Un blog sobre política, deportes, viajes, cultura, sociedad… ¿Algo más?

Se acercó (V de X)


Desconcertado al máximo. Restregué mis ojos para intentar ver con mayor claridad, si es que antes alguna partícula estaba impidiendo mi comprensión visual. Decidí rebobinar los acontecimientos hasta el principio y para ello me dispuse a interrogar otra vez a una ya vidente Marta.

–         Necesito recapitular contigo, Marta.

–         No lo hagas. Déjate llevar por la gravedad.

–         Difícilmente lo podría hacer. Ahora mismo no hay un precipicio debajo de mí, al contrario de lo que te pasa a ti.

–         Desde aquí se otea nuestro alrededor mejor. Detrás de ti, bajando por este riachuelo tienes una especie de cascada por donde te podrías tirar y así me dejarías en paz de una vez- me aconsejó ella con una sonrisa malévola y poco amistosa.

–         ¿Por qué me quieres fuera de tu entorno? No creo que te entorpezca demasiado. Si te quieres tirar ahora mismo, adelante. Es tu decisión. Yo te quería contrariar para que no hubiese un cadáver a mi alrededor- solté con un mal humor creciente.

Mis últimas palabras tuvieron un efecto opuesto al que pretendían. De nuevo se pudo comprobar que la mentalidad de algunas personas, en este caso de una mujer, podría funcionar mejor si se hablaba en clave negativa que si se edulcoraban los acontecimientos. Tras mi pequeño discurso, Marta observó que si daba unos pasos hacia delante y se acercaba hacia el abismo, no habría alguien debajo que sintiese remordimientos por su acción. Ese pensamiento la consternó más de lo que yo había previsto y por ello otra vez determinó que la opción más sensata era sentarse sobre una roca musgosa que se había dispuesto en la parte izquierda del peñasco. Allí, ordenó sus planes inmediatos durante un minuto mientras que los tímidos rayos del sol que entraban con disimilo por la parte donde descendía el arroyo se eclipsaban debido a las nubes que descargaban lluvia por el lado opuesto y a la noche que casi se había adueñado de nuestro ambiente.

–         ¿Qué decides entonces? ¿Te tiras o no?- sonó de mi boca cuando ella llevaba unos segundos con el codo derecho posicionado sobre su rodilla diestra y con sus dedos mesando su cabello largo y castaño.

–         Déjame. ¿Cuántas veces te lo he de repetir?

Como ella seguía en sus trece, yo quise investigar si en realidad existía una cascada por el riachuelo formado por las precipitaciones. No había avanzado más que diez pasos cuando una luz se encendió en mi mente y empecé a atar cabos sueltos. Alguien me había abandonado en ese valle de umbría. ¿Quién? ¿Un amigo? ¿Mi mujer? ¿Mis dos niños? ¿Un compañero de la comisaría? ¿Un secuestrador? ¿Dios? No, este último no podría haberlo llevado a cabo porque no estoy seguro de su existencia. Soy agnóstico.

Además, alguien me había producido una herida o me había impregnado su sangre o la de otra persona sobre el pantalón formando un círculo de líquido asqueroso y desagradable. Hurgué por debajo de los pantalones y como no alcanzaba mi objetivo a la altura de la rodilla, me bajé esta prenda hasta los tobillos. No había ningún rastro de una herida superficial. Qué extraño. ¿Habría alguna explicación razonable a ese hecho? No fui capaz de descifrarlo en ese instante. Nuevas ideas y preguntas no cesaron a aparecer. ¿Había fallado mi vida para sentirme así de desconsolado? Debía organizar mis experiencias para lograr una respuesta convincente. Fui punto por punto.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: