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De ‘Ébano’ voy a extraer otro pasaje muy interesante para llegar a apreciar lo que sucede en el continente negro. Esta vez trataremos el tema de los esclavos en Zanzíbar, un conjunto de dos islas al este de la costa de Tanzania donde se llevaba a cabo el comercio de los esclavos que partían hacia diferentes lugares del mundo para ser explotados impunemente.

“En este comercio -planetario a decir verdad, pues participaron en él Europa, las dos Américas y muchos países de Oriente Medio y Asia-, Zanzíbar se revela como una estrella negra y triste, una dirección nefasta, una isla maldita. Durantos años, más aún, durante siglos enteros, se dirigen hacia ella caravanas de esclavos recién atrapados en el interior del continente, en el Congo y Malawi, en Zambia, Uganda y Sudán. A menudo atados con cuerdas para que no se escapen, sirven al mismo tiempo como porteadores: llevan al puerto, a los barcos, mercancías muy preciadas; a saber, toneladas de marfil, de aceite de palmera, pieles de animales salvajes, piedras preciosas, ébano…
Trasladados de tierra firme a la isla a bordo de barcazas, son expuestos en el mercado como un producto cualquiera. El mercado se llama Mkunazini y es una plaza, situada cerca de mi hotel, en la que hoy se levanta la catedral anglicana. El abanico de precios es muy amplio: desde el dólar por un niño hasta los doce por una muchacha joven y hermosa. Bastante caro, habida cuenta de que en Senegambia los portugueses obtienen doce esclavos por un caballo.
Luego los más sanos y fuertes son obligados a latigazos a correr de Mkunazini al puerto: no está lejos, unos cientos de metros. Desde aquí saldrán con rumbo a América u Oriente Medio a bordo de barcos destinados al transporte de esclavos. Cuando cesa la actividad del mercado, a los muy enfermos, por los que nadie ha querido ofrecer ni tan sólo cuatro céntimos, los arrojan a la pedregosa orilla: allí los devoran furiosas manadas de perros salvajes. En cambio, los que con el tiempo consiguen sanar y recuperar las fuerzas se quedarán en Zanzíbar y, como esclavos, trabajarán para los árabes, dueños de grandes plantaciones de claveros y cocoteros. Muchos nietos de estos esclavos participarán en la revolución”.

Este texto es un ejemplo de lo que yo experimenté en la Isla de Goree, muy cerca de la capital de Senegal, Dakar. Si en Zanzíbar, el comercio de esclavos entre los siglos XVI-XIX era hacia el este, en Goree era hacia América. Os vuelvo a indicar el enlace de youtube en el que el encargado de la ‘Casa de los Esclavos’ nos explicó cuando acudí allí a finales de septiembre de 2011.

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