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Archivo para noviembre, 2010

¿Dónde están los pivots?


En la ACB los clubes potentes y modestos están siempre buscando los pivots para poder competir con mayor soltura. Algunos de ellos no son interesantes para las entidades deportivas por su elevado coste relativo y otros presentan una serie de características especiales (o son muy blandos, o son muy bajos, o son escasamente movibles, o les gusta poco el contacto…) que echan atrás la iniciativa del contrato.

El Real Madrid necesita un pívot de más de 2.10 metros que sea muy duro y que rebotee 10 capturas por duelo. ¿Existe ese hombre? Pekovic es un buen ejemplo (inalcanzable para el cuadro de Messina). Sin embargo, la escasez de este tipo de perfil está obligando a los conjuntos de la ACB a reinventarse y por ello el extraordinario Baskonia debe desarrollar su táctica con varios cuatros y un cinco (Barac). ¿Cómo les está yendo? Sin la presencia de un tres reboteador (San Emeterio no lo es por definición. aunque pueda acercarse a esa cualidad), el equipo de Ivanovic sufre en demasía. Pues bien, ¿no ha buscado Querejeta un cinco? Falso. Simplemente, no lo encuentra porque el mercado no le ofrece ninguno con un mínimo de garantías de éxito.

Lo que se está demostrando es que los pivots escasean (mucho más que los bases). Yo que entreno en la quinta categoría del baloncesto español me doy cuenta también de que nos debemos conformar con los treses y medio o con los cuatros y medio. Con ellos conseguimos un juego más dinámico (a veces más atractivo para el aficionado), pero continuamente desplegamos déficits de equilibrio y de consistencia. Sin ir más lejos, un 2.08 de mi liga (un ex EBA) nos hizo un traje hace 10 días porque le dio por meterse por dentro, pero éste no se encuentra en una categoría mucho más arriba porque presenta otras carencias que le lastran. Tener todo es complicado y cada uno se debe centrar en potenciar lo que tiene y en mitigar sus defectos.

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El poder de la guitarra


Como casi todos sabéis, yo toco la guitarra. ¿Mal? ¿Bien? Supongo que mal, pero yo siento que la toco lo suficientemente bien como para continuar con esta actividad. La mayoría de las ocasiones me refugio en un cuartito de mi garaje donde las ondas se expanden menos hacia la calle. Allí ensayo temas de los artistas que me gustan (Bruce Springsteen, U2, REM, Coldplay, The Beatles, The Rolling Stones…) y también saco de la nada canciones propias. Tengo que decir sobre estas últimas que tienen la suficiente calidad como para ser publicadas en un disco y conseguir un cierto éxito (¿exceso de vanidad? No lo sé, es mi opinión).

Lo que logro con la guitarra (y la armónica y el teclado, que se me olvidaban) es crear una atmósfera donde se refleja mi estado de ánimo. En días lluviosos puede apetecerme una balada o un rock divertido. En días veraniegos me puedo entretener con canciones oscuras y rasgadas o con fiesteras sinfonías. Mi estado de ánimo va mucho más allá de la estación del año. Por ejemplo, en los últimos 15 días he conseguido dos temas (a cual más reconfortante) que son totalmente contradictorios. El primero es un corte animado, con ritmo, con melodías fácilmente silbables y que despiertan el alma hacia el infinito. El segundo, por otra parte, lo obtuve tras tocar sin ganas y con una intensa tristeza durante 30 minutos. Entonces surgió ese momento adecuado en el que las estrellas se alinean y el viento deja de soplar. Escuché los acordes sosegados que estaba improvisando y de repente aparecieron unas palabras de la nada y una armónica que se moría por dentro.

Me congratularon lo suficiente como para grabar sin un guión predefinido y el resultado es una sucesión de sonidos profundos, desgarrados y llenos de emoción. Seguramente a la primera canción la llamaré “Joy” y a la segunda “Sadness”.

En definitiva, el poder de la guitarra o de una página en blanco es majestuoso. La materia te guía aunque tú realmente la estés manipulando. ¿Y quién guía a la materia? Como bien citaba Arturo Pérez Reverte a Borges en el primer capítulo de ‘La tabla de Flandes’: “Dios mueve al jugador y éste la pieza. ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza?”

Los jóvenes ante su quimera


Una quimera es, según la RAE, un monstruo imaginario que, según la fábula, vomitaba llamas y tenía cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón. Traigo a colación la definición de esa palabra para ajustarla a la realidad de los jóvenes de una forma particular.

Yo soy un joven español (o europeo o madrileño, como gusten los antinacionalistas o regionalistas). Veo el futuro sin un proyecto claro. Independientemente de que el 31 de diciembre podría terminar, modificarse o continuar una etapa profesional (no se sabe todavía a ciencia cierta), ahora mismo creo que vivo ante la acechante presencia de esa quimera que según la mitología iba aterrorizando a las poblaciones y engullendo rebaños y animales. Esa población en 2010 está focalizada en la comprendida entre 18 y 35 años, mientras que los rebaños y los animales son las empresas y los puestos de trabajo que engulle la quimera.

¿Cómo convivir con esa amenaza? ¿Bebemos sin cesar para ahogar las penas? ¿Pasamos de todo? ¿Nos acogemos al artículo ‘carpe diem’? ¿Somos fríos en nuestros cálculos? ¿Ahorramos sin cesar para ser precavidos por lo que pueda pasar? No sé ni qué contestar. Llevo muchos años en los que intento no afirmar nada de forma tajante para que no me pillen desprevenido.

Lo único que tengo claro es que la quimera se aproxima cada vez más y compruebo que las alternativas para sortear su acercamiento no son concretables. Como siempre, y como buen creyente en “el destino ateo”, considero que el futuro está escrito y que sólo puedo alterar unas pequeñas variantes.

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