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Archivo para febrero, 2011

“Y luego te quejarás…”


Hay un lema muy tradicional que es el siguiente: “Y luego te quejarás”. Se emplea para aquellos que piden, no dan lo suficiente, pero se quejan por no recibir su pan al final de la jornada.

Esto se puede aplicar a todos los ámbitos de la vida y lo hemos usado cada uno de nosotros con mayor o menor frecuencia durante nuestra existencia. Lo que peor soportamos es el acercamiento de las personas cuando la situación se ajusta a sus intereses y el alejamiento de las mismas cuando no se producen sus circunstancias favorables.

Pongamos un ejemplo: una persona dice que no va a determinado lugar porque va a ir a otro distinto. En la primera opción existe un compromiso importante y sabe que es lo mejor para su futuro, pero finalmente escoge la opción dos, un camino del disfrute inmediato y sin justificación. El problema es que un tiempo después la persona se da cuenta de que ha habido represalias por no elegir la primera vía y se queja de una forma más o menos airada. ¿Tiene razón? Lo siguiente que hará será escudarse en que otras personas hacen lo mismo y el responsable de la gestión de la situación tendrá que recordarle que nadie es igual al otro y que no se pueden medir de la misma manera dos casos diferentes. ¿Lo entenderá? Da igual. El conflicto ya está creado.

Por lo tanto, en toda relación entre personas si alguien rompe el código, comenzará un contencioso. ¿Quién saldrá ganando? El que tenga menos que perder en cualquiera de las partes.

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Si no te llevo al límite…


Mezclaré la psicología, la sociología y el baloncesto en esta reflexión. Estuve conversando hace unos días con una persona muy entendida en el mundo del baloncesto sobre la motivación y la gestión de grupos. Una de las conclusiones a las que llegué después de hablar con él fue que no se podía dejar a los jugadores sin tensión durante un entrenamiento o un partido. Y lo resumía en la siguiente frase: “Si no llevo al jugador al límite en cada entrenamiento, no estaré consiguiendo lo máximo de él y no mejorará”. Cuando procesé esa información me di cuenta de la extrema complejidad de esta frase para llevarla a cabo en el presente en los clubes (y no sólo de formación).

Si mi generación de los 80 vivía en la ley del mínimo esfuerzo, la actual se ha instalado en un mundo todavía peor: la ley del nulo esfuerzo. Cuando a un jugador se le exige un plus a su rendimiento, comprende que no debe ofrecerlo y que en cuanto que se le toquen las narices montará un escándalo público. Con esta situación, es casi imposible progresar en un equipo amateur y también se ve con frecuencia en el mundo profesional. ¿La solución? O mandarle a freír pimientos o exigirle aún más o dejar que actúe la psicología. El conductismo es la respuesta más frecuente de la última propuesta y yo no puedo estar más en desacuerdo con ella. Una persona muy entendida en este apartado me ha querido asesorar y después de agradecer su gesto no me ha convencido. Esta teoría dice que a una acción le siguen unos efectos y si somos extremos siempre ocurrirán unos efectos después del mismo tipo de acción. Eso me parece casi imposible en la práctica porque no vivimos en laboratorios, sino en sociedades donde interactúan leyes como la anteriormente mencionada al principio de este párrafo. Si a un jugador le aplicas un castigo me surgen varias preguntas: ¿reaccionará siempre de la misma forma?, ¿comprenderá el castigo a la larga?, ¿se podría colocar el mismo castigo a otra persona de la misma forma?, ¿se pueden relativizar los castigos dependiendo de la persona?, ¿y los tutores actuales pierden legitimidad a la hora de castigar?

Soy relativista, lo siento. No llego al nihilismo, pero me acerco. En el mundo de la sociología no he encontrado verdades absolutas y que me aproximen al conocimiento estable. La sociedad es cambiante y sólo nos debemos adaptar, si es que podemos…

¿Quieren ver casquería? Saw se la ofrece


Ayer viernes tenía intención de ver Saw VII 3D, la última (y no se sabe si definitiva) entrega de la saga del demencial hombre que murió en la tercera entrega y que continúa dando de qué hablar gracias a los flashbacks de los malísimos guionistas de la saga.

Hoy sábado tengo que decir que no iré a verla. ¿Por qué? Repasé por casualidad en youtube una serie de trampas que vi en las anteriores seis películas (una de ellas calificada como “x” en España por su inicio sádico y que incita a la violencia por la violencia) y descubrí que mi inteligencia había degenerado bastante. ¿Cómo podía yo admitir esto? ¿Ver cómo descuartizaban a las personas haciéndolas sufrir y sin capacidad de escapatoria salvo que se automutilasen o se quedasen heridas para siempre?

Quizás atraiga lo morboso, quizás se trate de que presenciamos aquello imposible de hacer porque la razón indica lo contrario, quizás esté hablando sobre las imágenes impactantes de Hollywood por antonomasia… Qué se yo. Lo único que tengo claro es que la bestialidad del gore de Saw ha pasado a mejor vida por mi parte y no gastaré ni un euro para promover una manera de crear cine que se aleja de cualquier elemento de sensibilidad, de sentido común y de gusto por lo estéticamente aceptable. No más Saw, no más gore barato.

Por otra parte, repudiamos a Saw (algunos más que otros), pero, ¿no nos damos cuenta de que casi todas las películas de acción han intensificado la producción de escenas de gore para generar un mayor realismo en el espectador? Como decía un profesor mío de Teoría de la Imagen, “Hollywood vende pornografía visual”.

El sueño


Tener sueño es más que habitual en cualquiera de nosotros. Lo peor es tener sueño y tener que realizar operaciones estresantes. Una de ellas es conducir y si estás en la Comunidad de Madrid, aún produce un mayor nerviosismo.

Iba yo por la carretera M-301 un día por la mañana a eso de las 7:30 horas. Había pasado San Martín de la Vega y me disponía a afrontar los últimos 10 kilómetros de una comarcal antes de alcanzar el acceso a la M-50. Lo que me sorprendió de esa travesía no fueron las curvas (a izquierda y a derecha) constantes que debía tomar porque quise evitar el atasco insufrible de Pinto en la A-4. Lo que más me impactó fue ver una furgoneta que se había salido del carril y había quedado estacionada en la cuneta con una posibilidad real de volcar. Uno piensa que el conductor debió de ser un cafre para no tener más cuidado, pero cuando una persona tiene prisa, lo normal es que los errores puedan aparecer. Y eso es lo que supuestamente sucedió.

Yo continué por mi carril y por fin llegué a la “civilización”, esto es, a la M-50, punto en el que uno se siente como en casa porque ve que a las 7:45 no puede haber más coches acompañándote por la mañana cuando todavía no ha despertado el sol. Lo malo para mí fue que tenía mucho sueño y no podía evitar unos pestañeos de más de un segundo. Al fin, aparqué el coche cerca de mi trabajo. ¡Qué bueno es dormir en el transporte público!

Mi valoración de la Copa del Rey


Seré explícito y diré qué ha hecho cada equipo en unas pocas líneas:

– Valladolid: Atenazados es poco. En cuanto que no les entraron los triples ante el Valencia, dejaron de defender. Escasez de centímetros en la pintura a la hora de la verdad.

– Valencia: Se notó en exceso que Claver resultó noqueado por la defensa madridista y que la rotación exterior fue más que limitada. Por dentro no despuntaron Savanovic ni Lishchuk. Por eso, no fueron finalistas.

– Bilbao: De menos a más en los cuartos y trampeados hasta cierto punto en los momentos clave. Necesitan algún killer más para poder afrontar este tipo de partidos.

– Baskonia: Desaprovechamiento de los recursos y exceso de utilización de los titulares. Los suplentes tampoco respondieron y por eso cayeron con tanta contundencia en las semis y estuvieron a punto de fracasar en los cuartos.

– Gran Canaria: Demasiado hicieron. Plantilla que ha quedado muy descompensada por la baja de Savané. Posesiones largas y menos penetraciones de las debidas con un esquema de juego muy abierto. En defensa intentaron dar el do de pecho con una rotación de 9.

– Joventut: Animadores de los cuartos durante unos minutos, pero en el lodo al final del partido contra el Barcelona. Con 7 jugadores poco se puede hacer. Y si ninguno de estos está entre los 10 mejores de la ACB, peor todavía.

– Real Madrid: A ratos muy sólido y no encantó a nadie. ¿Lo mejor? Que Suárez, Prigioni, Sergio Rodríguez y Mirotic se echaron el equipo a las espaldas. Messina acabó satisfecho porque compitió, pero no convence a nadie. Seguramente, ni aunque ganase convencería a la parroquia madridista que se ve netamente inferior al Barcelona. Dinero desaprovecho al máximo. Llegó roto el equipo con 9 jugadores de rotación (los 3 que no jugaron eran de todo menos mancos).

– Barcelona: Tuvo dos bajones antes de la final, pero como tiene una rotación tan amplia y defiende con tanta intensidad, dieron igual. En la final supo matar al Real Madrid con 2 triples al principio del tercer cuarto y llegó más entero al último cuarto, el cual lo empezó con más 5. Dilema Mickeal-Anderson para el futuro más próximo.

¿Debe estar contento el Real Madrid por su partido del jueves?


La respuesta es sí. Y todo lo que me digáis en contra (que podéis decir lo que estiméis en los comentarios) no me vale porque sólo utilizaré un punto de vista: el Real Madrid ganó. Y de eso se trata. Cuando eres muy superior al rival, puedes permitirte florituras. El Real Madrid llevó el partido encarrilado desde que quiso defender a Carroll con Prigioni (me dan igual sus 30 puntos porque era la única amenaza real del Granca) y sólo tuvo que mostrar paciencia para meter el balón dentro de la zona y circular por el perímetro.

¿Hay que encumbrar a Sergio Rodríguez? No. Hizo la guerra por su cuenta, eso sí, auspiciado por un equipo amarillo que le dio muchos espacios para su creatividad (Green y Bellas son defensores pequeños y no en su momento más pletórico de la temporada) y por ello el tinerfeño se salió. ¿El Valencia le permitirá esa creatividad? No.

Para los que no me crean, si el Real Madrid gana la final, Suárez será el MVP. Ayer 18 de valoración con un juego secundario.

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