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Como casi siempre de cada libro de Alberto Vázquez-Figueroa saco una serie de reflexiones. Me estoy leyendo KALASHNIKOV, que trata sobre un dictador ugandés y sobre el tráfico del coltán y de armas por todo el mundo. En un pasaje donde uno de los personajes lee un informe de la Unión Europea se expresan estas ideas:
“Toda fórmula económica está condenada al fracaso ya que siempre tropezará con un obstáculo insalvable: el dinero negro.
Y es que hemos intentado construir un modelo de sociedad basado en una hipotética igualdad en que cada cual debe aportar a la comunidad en proporción a lo que posee, sin detenernos a reflexionar en el hecho de que muy pocos están dispuestos a compartir.
El resultado ha sido un dinero negro que siempre ha existido, aunque no en la desorbitada proporción actual.
La excesiva presión fiscal, la corrupción política y el tráfico de drogas ha llevado a la mayoría de los países a un callejón en el que toda posible salida se encuentra taponada por altos muros de dinero ilegal.
Se trata de ingentes cantidades que no se reinyectan en el tejido económico proporcionándole vitalidad, sino que se convierten en un cáncer, en “dinero muerto” que permanece oculto y no se convierte en empresas creadores de empleo y riqueza, sino en trapicheos especulativos destinados a bloquear sin proporcionar beneficios a la sociedad.
(…)
Llegará un momento en el que se guardarán más billetes en sótanos o cajas fuertes que el que circule abiertamente, con lo que la economía se habrá colapsado. Año tras año se va frenando ese tres por ciento que desaparece, por lo que llegaremos a un punto en el que la única actividad económica se centrará en un desaforado lavado de dinero.
En las islas Caimán se pagan seis dólares sucios por uno limpio y un mundo que se ve obligado a funcionar bajo tales parámetros está condenado al colapso.
(…)
Tan sólo uno de cada cien culpables acaba en la cárcel y se echa tierra sobre el resto, en especial si ese resto ocupa cargos políticos (…).
El poder del dinero es tan fuerte porque sabemos que es ilimitado en el tiempo pero, ¿qué ocurriría si tuviera fecha de caducidad?
Los billetes deberían tener un período de validez preestablecido y de ese modo se cortaría de raíz el problema ya que a nadie le interesaría amasar ingentes cantidades de unos billetes que en muy poco tiempo se convertirían en papel mojado.
(…)
Ocurrió cuando se pasó de la peseta al euro, se reflotaron auténticas fortunas.
Más del setenta por ciento del dinero se encuentra en bancos y cajas de ahorro; son números, no billetes, y cuando un honrado cliente acudiera a retirar su dinero se lo entregarían en los billetes que fueran válidos en ese momento. Ese cambio no le afectaría, pero los políticos corruptos, los empresarios evasores de impuestos (…) se encontrarían de pronto con que su dinero no sirve ni para empapelar paredes, por lo que tendrían que apresurarse a aflojarlo reinyectándolo en la economía o correrían el riesgo de perderlo definitivamente.
(…)
Generaría un momentáneo caos, pero no mayor que de la crisis actual, que cada día va a peor y a la que no se divisa un final. Se limitaría a un caos de medio año, que sabríamos exactamente en qué fecha debe concluir.
Demasiada liquidez lanzada bruscamente al mercado se convertiría en una masa de dinero incontrolable, aunque gran parte nunca afloraría porque sus dueños preferirían perderlo a pasar años en la cárcel”.

¿Qué os parece? Mañana la refutación a esta interesante opinión.

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