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El ciclismo es un deporte de altísima exigencia y con un riesgo muy importante. Cuando yo era corredor de cantera (en infantil y en cadete) me daba pavor ir en un grupo (o pelotón). El problema era que cualquier frenazo provocaba un momento de tensión que podía llevar a una caída y entonces te podías hacer un raspón, contusionarte o romperte la clavícula. Por eso, yo iba siempre en la parte trasera, ya que ahí podía ver con mayor tranquilidad todo lo que pasaba por delante. Lo malo de esto era que me descolgaba con facilidad ante cualquier arreón y a mi director, Pablo Solana, no le hacía mucha gracia. Hasta mis últimas carreras no perdí el miedo a ir en la cabeza y fue por una amenaza.

Cuando me tocaba descender, perdía numerosas posiciones que siempre ganaba subiendo (con 1.75 metros entonces subía mejor que bajaba, contradictorio). Cuando veía que llegaba una curva, la tomaba con precaución porque estimaba que el hostión podía ser monumental. Cuando tocó decidir entre entrenar 3 horas y estudiar otras 7 en Bachillerato, me decanté por lo segundo y abandoné la bicicleta a finales del año 2000.

Debido a un empuje personal, en 2011 retomé la práctica del ciclismo y cuando ya acumulo 1.000 kilómetros en 2 meses y algunos días oigo y veo la noticia de que el belga Wouter Weylandt ha fallecido descendiendo un alto de escasa entidad pero muy quebrado y peligroso (sin señalizar adecuadamente según comentaron algunos ciclistas) en el precioso y brutal Giro de Italia de 2011. El domingo yo recuerdo cómo alcanzaba los 68 kilómetros por hora (no es excesivo) en una recta bajando el Alto de Campadales hacia Horcajo de la Sierra. Entonces yo pensaba que un bache me podía llevar hacia una lesión importante o hacia algo peor. En ese momento sólo experimentas una sensación de emoción y de tensión que te impide valorar las consecuencias. El ciclismo es un deporte muy sufrido y estas circunstancias mortales en competición no dejan de magnificar a una profesión que otras personas como yo se la toman como un ocio y que pueden resultar fatales si no se tiene un mínimo de cuidado, sea o no en la alta competición.

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