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El poder de la guitarra


Como casi todos sabéis, yo toco la guitarra. ¿Mal? ¿Bien? Supongo que mal, pero yo siento que la toco lo suficientemente bien como para continuar con esta actividad. La mayoría de las ocasiones me refugio en un cuartito de mi garaje donde las ondas se expanden menos hacia la calle. Allí ensayo temas de los artistas que me gustan (Bruce Springsteen, U2, REM, Coldplay, The Beatles, The Rolling Stones…) y también saco de la nada canciones propias. Tengo que decir sobre estas últimas que tienen la suficiente calidad como para ser publicadas en un disco y conseguir un cierto éxito (¿exceso de vanidad? No lo sé, es mi opinión).

Lo que logro con la guitarra (y la armónica y el teclado, que se me olvidaban) es crear una atmósfera donde se refleja mi estado de ánimo. En días lluviosos puede apetecerme una balada o un rock divertido. En días veraniegos me puedo entretener con canciones oscuras y rasgadas o con fiesteras sinfonías. Mi estado de ánimo va mucho más allá de la estación del año. Por ejemplo, en los últimos 15 días he conseguido dos temas (a cual más reconfortante) que son totalmente contradictorios. El primero es un corte animado, con ritmo, con melodías fácilmente silbables y que despiertan el alma hacia el infinito. El segundo, por otra parte, lo obtuve tras tocar sin ganas y con una intensa tristeza durante 30 minutos. Entonces surgió ese momento adecuado en el que las estrellas se alinean y el viento deja de soplar. Escuché los acordes sosegados que estaba improvisando y de repente aparecieron unas palabras de la nada y una armónica que se moría por dentro.

Me congratularon lo suficiente como para grabar sin un guión predefinido y el resultado es una sucesión de sonidos profundos, desgarrados y llenos de emoción. Seguramente a la primera canción la llamaré “Joy” y a la segunda “Sadness”.

En definitiva, el poder de la guitarra o de una página en blanco es majestuoso. La materia te guía aunque tú realmente la estés manipulando. ¿Y quién guía a la materia? Como bien citaba Arturo Pérez Reverte a Borges en el primer capítulo de ‘La tabla de Flandes’: “Dios mueve al jugador y éste la pieza. ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza?”

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Comentarios en: "El poder de la guitarra" (1)

  1. a ver si las cuelgas en facebook o las envias por mail. seguro que estan bien. cuidate crack

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