Un blog sobre política, deportes, viajes, cultura, sociedad… ¿Algo más?

La Cubilla y la dureza acumulada


Subían muy rápido el Puerto de La Cubilla y en el pelotón no pasó nada hasta quedando 5 km. San Lorenzo y La Cobertoria antes que La Cubilla, un final inédito en La Vuelta. Visto lo visto, surgen varias razones por las cuales no hubo más espectáculo por parte de los favoritos.
Si no pueden o no quieren los ciclistas, no hay nada que hacer. La etapa más aburrida de La Vuelta (ayer a Guadalajara) fue la más vistosa. Es una cuestión de varios factores antes de la segunda jornada de descanso: falsos llanos de 20 km. hasta que quedan 18 km. para iniciar oficialmente la ascensión a La Cubilla; cansancio mayúsculo de los favoritos por la tralla que llevan ya no solo en La Vuelta sino en toda la temporada; pocos favoritos en liza guardando lo poco que tienen; no hay rampones imposibles así que todo depende del ritmo machacón de los que tiran; sensación de que si no hay un rampón que incomode el pedaleo, nadie se ataca hasta quedando poco…
A mí me encanta La Cubilla, pero necesita tener un encadenado de bajar e inmediatamente subir, como Cobertoria, Cordal y Angliru. Aun así, es cuestión de dar tiempo, como pasó a La Farrapona, para que la dureza se refleje más en las piernas. Pasaron cosas ya que Valverde cedió tiempo y Quintana perdió muchas de sus opciones antes de recuperar tiempo en Guadalajara, pero se esperaba que fuese en La Cubilla, un puerto más tendido, donde se viese que los rampones coartan a la gente y que lo tendido llama al espectáculo. Otra vez será.

El fuego es el mayor protagonista de los veranos de los siglos XX y XXI. Hay que prender para sacar beneficios económicos. Hay una Ley de Montes, pero lo cierto es que nada se detiene.

Yo viví en Gran Canaria y sin duda querré volver en cuanto que pueda. He visitado una gran parte de su territorio, buscando el verdor de otras regiones a tan solo un salto de África. He contemplado su riqueza paisajística, sus barrancos, su vegetación endémica y sus pinares. He recorrido sus pendientes con mi bicicleta y he enseñado la isla a numerosas personas para que descubriesen los encantos de un montículo de tierra que parece un pequeño continente por pasar de un desierto en el sur a una selva o a un clima de alta montaña.

Todas las noticias que están llegando desde hace una semana y media me están doliendo enormemente. Mi pesar es mayúsculo porque desde la distancia estoy sintiendo cómo se está perdiendo lo más precioso que quedaba en la isla: la cara norte a partir de 200 metros hasta el Pico de las Nieves. Laurisilva, pinares, vegetación que te transporta a Asturias, humedad… Todo eso se ha perdido ya. Hablan de 10.000 hectáreas, una inmensidad. 75 km. de perímetro.

La isla se ha muerto visualmente. Quedan personas dentro, esperemos que sigan bien, pero la isla se ha muerto para los que la conocíamos. Los incendios de 2007 fueron terroríficos al diezmar a gran parte del cuadrante suroeste de la isla. Ahora todo se ha centrado en el cuadrante noroeste y se extiende por el centro y el oeste. Seguramente se abogará por relativizar la pérdida que se está produciendo ahora mismo pero el daño es irreparable, infinito. Quienes hayan provocado esto han matado a la isla.

Recuerdo mi viaje de La Aldea a Tafira en bicicleta pasando por el Pinar de Tamadaba. Recuerdo mis subidas por Juncalillo en 2018 para subir hasta 1.600 metros y bajar por Fontanales. Recuerdo mis excursiones con amigos por la Cruz de Tejeda y Tejeda. La niebla, la lluvia a partir de 1.000 metros en junio, el frío, el olor natural a la arboleda… Estampas fallecidas. Mi tristeza se refleja aún más en los momentos que mi memoria guarda y que se han evaporado.

No habrá dinero para recuperar lo que se ha quemado. No hay dinero ni ganas tampoco. Estamos ante la defunción medioambiental de la isla. Ni una sola organización ecologista podrá hacer frente a este desastre. Ni un solo gobierno establecerá ayudas para mitigar todo el cataclismo. Es inasumible, inabarcable. Es el holocausto medioambiental de la tercera isla canaria en extensión.

Debo decir que conozco a personas que están ayudando a los demás actualmente con camas para acoger a los desalojados y eso conforta. El pueblo canario es muy solidario y humanitario. Sin embargo, a pesar de esa noticia positiva, una parte de mi alma se ha resquebrajado y lo siento profundamente.

Por último, el ser humano es el mayor parásito y virus que ha pasado por este planeta y hasta que no quede un bosque sin arder o talar, o un océano sin arrasar, no se parará. Las distopías son el futuro.

Posdata: no soy capaz de mostrar ni una imagen de Gran Canaria de un tiempo mejor. Estoy apesadumbrado.

Circo del siglo XXI


Canciones, corrida de toros falsa, payasos y acróbatas. Con todo eso, las noches de verano se pasan mejor. En el centro de España hay circos itinerantes que llenan cada noche unas 300 butacas.

IMG_20190712_234845.jpg

 


Mi pregunta es: cuando otra persona se quiere sentar sobre tus pies, ¿cómo reaccionas?


Todos los días haciendo un recorrido llano de 10 km. en coche para atender al huerto. Hasta dos veces haciendo ese trayecto.

Hoy cogió la bicicleta y en 30 minutos o menos llegó a su destino. 20 km. de sostenibilidad.

Si a eso añadimos los 43 árboles plantados en las inmediaciones, doble valor a un ecologismo que poco a poco entrará en nosotros y que tratará de mitigar este tipo de situaciones.

IMG_20190627_072008


Sigo sorprendiéndome por las recurrentes olas de calor y las críticas a cualquier medida gubernamental que pretende limitar (hasta cierto punto) el calentamiento global.

Por mucho que se tomen acciones en nuestro hogar, en nuestra vecindad o en nuestro pueblo, el cambio climático va más allá y no solamente me sorprenden la mentalidad capitalista que solo piensa en el crecimiento exacerbado (y no en el decrecimiento como punto a recurrir en el futuro) sino también las valoraciones parciales contra programas como ‘Madrid central’, que es un oasis diminuto en medio de un desierto extremo.

Cambiar el clima es un trabajo de todos y todo el sistema capitalista nos ha movido hacia consumir plástico, tejidos sintéticos o coches diesel trucados en sus emisiones. Por mucho que queramos aportar nuestro granito de arena, primero las alternativas deberían venir por limitar la contaminación a través de la energía global y después nos centraríamos en cómo bajar la polución de nuestro transporte o consumo interno. Aun así, vamos 25 años retrasados y solo algunas evidencias eventuales en la anterior década nos mostraron que lo que ahora vivimos y sufrimos no es más que la dejadez anterior.

Dicho lo cual, y tras ver en el cine “La última lección” que es una crítica muy negativa hacia nuestra batalla perdida en materias medioambientales y que nos lleva al desastre absoluto, ¿realmente nos queda alguna esperanza sobre nuestra vida en este planeta donde los países en vías de desarrollo seguirán creciendo sin control y con peores condiciones sociales auspiciadas por las primeras potencias? Todo irá a peor, todo. Los peores vaticinios nos esperan tranquilamente sobre un sofá mientras que creamos más carreteras, cortamos más árboles, producimos más plástico e inventamos más caminos con impacto ambiental.

Estamos ante una calle sin salida cuyas vías de escape nos devuelven al principio de la vía. El consumismo y el capitalismo, garantes del crecimiento económico y de la mejora de algunos ciudadanos, nos han atado y la llave está muy lejos de nuestro alcance.


He intentado analizar detenidamente el último disco de Bruce Springsteen llamado ‘Western stars’ porque me costó aceptarlo. En todas las escuchas no he conseguido más que placer a ratos ejemplificado en un solo de violín intermedio en ‘Stones’, en algunos cambios de tonalidad de Bruce y en algún subidón entre un ejército de cuerdas sinfónicas. Expresar que este disco es un fiasco sería descabellado, pero tampoco nos encontramos ante una creatividad exagerada que posicione a Bruce en un punto más original de su carrera. Aun así, ¿qué esperamos? ¿Rabia contenida durante cinco años que sale sola en 2019? ¿Un estilo de cantautor de armónica y guitarra acústica a los 69 años? ¿Canciones desenfadadas para alegrarnos el día? ¿Canciones protesta contra alguien en especial? De esas preguntas apenas salen unos apuntes suaves de diversión, algo de cantautor y un pop ya escuchado en la época de 2008-2009. El disco trata sobre hallarse conduciendo solo en el desierto con la ventanilla bajada ante un ilimitado panorama desolador. La definición que Bruce busca no llega a destacar y por eso el resultado queda más insignificante de lo que nos gustaría. Todavía no he encontrado una respuesta a esta pregunta: ¿qué repercusión esperaba Bruce en su audiencia con ‘Western stars’? ¿Ninguna?

bruce-springsteen-western-stars-1200x1200

Bruce impresionó al comienzo de su carrera con composiciones largas, solos variados y sinfonías rock. El mundo pop y radiofónico retiró esas secuencias de la radio y Bruce compuso gran parte de sus éxitos desde 1978 con una simplicidad excepcional la cual fue degenerando en melodías pesadas en varios cortes de este siglo (aún resuenan ‘The fuse’, ‘Let’s be friends’, ‘Harry’s place’, ‘Down in the hole’, ‘Rocky ground’, ‘Easy money’…). ¿Cuánta pesadez hay en el último disco? Bastante más de lo que me gustaría. Dos principales melodías o conjunto de acordes y repetición hasta que uno dice ‘basta’. ‘Hitch hikin’, ‘The wayfarer’, la repetición del estribillo cansino de ‘There goes my miracle’ y ‘Drive fast’ se llevan la mención especial a ese tedio que inspira un trozo del álbum, sin olvidar la recurrente melodía de ‘Your own worst enemy’ en ‘Chasin’ wild horses’, como así ocurrió con ‘Mary Mary’ y ‘Leah’. Muchos años en el mercado y no todos los temas son redondos… Es ley de vida, es comprensible pero, ¿por qué publicarlos?

Por suerte, estamos hablando de Bruce Springsteen, y aunque hay un corte a medio camino entre la contención y el olvido inmediato (‘Tucson train’), también se pueden sacar melodías preciosas y un sentimiento que emerge desde lo más profundo. Su voz resquebrajada y no siempre redonda nos lleva por momentos reseñables como la creciente ‘Western stars’, la escueta y sin alardes ‘Sleepy Joe’s cafe’, la bella ‘Sundown’ y la confesión preciosista en ‘Moonlight hotel’. Y por último, como nota sobresaliente, él nos regala la extremadamente corta y majestuosa ‘Somewhere North of Nashville’, la obra más intensa llamada ‘Stones’ y el ‘Everybody’s talking’ mejorado por Bruce en ‘Hello sunshine’.

En conclusión, disco definido, que nos deja en un punto de indefinición sobre lo que Bruce es y será. No se aleja del ‘Devil’s and dust’ ni del pop más tranquilo de ‘Magic’ y ‘Working on a dream’, mientras que cuesta encontrar semejanzas con ‘Wrecking ball’ y ‘High hopes’. Por ello, más allá de su estado de ánimo, Bruce sacó un disco para que varios temas viesen la luz, pero la pregunta era si realmente merecían tanto la pena como para cumplir con sus expectativas y las de sus aficionados. ‘Disco en 2020 con la E Street Band’, ese fue el mensaje más interesante que se ha escuchado en los últimos tiempos y ojalá se cumpla porque hay un vacío que ‘Western stars’ no llena y que a lo mejor no preocupa a Bruce en absoluto porque ha dominado el panorama musical del pop/rock durante la década de los 70 hasta los 80, y desde 1999 hasta 2016.

Nube de etiquetas