012 terrible? Independientemente de las ausencias familiares, de los recortes, de las malas prácticas, de los abusos, del desmoronamiento de los entornos y de que no sabemos bien hacia dónde vamos, debo ensalzar al menos tres momentos personales del 2012 que merecen la pena. Al fin y al cabo, Bruce Springsteen canta eso de ‘We are alive’ (“Estamos vivos”) y es lo que cuenta.
El primer episodio y el segundo sólo distan entre sí tres días. Nos hallamos en un 17 de mayo de 2012 en el Estadio Olímpico de Montjuic. Yo viajo desde Madrid a las 8 de la mañana en un bus. Llego a Barcelona a las 16:30 horas, voy hacia L’Hospitalet para dejar mi equipaje en la casa de primo (inolvidable su fantástico trato) y a las 18 horas “aterrizo” en la cola de Montjuic para que una aficionada ilerdense de Bruce me entregue la entrada que ha guardado durante una hora para mí. Cuatro horas después empieza un espectáculo que se quedará en mi retina siempre. Tres horas y once minutos del mejor Bruce Springsteen que yo jamás haya contemplado y disfrutado. Superó con creces el mejor concierto al que había asistido en Milán en 2008. Bruce con 62 años se comió el escenario con un despliegue físico que me pone la carne de gallina. Además, ese día pude escuchar un monumental PROVE IT ALL NIGHT con la introducción de la gira de 1978, un premio a Barcelona. Lástima que en la siguiente noche el nivel decreciese tanto, porque podríamos haber hablado del éxtasis durante 48 horas.
Y tres días después, gracias al presentador Arsenio Cañada pude comentar un partido en directo en Teledeporte. Fue el Cajasol-Real Madrid. El orgullo fue mayúsculo al enterarme de la audiencia (366.000 espectadores). Los mensajes que recibí en el móvil me conmovieron más aún que la retransmisión, pero todo va unido realmente. Cumplí uno de esos innumerables sueños que son posibles, pero que sólo el destino se encarga de ordenar y de ejecutar.
El tercero y último (podría acumular más porque fui a ver siete conciertos de Bruce en otras cuatro ciudades como son Donosti, Madrid, París y Londres) es mi ascensión a los Lagos de Covadonga el 3 de septiembre. Repleta de anécdotas, de sufrimiento, de regocijo y de autorrealización. Ya os lo expliqué en este enlace (https://carlosvelasco.wordpress.com/2012/09/07/los-lagos-de-covadonga-y-un-cicloturista-con-un-cambio-casi-roto/) y si bien es verdad que el concierto de Madrid de Bruce (3 horas y 50 minutos) podría competir con este tercer momento, creo que mi tesón mereció un apunte aparte. Recuerdo: cambio roto por la ineptitud de una tienda, problema mecánico desde el primer puerto y gritos en ‘La Huesera’ porque el cambio no me permitía pedalear. Fantástico día que nunca olvidaré.
Llega 2013 y sigo siendo un afortunado. Lo comenzaré con trabajo y con dos equipos. No sé cuánto durará todo esto viendo cómo está España, pero siempre me quedará Bruce Springsteen para disfrutar, la bici para desconectar y cómo no mis amigos y familiares para vivir la vida en todo su apogeo.

Los números de 2012


Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

Aquí hay un extracto:

600 personas llegaron a la cima del monte Everest in 2012. Este blog tiene 12.000 visitas en 2012. Si cada persona que ha llegado a la cima del monte Everest visitara este blog, se habría tardado 20 años en obtener esas visitas.

Haz click para ver el reporte completo.

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Santillana del Mar, un espectáculo para los sentidos


Detalle de la iglesia.

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El Monte Urgull y abajo La Concha de San Sebastián


TODO EN LA CIUDAD.

El baloncesto en el lugar más recóndito de Donosti


En el monte Urgull de San Sebastián se puede contemplar esta pista de baloncesto totalmente escondida y con unas vistas impresionantes (la bahía de la Concha de la ciudad vasca). ¿Quién no tiraría unas canastas ahí?
Pista.

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Las olas que rompen en la playa de la Concha de Donosti.


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